Itsván Mészáros: Actualidad histórica de la ofensiva socialista: Alternativa al parlamentarismo

Itsván Mészáros, de origen húngaro, es sin lugar a dudas uno de los filósofos marxistas más importantes de nuestra época. Discípulo de Georg Lukács, trabajó con él durante siete años hasta que decidió abandonar Hungría en 1956, a raíz de la invasión soviética. A continuación se afincó en Gran Bretaña, donde en la actualidad es profesor emérito de la Universidad de Sussex.

Mészáros es autor de numerosos ensayos, entre ellos Más allá del capital (1994), resultado de más de dos décadas de intensa reflexión sobre la sociabilidad contemporánea y la lógica que la gobierna. Otro título suyo ganó el Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2008 que otorga el Gobierno de Venezuela.

Pese a que el lenguaje de Mészáros suele ser bastante exigente y sus trabajos no son fáciles de leer, la tesis de su último libro, Actualidad histórica de la ofensiva socialista, es simple y clara desde el principio: la única forma de escapar a las gravísimas consecuencias de la crisis actual es atender a la ineludible necesidad de que las clases trabajadoras pasen de una actitud puramente defensiva a una ofensiva. La única forma de efectuar este paso es que el movimiento obrero deje de concebir el parlamento como el lugar central de la transformación social.

La presentación de esta tesis ocupa, a modo de extensa introducción, la primera parte del libro. La segunda parte está dedicada a desarrollar los argumentos expuestos con anterioridad. Así, Mészáros explica que, aunque el capitalismo siempre ha estado sumido en crisis cíclicas, desde los años 70 las crisis se han convertido en estructurales. Para el autor, el capitalismo está entrando en conflicto con sus propios límites, en un período de recurrentes crisis económicas, sociales, militares y medioambientales. Es más, la “muerte del estado del bienestar” está conduciendo a una verdadera “crisis de dominación” que afecta a todas las esferas de la sociedad, convirtiéndose también en una crisis de todas las instituciones políticas.

Y, sin embargo, en este momento de cambio histórico, el movimiento obrero –en palabras de Mészáros– “se ve obligado a defender sus intereses no sólo con una sino con las dos manos atadas a la espalda. Una de ellas amarrada por fuerzas abiertamente hostiles a los obreros y la otra por sus propios partidos reformistas y los dirigentes de los sindicatos”. En efecto, ni el surgimiento de la socialdemocracia ni el “Compromiso Histórico” de los partidos comunistas italiano y francés han llevado a la mejora gradual de las condiciones de las clases trabajadoras; más bien al contrario, los más de cien años de adaptación a las “reglas democráticas del juego parlamentario” han conducido a que la clase obrera haya sido “totalmente privada de sus derechos políticos”.

Todo ello no se debe simplemente a traiciones o ambiciones personales, sino que es la consecuencia de una concepción errónea sobre el poder capitalista. El parlamento nunca será un medio para acabar con el capitalismo; ni siquiera sirve para elevar el nivel de vida a través de demandas parciales, puesto que –como estamos viendo– en cualquier momento el propio parlamento puede anular tales concesiones. Esto es así porque el verdadero poder reside fuera del parlamento: se trata del ejército, la policía, las empresas.

“El capital es la fuerza extraparlamentaria por excelencia en nuestro orden social”, repite Mészáros insistentemente. A pesar del espejismo mistificador que ofrecen las elecciones democráticas, la realidad es que hay una distancia inmensa entre el poder económico de aquellos que ostentan la “propiedad exclusiva” sobre los medios de producción, y la mayoría de las sociedad que no tiene más remedio que sobrevivir trabajando para ellos. Así, esta separación entre la igualdad política formal y la desigualdad económica real implica que el parlamento no puede ser un medio para enfrentarse a los intereses del capital. Además, esta separación entre política y economía se refleja en el movimiento obrero, dividido entre un “brazo político” (los partidos de izquierda institucionales) y un “brazo económico” (los sindicatos).

Aquí radica la idea básica de este breve libro de Mészáros. Si el poder reside fuera del parlamento, la lucha para derrotar al capitalismo debe tener lugar principalmente fuera del parlamento. La única forma de pasar a la “ofensiva socialista” es construir un movimiento revolucionario de masas que tenga demandas parciales, pero sobre todo un objetivo a largo plazo; un movimiento extraparlamentario que luche en los puestos de trabajo, que supere la división entre política y economía, haciendo que los trabajadores utilicen su poder económico como los verdaderos productores de la riqueza de la sociedad que son; un movimiento, finalmente, que no tema hablar sobre la necesidad de acabar con el estado para construir el socialismo desde abajo.

Albert García

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