¿En caída libre? Los desequilibrios globales de la economía

Diego Mendoza Irigoyen y Joel Sans Molas repasan las claves que explican como se ha ido desarrollando la crisis desde la quiebra de Lehman Brothers hasta el contagio de la deuda soberana en la periferia europea.

“A ambos lados del Atlántico se percibe un estancamiento económico que puede costar de nuevo millones de empleos y que proyecta un modelo de crisis similar al de la Gran Depresión: Un crash financiero asociado a desaceleraciones económicas profundas y sostenidas en el tiempo y una recuperación económica plena que se demorará más de un lustro”1.

Así analizaba el editorial de Negocios de El País la situación económica a principios de agosto. Si bien solo hace unos meses los gobiernos hablaban de recuperación, este agosto se han desatado de nuevo las voces de alarma por la profundización de la crisis. Los ataques especulativos que llevaron a la ruina a Grecia, Irlanda y Portugal se trasladaron a Italia y el Estado español. Los Estados Unidos sufrían la primera bajada de la cualificación sobre su deuda en 70 años por parte de la agencia de calificación Standard & Poor’s y las bolsas se desplomaban. Algunos comentaristas calificaban el escenario de momento “pre-Lehman Brothers”.

La clave, en el fondo, es que la economía real se encuentra estancada y decelerando su crecimiento. Si se observa la evolución de las principales economías del mundo, en los seis primeros meses del 2011 ninguna ha crecido de forma significativa (cuadro 1). Incluso la Unión Europea y sus principales motores, Alemania y Francia, han tenido una desaceleración marcada entre el primer y segundo trimestre. Los EEUU se encuentran en un crecimiento cercano al 0%. El Estado español frena su ya tímido crecimiento. Si Japón se encuentra ya en recesión, hay temores de que entren en ella las dos principales economías del mundo, EEUU y la UE.

Después de iniciarse hace ya más de cuatro años, la crisis no solamente no se está resolviendo sino que empeora. En efecto, nos encontramos con una crisis de larga duración que va pasando por distintas fases.

Fases de la crisis actual

La primera fase de la crisis fue entre 2007 y 2009. Se inició con un crack financiero especialmente marcado en septiembre de 2008 con la caída de Lehman Brothers. Solamente la intervención masiva desde los estados, con rescates a entidades financieras y empresas, evitó un colapso total. Este crack conllevó que en 2009 se entrara en una recesión, con la producción mundial bajando por primera vez desde 1945.

La segunda fase, entre mediados de 2009 y de 2011, ha estado marcada por la crisis de la deuda soberana, consecuencia de la bajada de ingresos por la recesión y el enorme gasto de los Estados en la fase anterior. Los ataques especulativos de los inversores internacionales han forzado el rescate de Grecia, Irlanda, Portugal y Grecia otra vez. El repunte del crecimiento desde finales de 2009 fue celebrado ilusoriamente por los gobiernos como la salida de la crisis. Sin embargo, el crecimiento era fruto de los estímulos de los Estados y estaba hinchado al reflejar una recuperación desde el punto mucho más bajo del año anterior, cuando la inversión se frenó de golpe debido al inicial aluvión de la crisis.

Después de los datos de este verano parece que estamos entrando en una tercera fase. La gravedad del momento está marcada por una triple crisis. En primer lugar tenemos la crisis la de la deuda soberana, especialmente marcada en Europa, pero que provoca inestabilidad también en EEUU. En segundo lugar, la crisis bancaria se mantiene, con una paralización del crédito entre entidades. Finalmente, tenemos el ya mencionado declive del crecimiento que posiblemente lleve a la recesión. Sería la temida crisis en forma de doble caída.

Los tres problemas se agravan entre sí. Una nueva quiebra como la de Lehman Brothers sería ahora mucho peor, porqué la masiva inyección de dinero desde los gobiernos (ahora masivamente endeudados) para evitar la caída del sistema bancario ya no se podría repetir. Por otro lado, el marcado endeudamiento de los gobiernos en 2008 y 2009 -asumible si en poco tiempo se volvía a crecer- se hace problemático con el estancamiento actual. Si empieza una nueva recesión el PIB de cada país decrecerá, con lo que el déficit aumentará y el volumen de la deuda se hará más grande en proporción. El efecto de una gran carga de deuda sobre una economía con poco crecimiento sumergió a Japón en una recesión de más de una década después de 1990.

La prolongación de la crisis está creando fisuras en las ideas neoliberales. Sin embargo, se mantiene un consenso sobre el origen de la crisis que afecta a la visión de cómo salir de ella.

Explicaciones sobre la crisis

La explicación dominante ve la crisis solamente como un producto del crecimiento desmesurado de las finanzas. Según esta visión la caída de los juegos especulativos astronómicos en 2007-2008 habría arrastrado al conjunto de la economía hacia abajo. La situación actual de falta de crecimiento sería debida a la inestabilidad creada por el alto endeudamiento de los estados y por un sistema bancario sin capacidad de dar créditos.

Si el origen es el sector financiero, que contaminaría la economía real, la conclusión lógica es que con una mejor regulación se podrían evitar las crisis. Esta argumentación salva al capitalismo como tal del desastre actual.

Hay una parte de la explicación que es correcta. Los grandes problemas de sequía crediticia de los bancos y la deuda de los países significan que las inversiones que se podrían llevar a cabo en los sectores productivos son frenadas por la falta de crédito.

Pero, de hecho, los problemas son mucho más profundos. Para entenderlo debemos remontarnos cuatro décadas atrás.

A mediados de los años 70 hubo un cambio fundamental en el capitalismo. La tasa de beneficios, alta durante todo el boom posterior a la segunda guerra mundial, disminuyó hasta provocar la crisis de los años 70. Desde entonces la tasa de beneficios se ha mantenido en unos niveles bajos, incapaces de provocar una gran expansión económica (la tasa tenía en 1997 la mitad del valor de 19483).

El neoliberalismo ha sido la justificación de las políticas para aumentar la explotación de la clase trabajadora en un período del capitalismo con bajos beneficios, desaceleración del crecimiento y descenso de las inversiones. Es frente a estos problemas de la economía real que se produce la increíble expansión de las finanzas. Una porción importante de la inversión –ante los bajos niveles de beneficios en la economía productiva- se desvió hacia los negocios financieros y especulativos. Ante la pérdida de poder adquisitivo de la clase trabajadora, se incentivó enormemente su endeudamiento para que continuara comprando. El resultado ha sido que la sobredimensión de las finanzas y la economía del endeudamiento ha permitido al capitalismo continuar en movimiento en las últimas tres décadas. Sin embargo, el efecto del endeudamiento ha sido el de enmascarar los problemas en la economía real, aplazar la caída económica, solamente haciendo que cuando estallara en 2007-2008 fuera peor4.

El auge de las finanzas ha sido un producto de los problemas de la economía real. Por esto las dificultades actuales no sólo son de falta de crédito para la inversión. De existir este dinero chocaría con el problema de base: la baja tasa de beneficios. Los empresarios difícilmente invertirán, al prever pocos rendimientos. Por lo tanto no nos encontramos con una crisis exclusivamente financiera sino con una crisis global de la economía producto de las propias contradicciones del capitalismo.

Desequilibrios globales y en la eurozona

La crisis se ha desarrollado en un marco de desequilibrios importantes en la economía mundial, con una división entre países endeudados y países que dan crédito. Es la relación entre EEUU y China5.

Los Estados Unidos compran una gran cantidad de bienes al país asiático, produciendo un déficit en la balanza comercial (importan más de lo que exportan). Este déficit lo cubren pidiendo créditos, principalmente, a la misma China. Ambos países se encuentran encadenados a una complicada relación de rivalidad y de dependencia mutua. China, que posee el 25,7% de la deuda de los EEUU, criticó duramente en agosto este país por su “adicción a la deuda”. Aunque China se ha beneficiado de ello, teme que haya algún momento en que EEUU (con deuda del 100% del PIB), no pueda pagarle o que se produzca una devaluación del dólar que afectaría negativamente a sus reservas en divisas.

A menor escala es también lo que sucede dentro de Europa entre Alemania y los países periféricos. Alemania es un gran exportador, sobre todo a países europeos. El superávit que consigue con las exportaciones lo ha prestado a los países del sur de Europa, que acumulan importantes deudas. Estos países, dada su posición periférica, desarrollaron aún más el crecimiento basado en el endeudamiento público o privado. Con el estallido de la crisis el endeudamiento público ha aumentado produciendo la crisis de la deuda soberana en Grecia, Irlanda, Portugal (y cada vez más, Italia y el Estado español)

Esta crisis interactúa con la crisis bancaria, con una banca europea que necesitaría según el FMI una inyección de 200.000 millones de euros. Gran parte de la deuda soberana ha estado financiada por los bancos de Alemania, Francia y Holanda. Un impago de los países del sur sería un agujero negro con consecuencias muy negativas para los bancos y países prestamistas.

En los cuatro rescates vividos no se ha tenido como objetivo principal salvar los países sino los bancos poseedores de deuda. Pero, pese a los rescates, la crisis de la deuda soberana en Europa no deja de empeorar. Grecia necesitó en julio un segundo rescate de 109.000 millones de euros. Aunque las condiciones financieras fueron un poco mejores respecto del primero (con un impago parcial y mejores tipos de interés6) las medidas de austeridad exigidas por la comisión europea y el FMI van a castigar de nuevo la economía y la población griegas. El déficit, pese a los drásticos recortes, permanece anclado a un elevado 10% y hace aumentar la astronómica deuda pública (del 142,9%). El desplome del PIB del 4,5% en 2010 sólo hace crecer la proporción de la deuda. El país helénico ha entrado en un espiral descendiente de difícil salida y ya se apunta que el segundo rescate no evitará la posibilidad de una quiebra. De producirse tendría un impacto mucho mayor que la caída de Lehman Brothers.

Inseridos en una dinámica similar, es posible que un segundo rescate se tenga que terminar aplicando también a Irlanda y Portugal.

Último capítulo: Italia y Estado español

Este verano hemos visto una nueva fase de ataques especulativos. La prima de riesgo del Estado español que se encontraba en junio en 250 puntos escaló en solo cinco semanas a un máximo de 418 puntos a principios de agosto. La italiana pasó de los 200 puntos a superar también los 400. Esto hizo temer que se alcanzara un punto de no retorno (al que llegaron Grecia, Irlanda o Portugal) que habría podido llevar a un rescate ingestionable. Sólo cayeron las primas después de la intervención tardía del BCE comprando bonos por valor de 22.000 millones de euros. Pero a mediados de septiembre las primas de riesgo cruzaban de nuevo los 360 puntos, muy por encima de la tónica general de los dos últimos años.

Que los ataques estén afectando la tercera y cuarta economía de la eurozona (Italia y el Estado español) muestran la dimensión del desastre. Italia, que lleva la peor parte, tiene una deuda del 120% del PIB, el tercer mayor volumen de deuda del mundo detrás de EEUU y Japón, con lo que no es sostenible tener que pagar unos tipos de interés mucho más altos.

Si bien el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) duplicó su fondo hasta 440.000 millones, esta cuantía sería insuficiente si hubiera que rescatar al Estado español o Italia.

La crisis de la deuda soberana está llevando a una crisis de la eurozona de contornos inciertos. La UE está reaccionando muy lentamente a los problemas, fruto de intereses estatales dispares y de la tensión centro-periferia. Alemania ha recelado de comprar deuda a los países en problemas y de crear eurobonos, mecanismos que pararían en parte los ataques especulativos. Esto es porque implicaría hacerse cargo del coste de las deudas, lo que muestra que la política de Alemania está destinada a proteger el conjunto de la economía alemana y no solamente el sector financiero.

El segundo rescate de Grecia, acordado en julio, a principios de setiembre aún no había sido ratificado por todos los estados europeos, con Finlandia y Austria pidiendo garantías por el dinero que van a prestar a Grecia. Otras medidas acordadas en la reunión europea del 21 de julio están tardando en llevarse a la práctica. Vemos como la ausencia de soluciones ante la acentuación de la crisis está llevando a una parálisis política. Solamente tras cada perspectiva de hundimiento la UE se dota de nuevos mecanismos que supuestamente solucionarán los problemas. Con ellos se subordinan más aún las políticas del conjunto de países a los grandes poderes económicos y se radicalizan las medidas de austeridad y recortes.

Modelo de austeridad y exportaciones

Las políticas de austeridad no solamente tienen como objetivo reducir los déficits y deudas de los países. Forman parte de una estrategia de los gobiernos para reducir salarios, ser más competitivos transfiriendo rentas de los trabajadores a las empresas y orientar las economías hacia las exportaciones. Es el modelo que ha propulsado el crecimiento económico de Alemania de la última década, gracias a conseguir disminuir los salarios reales muy por delante del resto de países europeos, y es el modelo que se intenta generalizar en toda Europa.

De hecho, las mayores economías del mundo buscan una salida a la crisis sobre la base de las exportaciones: la UE (siguiendo el modelo Alemán), EEUU y China. Sin embargo, hay una contradicción importante. Si todos bajan los salarios para ser más competitivos y exportar… ¿Quién va a comprar los productos? China -y el resto de países emergentes que más están creciendo- exporta principalmente a Europa y los EEUU, zonas marcadas por la austeridad. Y Alemania exporta en grandes proporciones a los países del sur de Europa, que están sufriendo los peores ataques sociales.

La aceleración brusca de las políticas de austeridad que estamos viviendo en Europa no tiene precedentes en las últimas tres décadas de neoliberalismo. Estas políticas conllevan frenar la inversión pública y, al hacer ataques sociales, disminuir la capacidad de comprar de la clase trabajadora. Esto está produciendo la desaceleración de la economía real, llevándola en dirección a la recesión.

Las ideas neoliberales no permiten salir de la crisis, sino que la están profundizando. Sin embargo, continúan siendo la guía dominante también en el Estado español.

La economía española en crisis

Para entender la situación actual del Estado español es preciso hacer una breve introducción del origen de su modelo económico actual. Este modelo proviene de la modificación del modelo franquista de los años 50, basado en el turismo norte-europeo y la propiedad privada de la vivienda, así como en atraer inversiones industriales extranjeras con bajos salarios y ausencia de derechos laborales. La transición supuso un continuismo con los intereses económicos del franquismo y los sucesivos gobiernos de la democracia, tanto del PSOE como del PP, no solo no mostraron voluntad alguna por cambiar dicho modelo sino que profundizaron en esta especialización. Se dio un descenso en la tasa de beneficios en el Estado español desde principios de los años 60 hasta el inicio de los años 80. Durante los años 80 hubo una recuperación parcial pero se volvió a dar una nueva caída a inicios de los años 908. Las recesiones de los años 80 y 90 conllevaron la destrucción de parte de la industria productiva y la salida se encontró recurriendo a las políticas neoliberales de recortes e incentivando el endeudamiento.

Paralelamente, la entrada en la Comunidad Económica Europea supuso el desmantelamiento de gran parte de la industria del país y comportó un aumento de la deuda externa con las economías europeas más avanzadas. La firma del tratado de Maastricht dio lugar a una política macroeconómica cada vez más dictada por Europa, que en el Estado español supuso la reducción del gasto público, el control de la inflación y la desregulación del mercado laboral. La creación de la moneda única, el Euro, redujo aún más el margen de maniobra de la economía española9.

Todo ello nos lleva a la situación económica actual del estado español, cargada de problemas y debilidades.

Problemas de la economía financiera

El Gobierno del PSOE ha insistido continuamente en que la deuda pública no es muy elevada. Si bien esto es cierto, obvia la existencia una de las deudas privadas más importantes del mundo. A raíz de las políticas mencionadas, y a diferencia de otros países europeos que también tiene problemas de endeudamiento, la deuda privada es uno de los factores desestabilizadores más problemáticos, situándose alrededor del 330% del PIB. Desde los años 90 y hasta la llegada de la crisis mundial de 2007 el creciente déficit público fue trasladado al sector (tanto a particulares como empresas) por medio de una gran expansión del crédito y un aumento del consumo doméstico, permaneciendo oculto tras la burbuja inmobiliaria. Los créditos permitían no solo la compra de inmuebles por parte de particulares sino también la financiación de empresas constructoras e inmobiliarias. El buen funcionamiento del mercado financiero permitió obrar el “milagro” del fuerte crecimiento económico con un crecimiento de la productividad no tan elevado propiciando la reducción del desempleo pero incrementando mucho el endeudamiento doméstico. Tanto es así que, pese a que la deuda pública del estado español no es comparativamente demasiado elevada (66’5% del PIB), si a esta le sumamos la deuda privada, la suma supone alrededor del 400% del PIB10. Este volumen de la deuda genera inestabilidad y riesgo de quiebra y conlleva un gran peligro para la UE ya que la economía española es demasiado grande como para ser rescatada con fondos europeos y a su vez demasiado grande para dejarla caer sin más.

Por otra parte la deuda contraída tanto por el Estado como por particulares y empresas en el caso de la economía española proviene en gran medida (52%) de agentes financieros y fondos extranjeros.11 Esta deuda externa representa aproximadamente el 170% del PIB de Estado español12. Todos los estados se ven obligados a buscar financiación en los mercados internacionales, pero en el caso del Estado español (y de otras economías periféricas de la UE) la entrada en la comunidad económica europea y el pacto del euro supuso que esta financiación externa proviniera principalmente de bancos y fondos europeos (mayormente alemanes, franceses e ingleses) con lo que los riesgos que esta comporta pasaron a un segundo plano.

Pero con la llegada de la crisis, y el estallido de la burbuja inmobiliaria, la situación cambió y el miedo al impago por parte de los acreedores se transformó en fuertes presiones de los agentes económicos internacionales (FMI, BM, agencias de calificación…) y sobre todo los europeos (BCE, líderes políticos de las economías europeas más avanzadas…) para asegurar el retorno de sus préstamos. Fue entonces cuando el ejecutivo español decidió subsanar la falta de liquidez de las entidades financieras con riesgo de quiebra llevando a cabo fuertes inyecciones de dinero público (129 mil millones de euros) y obligando a fusionar las Cajas de ahorros con mayores problemas. Estas inyecciones sumadas a la falta de crecimiento de la economía y la explosión de la burbuja inmobiliaria (que ocultaba el déficit estructural del estado) llevaron a las arcas de estado a pasar de una situación de superávit del 1% del PIB en 2005 al déficit actual del 9,3%.

Zapatero argumenta que las inyecciones de dinero público a los bancos no caen en saco roto ya que reportan beneficios al Estado por medio de los intereses que generan. Pero la realidad es que el mismo dinero avalado proviene de créditos europeos a interés más alto. Un negocio redondo para los grandes bancos internacionales que agrava el problema de la deuda.

La crisis de la deuda

La presión de los prestamistas europeos ha hecho que aumenten mucho las presiones sobre los países deudores. Para frenar el aumento de deuda pública, que de aumentar se sumaría a la inestabilidad de la enorme deuda privada, el ejecutivo español ha llevado a cabo en esta legislatura un sinfín de recortes sociales, muchos de ellos encaminados a contentar al BCE quien “pide” a los estados de la UE un déficit máximo del 3% para 2013. El último y tal vez uno de los más graves y evidentes episodios de esta imposición des de arriba de las políticas de austeridad lo hemos visto con la llamada “regla de oro” del déficit apelada por Merkel y Sarkozy. Zapatero, apoyado por el PP, se ha lanzado a cambiar la constitución para incluir en esta una clausula que limite el gasto del estado, las autonomías y los municipios.

Sin duda, el hecho de que los acreedores sean en una importante proporción instituciones financieras extranjeras dentro del marco de la Unión Europea conlleva que los países periféricos se tengan que subordinar a las presiones desde el centro (Alemania y Francia).

Otro problema que esto comporta es la especulación financiera que se vivió en agosto. Los tipos de interés de los bonos españoles llegaron a límites históricos. Este es un problema que empieza a preocupar seriamente a la clase dirigente europea que observa atónita como sus políticas económicas no dan un respiro de más de un par de días a los mercados financieros.

Además encontramos la crisis bancaria. Pese a la reestructuración de bancos y cajas las entidades están concediendo pocos créditos, sus balances no se han terminado y la descapitalización con la crisis se mantiene. Del enorme stock de 700.000 pisos sin vender, los bancos tienen entre 160.000 y 300.00013.

Un alto tipo de crédito para el Estado español también afecta a las entidades privadas, dificultando que fluya la liquidez. De hecho el Estado español es, con Irlanda, el país donde de 2010 a 2011 más disminuyó el volumen de crédito en relación al PIB14.

Como ya sabemos la economía financiera es una herramienta fundamental en el sistema capitalista actual que facilita la circulación de capitales y alarga los ciclos de expansión, pero que descansa sobre unos cimientos cuya integridad es imprescindible: la economía real.

Problemas de la economía real

Ya hemos explicado brevemente cual es el origen del modelo económico español. Pero la salida basada en las finanzas y la especulación tenía fecha de caducidad. El crecimiento especulativo basado en el sector de la construcción se desmoronó junto con el estallido de la burbuja inmobiliaria. El Gobierno no ha podido obviar el peso de este sector a la hora de dejarlo caer y por ello continúa paliando en la medida de lo posible sus pérdidas, como hemos visto últimamente con la reducción del IVA del 8 al 4% en la adquisición de vivienda nueva. Una caída aún más profunda del sector de la construcción se extendería rápidamente por los sectores financieros (acreedores de las constructoras). Pero a su vez existe una fuerte presión de los bancos para evitar la devaluación del precio de la vivienda que comportaría importantes pérdidas económicas para ellos.

Por otra parte en los últimos tiempos parece haber habido un tímido intento de cambiar este modelo económico hacia la dinámica de Alemania, como hemos visto en el incremento de las exportaciones (un 18,5% durante el primer trimestre del año)15. Pero la imposibilidad de devaluar la moneda fruto del pacto del Euro conlleva serias dificultades a la hora de redirigir la economía española a la producción industrial para la exportación.

No obstante, el modelo de crecimiento “clásico” basado en la producción industrial conlleva una dependencia de la demanda internacional, demanda que se encuentra bajo amenaza. Pero hay un agravante más en el caso de la economía española y es la baja demanda interna derivada de la disminución del poder adquisitivo y la escasa inversión interna. La inversión en bienes de equipo cayó un 30% en 2009 y, aunque se recuperó ligeramente en 2010, está bajando otra vez.

El PIB cayó en 2009 un 3,2% y el año pasado cayó un 0,1%. Las predicciones del gobierno de principios de año, del 1’3% para este año, se han ido viendo desmentidas y se augura un crecimiento de tan solo el 0’8%16. Suponiendo que este ritmo de crecimiento se mantuviera (cosa incierta con las previsiones de recesión), harían falta 3 años para llegar a tener el volumen económico de 2008. Con un crecimiento tan débil difícilmente se darán las inversiones (internas y externas) que requieren los sectores productivos españoles para su desarrollo.

Por último, el problema del paro roza límites históricos, con más del 21% de la población activa, la cifra más alta de la Unión Europea (!). Junto con el elevado endeudamiento doméstico es un gran hándicap para la demanda interna y la reactivación económica. Además, parece ser que el desempleo no va a disminuir a corto plazo y se prevé que el mismo sea crónico durante años, problema que se agravaría si se entrara de nuevo en recesión. El paro comporta también un serio malestar social que puede traducirse en conflictividad.

Fisuras en la estructura del estado

Otra peculiaridad del Estado español que influye en las cuestiones económicas es el modelo del estado de las autonomías y la descentralización de la gestión de los recursos públicos. En el Estado español las autonomías y los municipios gestionan una importante cantidad de recursos y tienen competencias fiscales. Por un lado, se produce una multiplicación y fragmentación de los ataques sociales en distintos niveles y ámbitos territoriales que fomenta la dispersión de las respuestas. Por otro, a menudo se generan conflictos de intereses entre los gobiernos autonómicos (quienes defienden los intereses de la burguesía autóctona) y el gobierno central (en línea con las grandes corporaciones económicas estatales).

Con la llegada de la crisis y la austeridad presupuestaria estas tensiones se han visto agravadas. Se ha dado un proceso de aplicación de ajustes presupuestarios de arriba a abajo y una oposición contra estas medidas desde algunos ayuntamientos y gobiernos autonómicos. Pero las presiones contra el gasto de las comunidades vienen incluso de más arriba, des del BCE.

Las comunidades autónomas, que son responsables de una duda del 11% del PIB estatal harán un tijeretazo drástico y comprimido de 5.000 millones hasta final de año17 (en Castilla-La Mancha será del 20% del gasto) con nuevos recortes este otoño y la posible introducción del copago sanitario en algunas zonas. También, el Gobierno central reclamaba 4.379 millones en agosto a ayuntamientos y diputaciones.18 Los ayuntamientos están asfixiados por la deuda y junto con las diputaciones deben 37.352 millones, deudas que provienen fundamentalmente del fracaso del mismo modelo especulativo inmobiliario.

En Catalunya, por ejemplo, los planes de austeridad del presidente Artur Mas han sido contestados por la población con luchas sociales desde la base (desde los hospitales hasta las escuelas públicas) e incluso con oposición desde los ayuntamientos. Esta presión desde abajo ha desbordado al ejecutivo catalán quien ha comenzado a presionar al gobierno central para conseguir el dinero correspondiente al déficit fiscal y quien se opone a las limitaciones del déficit que se le quieren imponer.

Qué nos espera

¿Y cuál ha sido la respuesta del este gobierno supuestamente socialista ante la agenda neoliberal europea? Pues la utilización del keynesianismo hacia el capital y neoliberalismo hacia los trabajadores. Como ya hemos comentado anteriormente Zapatero ha cedido sin demasiados titubeos ante las presiones de los mercados y los poderes económicos europeos. Los recortes sociales, las políticas de “flexi-seguridad”, la reducción de los impuestos y las políticas de transferencia de recursos públicos a entidades privadas junto con alguna tímida reforma en contra de los intereses empresariales (como la reforma farmacéutica) han marcado la agenda económica del gobierno. Pero estas medidas no parecen haber conseguido ni la creación de empleo (siquiera precario) ni el estimulo económico.

Y es que la poca progresividad fiscal del modelo español (como se observa en la disminución desigual del IRPF para las rentas medias con respecto de las más altas, un 2’3% frente al 37’6% desde 1993)19, la disminución del poder adquisitivo de las familias del Estado español y la baja productividad de la economía son problemas estructurales que se suman a los problemas generales de la economía mundial. La austeridad supone menor gasto público, pero también menor capacidad de llevar a cabo medidas de estimulo económico, disminución de la demanda y, en último término, posibilidad de la recesión.

¿Y qué nos queda por delante? Para cumplir con el objetivo de déficit, dentro de la lógica neoliberal del PSOE y el PP, mucha más austeridad. Más difícil será cumplir con este objetivo si se entra en recesión y el volumen de la deuda aumenta en comparación con el PIB del Estado, que estaría entonces disminuyendo. Con la reforma constitucional pactada por los dos grandes partidos para fijar un techo de gasto se hace evidente que la clase dirigente española está dispuesta a llegar hasta donde haga falta para contentar a los grandes poderes económicos, que cada vez reaccionan con mayor escepticismo ante estas medidas.

En agosto y septiembre el Gobierno del PSOE siguió en la línea de poner parches económicos, reduciendo el IVA en la compra de vivienda nueva hasta el final del año y suspendiendo durante 2 años el artículo del Estatuto de los Trabajadores que impide el encadenamiento de contratos temporales por más de dos años. Seguimos pues en la línea de disminuir la recaudación fiscal y precarizar el mercado laboral. Esto tiene como objetivo subir los niveles de explotación de los trabajadores para tratar de incrementar los beneficios empresariales al mismo tiempo que abaratar costes para ser más competitivos a nivel de exportaciones. Se trata pues del modelo neoliberal de los últimos 30 años: ante una baja tasa de beneficios, aumentar la explotación de la clase trabajadora.

Para las elecciones del próximo 20 noviembre el partido socialista va a tener muy difícil alcanzar de nuevo la presidencia debido al gran malestar social que han generado las políticas antisociales de Zapatero y el elevado desempleo existente. La entrada del PP en el gobierno no puede suponer otra cosa que una profundización en las políticas neoliberales con que nos debemos ir preparando para lo peor, como se confirma en las declaraciones de Rajoy de su última biografía en la que pone en el punto de mira la legislación laboral y la negociación colectiva.

Por otro lado, la patronal sigue presionando al gobierno para avanzar en la misma dirección (por ejemplo proponiendo un contrato único con despido de 20 días) y parece ser que el desequilibrio de fuerzas favorece a los empresarios quienes se han llevado la mayor parte del pastel en las negociaciones de los recortes sociales.

Las alternativas: hacia una salida anticapitalista

Después de cuatro años de crisis la clase dirigente no tiene una solución. Sin embargo, continúa agarrándose al neoliberalismo como a un clavo ardiente, solamente para hundirnos más en el desastre. En este escenario es cada vez más importante plantear alternativas desde la izquierda a la salida neoliberal.

Vicenç Navarro, que ha realizado una excelente crítica del neoliberalismo, plantea dos medidas para salir de la crisis: “Una es que el gasto público aumente y llene el vacío que se ha creado en la demanda. (…) La otra medida es crear bancas públicas (…) que garantice la disponibilidad del crédito a pequeños empresarios y a la ciudadanía en general. Tales medidas aumentarían el crecimiento económico que es, por cierto, la mejor manera de reducir el déficit del estado.”20

Estas medidas, conjuntamente con la subida de impuestos a las rentas más altas que también propone Navarro, se deben ver positivamente por la mejora que supondrían para los trabajadores y trabajadoras. Sin embargo, como ya pasó con las medidas keynesianas en el pasado, tendrían límites para conseguir realmente el objetivo del crecimiento económico, debido a la baja tasa de beneficios que bloquea la inversión privada. Aumentar la inversión pública cuando hay un paro de inversión de las empresas es como intentar empujar un coche que tiene el freno de mano puesto.

Pese a las medidas fiscales para aumentar la recaudación, si no hay crecimiento, el aumento del gasto público podría agravar el problema de la deuda y de la inestabilidad financiera.

La alternativa keynesiana tiene muchas dificultades para aplicarse en un sólo estado, dada la creciente internacionalización de la economía y, además, obvia que la crisis está anclada profundamente en los desequilibrios del mismo sistema. Hace falta añadir medidas más radicales que confronten la propia lógica del capitalismo. Aquí solamente apuntamos algunas de ellas.

Una cuestión clave es dejar de pagar la enorme deuda externa a manos de los inversores extranjeros, que son los que están especulando con las cotizaciones de los bonos del Estado. El impago de la deuda supondría dejar de depender de las presiones de los inversores y de los poderes europeos para hacer más recortes y, además, recuperar dinero a usar para fines sociales. En el mismo sentido, se deben retirar todas las ayudas dadas a las entidades bancarias (que continúan llevando a cabo las mismas prácticas de riesgo) o nacionalizarlas. Ante el paro de inversión, hay que intervenir la gran cantidad de dinero que está en manos de las empresas para usarlo en beneficio de la sociedad. En vivienda se deben prohibir los desahucios y sacar a la luz los pisos en manos de los especuladores. Todos los trabajadores en paro deben tener una prestación asegurada al mismo tiempo que se reparte el trabajo existente. Finalmente, se debe ir hacia una democratización de toda la economía, controlada desde abajo por la sociedad. En definitiva, debe prevalecer el criterio de usar los enormes recursos existentes y usarlos para reorientar la economía hacia el beneficio de la gran mayoría de la población.

Todas estas medidas implican una confrontación total con los poderes existentes pero abren la única vía posible para evitar que la crisis la continúen pagando los de bajo. Conseguir ganar varías de estas medidas en algún país de Europa crearía un punto de referencia que incentivaría a los movimientos de otros países a ir en la misma dirección y generalizar esta salida.

Hace falta una perspectiva anticapitalista en la que, más que buscar salvar el capitalismo de la crisis, se deber luchar para preservar los derechos de la clase trabajadora y tejer lazos durante la resistencia para poder crear desde la base un sistema nuevo libre de crisis económicas y explotación.

Notas

  1. Negocios. El País, 2011: “Estancamiento circular”, 7 de agosto.
  2. Eurostat, 2011: “Euro area and EU27 GDP up by 0.2%”. Informe del 16 de agosto. Disponible en:http://epp.eurostat.ec.europa.eu/cache/ITY_PUBLIC/2-16082011-AP/EN/2-160…
  3. Harman, Chris, 2009: Zombie Capitalism. Global Crisis and the relevance of Marx. Londres: Bookmarks. p. 196-197
  4. Harman, Chris, 2009: Zombie Capitalism p. 278-292. Ver también Harman, Chris, 2009: La nueva crisis del capitalismo. ¿Qué decimos los socialistas? En lucha, 2009.
  5. Callinicos, A. y Jones, J., 2011: “The student revolt and the crisis” en International Socialism Journal, n. 129, enero. Disponible en: http://www.isj.org.uk/index.php4?id=697&issue=129
  6. Público, 22 de julio de 2011
  7. Confección a partir de: El País, 21 de junio de 2011, Datosmacro (http://www.datosmacro.com/),http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_external_debt#cite_not… ,Seminari Taifa, 2011: De la crisi de la deuda al ajuste, y Reserch on Money and Finance, 2010: The Eurozone between austerity and default.
  8. Stobard, L. 2009: “Ladrillos o cimientos. Preguntas y respuestas sobre la nueva gran crisis” en La Hiedra. n. 18, diciembre/enero 2009/10. p. 14. Disponible en: http://www.enlucha.org/site/?q=node/1795
  9. Para profundizar más sobre el desarrollo de la economía española en las últimas décadas consultar: López, I., Rodríguez, E., 2011: “The spanish model” en New Left Review. Mayo-Junio, p. 1-9.
  10. Seminario de economía crítica Taifa, 2011: “De la crisis de la deuda al ajuste”. Julio p. 10 Disponible en:http://www.correntroig.org/spip.php?article2962&lang=ca
  11. Seminario de economía crítica Taifa, 2011, p. 5.
  12. Sans, J., 2010-2011: “Crisis y recortes: Zapatero prepara nuevos ataques contra la clase trabajadora” en La Hiedra, diciembre-enero. n. Disponible en: http://www.enlucha.org/site/?q=node/15531
  13. El País, 28 de agosto de 2011.
  14. El País, 7 de agosto 2011
  15. El país, 2011: “Las exportaciones crecen el 18’5% en el primer semestre del año”. 17 de Agosto.
  16. Flores, A., 2011: “Economía ya ve <> crecer al 1,3% este año” en Público. 27 de Agosto.
  17. El País, 6 de agosto de 2011
  18. El País, 7 de agosto de 2011
  19. Estrada, A., González, P., 2011: “La rebaja fiscal de los ricos multiplica con creces la de las rentas medias” en Público. 30 de Agosto.
  20. Navarro, V., 2011: Por qué la economía española no se recupera. Disponible en:http://www.rebelion.org/noticia.php?id=124081
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