Editorial: Un cambio de ciclo

El segundo número de La Hiedra llega en un cambio de ciclo del panorama político internacional, marcado por una nueva fase de la crisis económica mundial y por un auge de la resistencia a sus efectos y las políticas de austeridad. A través del mundo entero estamos viendo estadillos de luchas de todo tipo, desde los disturbios sociales de Londres, la huelga general de Italia y la intensificación de las huelgas en el Egipto revolucionario, que suponen un fuerte rechazo a las cada vez peores condiciones de la gente.

La lógica del propio sistema capitalista ha conducido a la situación actual de estancamiento global y deuda masiva, con la crisis de la eurozona en el centro. Mientras los capitalistas le echan la culpa a algunos irresponsables del sector financiero, cada vez resulta más obvio que las raíces vienen del corazón del sistema. Como destacan Diego Mendoza y Joel Sans en su artículo, la crisis económica actual proviene de la continuación de la crisis de rentabilidad de los años 70, cuando se optó por sostener la economía con la deuda extensiva que contribuyó a agrandar la crisis actual. Los principales Estados del mundo siguen preconizando el neoliberalismo como la única salida, mientras intervienen continuamente en sus economías según los intereses del capital y los bancos a expensas de la mayoría de la población.

La clase dirigente internacional se está quedando sin remedios ante la profundización de la crisis y el fracaso total de su solución: la austeridad brutal. Machacar los derechos sociales, laborales y políticos de la gente no ha funcionado. Los rescates y la imposición de austeridad en Grecia, Irlanda y Portugal no han resuelto los graves problemas de deuda masiva de la periferia europea, sino que han empeorado la situación, empujando a Grecia al borde de su expulsión de la eurozona. Ahora las economías de Italia y el Estado español han visto como se deterioraban sus calificaciones, amenazando la sostenibilidad de la eurozona entera. Los ficticios “brotes verdes” que señalaron algunos políticos ya se han muerto definitivamente y la precariedad laboral, el desempleo y la pobreza siguen empeorando. De hecho nos encontramos ante la posibilidad de una segunda recesión o incluso de una depresión.

Esto ha conllevado una profunda crisis política global. La hegemonía global de EEUU está disminuyendo. Aparecen divisiones entre las elites europeas y dentro de las clases dirigentes de cada país. Además, la socialdemocracia ha sido incapaz de proponer una salida de la crisis que no consista en dinamitar nuestros derechos sociales y económicos. El PSOE por ejemplo dejó claro su apoyo total a la austeridad de la “troika” con la vergonzosa reforma vía exprés de la Constitución para poner límites al déficit, acelerando la desilusión de su base electoral.

Pero la gente de abajo no se ha quedado callada y quieta ante el intento universal de hacerle pagar la crisis de los ricos; todo lo contrario. Ha habido una explosión internacional de luchas masivas contra las lamentables condiciones de vida y la cada vez más patente hipocresía de lo que llaman democracia y no lo es. Las revoluciones de Túnez y Egipto que marcaron el comienzo del auge de la resistencia en enero de 2011 han continuado con protestas y huelgas de masas durante todo el año. Sobre todo en Egipto, las movilizaciones combinan la lucha por una democracia real con la lucha por un trabajo y una vida dignos. Como destacamos en la reseña del nuevo folleto sobre la revolución egipcia, estas luchas suponen una auténtica amenaza para el capitalismo y el imperialismo. Han devuelto la palabra “revolución” al vocabulario cotidiano de la gente y a la agenda internacional.

La oleada de resistencias se ha materializado en las numerosas huelgas generales y manifestaciones de Grecia, reforzadas por más de 300 ocupaciones de universidades contra la privatización; en los disturbios contra el racismo y la crisis en Gran Bretaña; en las huelgas generales de Italia y Chile…Mientras el capitalismo enferma cada vez más, la gente normal está más dispuesta a levantarse para defender sus derechos, con unas luchas multitudinarias y una radicalización ideológica que no se veía desde los años 60 y 70.

En el Estado español el cambio de ciclo viene marcado por el movimiento 15-M (M15M) que ha transformado completamente el escenario político, politizando y movilizando a una capa muy amplia de la sociedad. El movimiento ha expresado y conectado con el vasto descontento social que llevaba años fermentando debido a la crisis y la respuesta neoliberal del gobierno: las reformas laborales, el pensionazo, la reforma de la Constitución… Como Ana Villaverde explica en este número, el M15M representa un rechazo absoluto al sistema político oficial, planteando en la práctica la alternativa de la democracia directa. Tras meses de acciones contundentes y creativas, la paralización de numerosos desahucios y manifestaciones multitudinarias, el movimiento es un referente establecido en el escenario político actual, que sale en los medios casi a diario. Además, ha radicalizado a otros sectores indignados de la sociedad, dando un impulso a las luchas laborales y sociales en los hospitales de Catalunya o en los institutos de
Madrid, donde se ha desatado una huelga de tres días a finales de septiembre. La presión de las asambleas de profesores ha conseguido obligar a CCOO y UGT a mostrar apoyo para el movimiento y a convocar los paros que se pedían para no perder credibilidad frente a sus bases. El ejemplo de esta huelga puede ser muy importante para romper con el pesimismo dentro del movimiento de los trabajadores.

Ante la ronda de recortes sociales brutales en educación y sanidad o la reforma de la Constitución, el movimiento afronta el reto de desarrollar una estrategia eficaz. Las cuestiones de cómo avanzar, cómo generar un cambio social y cómo relacionarnos con las organizaciones y los sindicatos suponen debates claves. El contenido de esta revista pretende desarrollar estos y otros temas en el debate sobre el M15M, con colaboraciones desde diversos sectores del movimiento, para ir orientándonos en la lucha y maximizar la posibilidad de conseguir nuestras demandas y la realización de una democracia de verdad.

Como se destaca en los varios artículos sobre el M15M, la clave para aumentar la presión sobre los políticos hasta parar el neoliberalismo será extender el espíritu luchador del movimiento desde las plazas y las calles a los centros de trabajo. La gente trabajadora está presente en las asambleas y movilizaciones y hace falta que use su poder económico. Parar de trabajar en fábricas, tiendas y oficinas paraliza el sistema, corta los beneficios de los capitalistas y tiene el potencial de conseguir cambios profundos. En varias ciudades el M15M ya tiene una comisión de huelga y será importante generalizar esta orientación hacia la clase trabajadora.

En este contexto la izquierda radical tiene un papel clave. El M15M ha generado un espacio fértil para sembrar las ideas revolucionarias en un contexto de inestabilidad política y económica. La organización revolucionaria es una herramienta crucial para ir radicalizando el movimiento hacia victorias contra el capitalismo. En ese proyecto la prensa revolucionaria es imprescindible para difundir un análisis de su crisis, las perspectivas anticapitalistas y tácticas eficaces para el movimiento, además del aprendizaje de nuestra larga historia de luchas revolucionarias. Una de estas experiencias fue la Revolución Rusa de 1905 en la que, como analiza Manel Ros, hubo experiencias de las que aprender, como el surgimiento de una nueva forma de democracia directa o las políticas de la huelga de masas.

En su artículo, Luis Zhu remarca la importancia de los formatos tradicionales de prensa revolucionaria —como el periódico En Lucha / En Lluita —, y pone en contexto su papel en la época de las redes sociales por internet.

La amenaza de una victoria del PP en las elecciones del 20-N hace que todos estos retos, tanto para la izquierda radical como para el M15M, sean más urgentes. Una victoria de la derecha significaría el aumento de la velocidad y profundidad de los recortes y el compromiso aún más estrecho con el dogma neoliberal. Esa ofensiva no solo ocurre contra nuestros derechos económicos sino también a nivel ideológico. Supone un giro hacia el racismo, la islamofobia, el machismo, la homofobia y todas las demás divisiones sociales que les interesa alimentar durante épocas de crisis. Regina Martínez desarrolla un análisis del nuevo sexismo que normaliza la mercantilización del cuerpo de la mujer, mientras se exige que sigamos cumpliendo los roles tradicionales de buena cuidadora y trabajadora. La victoria de la derecha refuerza “los valores familiares” con la mujer relegada al hogar, fortaleciendo las condiciones para la extensión de ideas sexistas como la prohibición del aborto, así como ideas homófobas contra parejas y familias homosexuales. En otro artículo, Neus Roca explica lo poco que se ha avanzado en la cuestión de la memoria histórica y los temas que aún quedan fuera. Se trata de una cuestión aún susceptible de empeorar con el probable futuro gobierno de derechas.

Ya hemos visto cómo la clase dirigente se aprovecha de las divisiones sociales para eludir su propia responsabilidad en la crisis económica y social y en las políticas que está llevando a cabo. Y al fomentar estas diferenciaciones, se abre el camino a la extrema derecha, como mostró en las elecciones catalanas el crecimiento del partido xenófobo Plataforma per Catalunya. En Noruega se percibió con nitidez la amenaza real que supone el fascismo para la sociedad y la democracia. La reseña del libro “No pasarán… aunque lleven trajes” en este número destaca este peligro. Y el pasado nos muestra que si nuestras clases dirigentes ven su poder suficientemente amenazado desde abajo, no dudarán en utilizar el fascismo para mantener el sistema y recuperar el control, aunque sea bajo una dictadura brutal.

En esta tesitura, hay un gran reto en consolidar la organización del M15M frente a quienes quieren que sigamos pagando su crisis. La izquierda anticapitalista ya ha jugado un papel importante desarrollando la coordinación y extensión del movimiento a nivel estatal. Siguiendo en esta línea, destaca la posibilidad de utilizar el 20-N para concretar una alternativa política en las urnas, que sirva de vértice para juntar las organizaciones y activistas de la izquierda combativa.

Esto no significa tener ilusiones en la posibilidad de cambiar la sociedad en base a reformas parlamentarias, sino utilizar las elecciones como una plataforma para conectar con una audiencia masiva, denunciar al propio sistema político y señalar las calles y centros de trabajo como los verdaderos sitios donde luchar y construir la democracia. La mayoría del electorado de izquierdas (muchos de los cuales votan al PSOE) simpatizan con el M15M, con lo que hay que radicalizarlos hacia la movilización. El M15M puede volver a tener un impacto para las elecciones del 20-N. La posible organización de un referéndum popular el mismo día sobre la reforma de la Constitución y otras cuestiones señalaría la falta de democracia en el sistema actual, introduciría nuestras demandas en el debate público y atraería a más gente al movimiento. Hay mucho trabajo por hacer, pero por primera vez en décadas, existe un movimiento de masas con ganas de cambiar la sociedad.

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Esta entrada fue publicada en Otoño 2011 y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

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