El futuro del 15-M, a debate

El Movimiento 15-M sigue movilizando a grandes capas de la población y marcando la agenda política y mediática. Su importancia la ha reconocido hasta sus máximos adversarios. No obstante, también existen incógnitas sobre su futuro y debates sobre cuáles deberían ser sus próximos pasos, los obstáculos que encontrará y sus estrategias a largo plazo. Hemos invitado a varios activistas del movimiento a compartir su punto de vista. Estas aportaciones no pretenden concluir el debate sino animar a que se profundice.

Observatorio Metropolitano

“La respuesta sólo puede ser, cuando menos, europea”

¿Qué ha conseguido el 15M hasta hoy? Mucho, desde luego. El monopolio de la representación en manos de la clase política ha quedado quebrado por la irrupción de un ejercicio de democracia ciudadana que desde el “No nos representan” se ha derramado en multitud de procesos asamblearios. La cultura del consenso que desde la Transición ha servido al chantaje sobre cualquier movimiento de oposición que vaya más allá de los cauces instituidos ha quedado también definitivamente rota por un movimiento que entre sus muchas virtudes tiene la de proclamarse como un poder constituyente con derecho a cuestionar y replantear directamente todo. No por otra razón, la clase política reacciona torpemente ante los avances del movimiento, en una mezcla que parte siempre de la confusión y se mueve a medias entre el guiño oportunista y la represión pura y dura

A pesar de los éxitos de estos meses, los retos que enfrentamos son, no obstante, enormes. Las élites europeas han apostado todas sus cartas al beneficio financiero, y de esta forma han certificado una economía política contraria a la recuperación y al crecimiento. Lo que algunos todavía llaman “economía real” (la producción de bienes y servicios, el empleo, etc.) ha sido sacrificado en la pila de ofrendas a los acreedores. Traducido en términos políticos, esto quiere decir que en la alternativa entre salvar a los bancos o salvar a la economía, se ha apostado exclusivamente por lo primero. La primera lección, pues, para el movimiento, es que la crisis económica seguirá traduciéndose en más paro, menos recursos, más privatizaciones.

El segundo elemento que tendrá que afrontar el 15M, es que la coyuntura política viene marcada por la ausencia de cualquier solución reformista que parta «desde arriba». La enorme paradoja de nuestro tiempo es que no hay espacio para la reforma. ¿Qué canales de integración existen hoy para las demandas del movimiento? ¿Que políticos, expertos o empresarios se atreven a barajar en estos meses nada que siquiera se parezca a lo que en otro tiempo fue el New Deal o el Estado del Bienestar europeo?

En términos económicos, esta ausencia de iniciativa e imaginación tiene consecuencias brutales: el camino de la acumulación, sólo se puede seguir por la vía de la depredación de las mayorías sociales y del gasto social. Como antes en los países del Sur, la contradicción de poner por delante el pago a los acreedores (a los grandes bancos que hoy detentan la deuda europea) es que ésta redunda en una mayor depresión económica. Que este sencillo dilema resulte tan difícil de entender a las élites españolas y europeas denota no sólo su falta de inteligencia, sino su increíble espíritu suicida.

Pero si se acepta que vivimos en una suerte de capitalismo que se ha vuelto contra sí mismo, se entiende también que la altura del reto resulta gigantesca. Y quizás insuperable, si el movimiento se concibe a escala de un solo país. En ningún momento ha sido quizás más cierto el viejo adagio de los “límites de la revolución en un sólo país”. En una crisis, que se desencadena, se desenvuelve y se gestiona a escala global, en la que sus principales agentes son grandes corporaciones globales, la respuesta sólo puede ser cuando menos europea. La principal urgencia del emergente movimiento europeo sigue estando en el llamamiento: Peoples of Europe, rise up!

Ver: www.observatoriometropolitano.org

Miren Etxezarreta – Seminari d’Economia Crítica Taifa

“Pasar de la rabia y la frustración al análisis”

No me gusta comentar sobre el 15-M porque da la impresión que todo el mundo puede ahora disertar sobre el movimiento y exigirle todo lo que le parezca. Nos erigimos en jueces de una dinámica que justo nace y nos sentimos capaces de requerirle una madurez y que visualice y proponga un futuro que movimientos de trayectoria mucho más larga distan mucho de presentar. Ha sido capaz de desencadenar una dinámica que nadie esperaba. Ya se desarrollará, o no, pero es su dinámica. Pretendemos que un movimiento social que emerge con unos planteamientos de amplia participación tenga un proyecto social totalmente elaborado (¿como si fuera un partido que establece un plan cerrado y completo?). Dejemos que el 15-M siga su propia dinámica y no queramos que el mismo avance como nosotros deseamos, o preveamos su hundimiento si no transcurre por los cauces que nos gustarían. Creo que lo primero que el 15-M puede pedir es que se le deje en paz para que pueda ir evolucionando según sus propias fuerzas, circunstancias y la evolución de la sociedad.

Poco más debería decir para ser lógica. Pero puedo señalar alguna cosa que a mi me parece que sería de interés para cualquier proyecto de transformación social, no sólo del 15-M.

Creo que no se podrá transformar la sociedad, si no se logra una amplia alianza entre los movimientos sociales y los trabajadores, como trabajadores en su centro de trabajo. Creo que avanzar hacia una conjunción de ambas fuerzas es una línea de desarrollo imprescindible. Y todavía me parece que no se plantea con el empuje necesario.

La manera de avanzar conjuntamente no puede ser otra que la acción en la diversidad. Es preciso aprender a trabajar juntos, con objetivos inmediatos comunes, pero con una posibilidad de enfoques ideológicos diversos dentro de un enfoque común de transformación.

Y estaría bien también tratar de entender lo que pasa. Para progresar sería útil apoyarse en una teoría. Pasar de la rabia y frustración al análisis. Entender lo que pasa, y por qué pasa, para poder luchar contra ello. Las teorías son necesarias. No en el sentido rígido y paralizante de muchas ocasiones, sino como una línea de reflexión que guíe la acción.

Una acción que no sólo avanzará por donde desee, sino por donde pueda conquistar su espacio. Encontrará todo tipo de obstáculos. No hay transformación social sin lucha. Si el 15-M logra seguir avanzando los poderes fácticos que ahora les contemplan con cierto temor, pero sin grandes alarmas atacarán duro. Hay que prever el endurecimiento del ataque del poder. No sólo con la policía sino por otros medios más sutiles y peligrosos. Y también hay que contar con los obstáculos que puedan plantear quienes ya existen y se sienten amenazados por los recién llegados, aquellos que se quieren arrogar la sabiduría de saber lo que los demás deberían hacer.

Me parecen aspectos que podrían ser de interés. Pero sólo a sus participantes les corresponde decidir por donde y como querrían avanzar. Y cómo pueden luchar por su avance.

Esther Vivas – Izquierda Anticapitalista

“Articular la crítica al actual modelo con las luchas contra los recortes”

Para avanzar el movimiento a partir de ahora creo que es importante reforzar su arraigo territorial: potenciar las asambleas locales y establecer mecanismos de coordinación estables. También es necesario construir lazos con la clase trabajadora, los sectores en lucha y el sindicalismo combativo, y mantener así la presión sobre los sindicatos mayoritarios, desconcertados por un cambio en el panorama político y social que no preveían. El reto es trasladar la indignación a los centros de trabajo, donde aún predomina el miedo y la resignación.

La internacionalización del movimiento es otro reto importante para su avance. La preparación de la jornada del 15 de octubre, como fecha unificadora de movilización, buscando además convertirla en un día de acción global es un paso en esta dirección.

Es necesario combinar el desarrollo de un movimiento generalista, que hace una crítica de conjunto al actual modelo político y económico, con su articulación con las luchas concretas contra los recortes sociales y las políticas que buscan transferir el coste de la crisis a los trabajadores. En este sentido, las ocupaciones de distintos Centros de Atención Primaria (CAPs), las manifestaciones y acampadas frente a hospitales que sufren recortes, etc. indican el camino a seguir.

El movimiento necesita, también, obtener algunas victorias concretas que permitan seguir acumulando fuerzas. Los éxitos obtenidos paralizando varios desahucios son, pese a su carácter defensivo, pequeños triunfos que aportan energía.

Los intentos de criminalización y aislamiento, su cooptación, así como el reto de mantener amplios apoyos sociales son algunos de los principales obstáculos con los que se enfrentará el movimiento.

Estos, pero, no son nuevos. L@s indignad@s han superado con éxito los intentos por criminalizarlos. Su primera victoria fue frente a la Junta Electoral Central que intentó ilegalizar las acampadas. Después vinieron los intentos de desalojo de varias plazas, algunas de ellas con una fuerte represión policial, que no hicieron sino aumentar los apoyos. La acción de bloqueo del Parlament català, el 15 de junio, fue el momento de máxima tensión. Pero se fracasó en la estrategia de aislar al movimiento y las manifestaciones, unos días después, el 19 de junio, en todo el Estado fueron las más masivas desde su inicio.

Otro elemento importante consiste en articular espacios de toma de decisión unitarios y legitimados, y de establecer una agenda de prioriades para los próximos meses. En términos generales uno de los mayores retos que tienen por delante l@s indignad@s es mantener los amplísimos apoyos sociales con los que cuentan y seguir marcando la agenda política del país en un momento donde los ataques a los derechos sociales van a intensificarse aún más y en el que la situación política va a endurecerse.

Xavier Domènech – Historiador

“Alumbrar un mundo nuevo en medio de las cenizas del viejo”

Al principio parecía que la crisis venía a anunciar la derrota del neoliberalismo y el retorno de un neokeynesianismo. Fue una mera ilusión. De hecho, lo que hemos tenido hasta ahora, en el año I y parte del II de la crisis, ha sido sólo un keynesianismo para ricos, en la forma de su salvación con recursos públicos, para pasar a recortar los gastos sociales para asegurar que esa operación es sostenible. Poco tiene que ver esto con la superación de la crisis, de lo que se trata, sin más, es de saber quien se quedará con los recursos todavía disponibles. Esa es la disyuntiva en la que nos movemos, la de saber cómo se distribuye la riqueza, una disyuntiva que plantea de nuevo el problema de la democracia. Entendido este problema dentro de una parte del 15-M como la necesidad de reforzarla para que cumpla con su propia definición: el gobierno del pueblo. Si los menos están expoliando a los más, habrá que reforzar el poder de esos más.

Marx no analizó históricamente sólo la posibilidad de una salida revolucionaría a un agotamiento sistémico, sino también la de la implosión de un sistema. El crecimiento exponencial del capital financiero, desde finales de los años setenta hasta ahora, ha llevado a que la proporción entre capital financiero y capital real fuera, justo antes de la crisis, de 4 a 1. Una realidad que anuncia el mantenimiento sincopado de la crisis, hasta que alguien pague ese diferencial. Pero esto sólo es un aspecto de la crisis. Éste está relacionado con la crisis de modelo productivo, convive con la crisis ecológica y se encuentra también con la posibilidad del colapso energético. Colapsos, agotamientos y dictadura de los mercados que abocan a los movimientos sociales, no sólo a reclamar más democracia, y con ello una distribución más justa de los recursos, sino también a alumbrar un mundo nuevo en medio de las cenizas del viejo.

El problema es que si hace unos meses la pregunta era cómo pasar de indignados a revolucionarios, probablemente la pregunta ahora es cómo no pasar de indignados a desesperados. Las imágenes de Londres nos indican mucho de lo que puede pasar en este sentido. El 15-M surgió en unas circunstancias políticas y sociales muy específicas. Circunstancias que en los próximos meses se van a agudizar a partir de la ampliación de los recortes sociales y el más que probable acceso al gobierno del Partido Popular.

En este marco, los retos son colosales al igual que colosales deben ser las fuerzas puestas en juego en el campo de la resistencia y el desafío. El paso de las plazas a los barrios debería tener como objetivo prioritario sumar a sectores populares crecientes a la movilización; la imbricación de las protestas del 15-M con los colectivos de trabajadores que luchan contra los recortes, ligazón que ya ha empezado a desarrollarse, debería poder densificar el contenido de la protesta hacia los derechos sociales; y, a su vez, la incorporación del movimiento estudiantil en las protestas, debería poder conectarlas con los sectores más jóvenes de la población.

Hay un paso pequeño que va de la indignación a la desesperación, hay otro, más grande y complejo, que va de la resistencia al desafío. Construir ese último paso demanda de muchas fuerzas, recursos y paciencia, y de la posibilidad de pensar un mundo nuevo entremedio del derrumbe del viejo.

Para una versión ampliada de este artículo: http://inicis.blogspot.com/

José Manuel Romarís Cercós – ¡Democracia Real Ya!

“Sin violencia, somos más”

El contexto en que se sitúa la evolución del movimiento es, en primer lugar, de producción de petróleo estancada desde hace años. Hemos tenido más de un siglo de crecimiento exponencial y las reservas existentes no permiten ser demasiado optimistas en cuanto a garantizar el suministro energético del futuro. La imposibilidad de encontrar algún sustituto adecuado para el petróleo y la constante disminución de la Tasa de Retorno Energético de las extracciones nos auguran un panorama bastante sombrío para el crecimiento económico que actualmente está totalmente basado en el consumo energético.

Por otra parte hay que apuntar que el sistema financiero es una auténtica pirámide Ponzi que se desmorona en cuanto frena el crecimiento económico, trasvasando así toda la riqueza de las clases humildes hacia las élites. Quien más tiene es quien acaba saliendo más beneficiado de este tipo de crisis y las clases más humildes son las que acaban siendo más castigadas, como ya lo están siendo ahora con los recortes sociales en algo tan básico como la sanidad y la educación, dos de los pilares básicos del estado de bienestar que tanto ha costado construir.

Debido a todo esto, resulta sencillo predecir que las bancarrotas y la pobreza irán en aumento y por lo tanto podemos estar seguros de que el número de indignados será lo único que crecerá de manera exponencial en un futuro próximo.

En consecuencia, podemos esperar que este movimiento en favor de la justicia social que conocemos como “15-M” tiene y tendrá un gran potencial, siempre y cuando se siga con la actual tendencia de evitar actitudes que pudieran ser explotadas por los medios para criminalizar a los integrantes del movimiento. Como se ha dicho en la calle y en las plazas, “sin violencia somos más” porque el que tiene argumentos no necesita la violencia. Sin embargo, parece ser que partidos políticos, medios de comunicación y las grandes fortunas están muy interesadas en enfrentar a la sociedad para que esta no mire hacia arriba, hacia los responsables de la actual situación. Si la sociedad acaba dejándose llevar se podría llegar a una dramática polarización de la sociedad dando pie al crecimiento de movimientos ultraderechistas que fomentaría la respuesta irracional ante esta crisis ineludible.

Espero que no volvamos a cometer los errores del pasado y que esta sociedad no acabe estrellándose contra el muro de los mercados.

Pere Duran activista del movimiento 15-M y militante de En Lluita

“Parar la producción de beneficios, el corazón del sistema”

El capitalismo actual es un monstruo acéfalo que se devora a si mismo – tal como decía Marx; el propio capitalismo crea las condiciones para su superación. La gestión política neoliberal que intenta resolver la caída de la tasa de beneficios no puede permitirse dar marcha atrás a su proyecto. Cualquier reforma progresista del sistema político o económico es, a día de hoy, prácticamente inasumible por el sistema. Es en este sentido que las reformas que el movimiento defiende, y que el sistema no puede aplicar, pueden desembocar en conclusiones y posturas rupturistas o revolucionarias.

La lógica reforma o revolución tiene hoy en día una relación más concatenada que dicotómica. Pero esta conclusión no se dará de forma automática, no existirá sino hay activistas que defiendan y impulsen una perspectiva rupturista.

Las tareas de aquellos que queremos destruir el sistema capitalista en su conjunto, no solo detener la fase neoliberal, deberían ser dos principalmente: seguir trabajando para hacer aún más amplio y plural el movimiento y, de forma paralela, generar un polo anticapitalista o revolucionario que cohesione y de impulso al discurso y a las prácticas rupturistas; para que estas vayan ganando apoyo dentro del movimiento. No se trata de solapar, ni controlar, ni manipular el movimiento, solo de aportar propuestas y razonamientos que vayan transformando la indignación en una comprensión profunda de las causas de nuestro malestar y en una posición de cambio radical.

El movimiento tiene dos obstáculos principales, el discurso oficial —que naturaliza los ataques sociales como un mal menor inevitable— y la política de hechos consumados con los que el gobierno aplica los recortes —que ningunea la resistencia y puede llegar a frustrar las esperanzas del movimiento—.

El gobierno del Estado español, al igual que la mayoría de sus socios europeos, no cede ante las luchas que se han llevado a cabo. Si el movimiento no encuentra herramientas que tiren atrás algunos recortes es muy probable que las esperanzas y ilusiones vayan deteriorándose con la frustración del paso del tiempo. El movimiento debe empezar a organizarse allí donde creamos y reproducimos el mundo. Para parar el sistema debemos organizarnos donde se crean nuestras cadenas; en nuestro trabajo. Debemos parar la producción de beneficio, este es el corazón del sistema, la generación de plusvalía.

Muchos, y sobretodo los que están sufriendo más duramente las condiciones de la crisis actual, necesitan soluciones y un horizonte factible de cambio social. Si el movimiento no consigue atraerlos y convencerlos, con palabras, pero sobretodo con hechos, muy probablemente la desesperación generada por la precariedad total que se nos avecina va a canalizarse por vías populistas y probablemente de extrema derecha.

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