La prensa revolucionaria en la era 2.0

Luis Zhu revisa la importancia de la prensa revolucionaria para cambiar el mundo, su relación con los medios de comunicación alternativos y realiza una aproximación a las nuevas redes sociales digitales.

Se atribuye al político conservador Edmund Burke la expresión “el cuarto poder” para referirse a los medios de comunicación. Burke lo acuñó durante la Revolución Francesa para cargar contra la influencia creciente que tenía la prensa liberal frente a los poderes tradicionales. Es cierto que la prensa y el acceso a la información jugaron un papel fundamental a la hora de conseguir mayores derechos democráticos. Sin embargo, más tarde sería la propia burguesía que salió triunfante de la revolución la que acabaría con la libertad de prensa por temor a nuevos avances democráticos que la apartaran del poder.

Hoy en día la prensa y los medios de comunicación de masas en general se han convertido verdaderamente en el cuarto poder. Casos de corrupción tan sonados como el del News of the World, de Rupert Murdoch, conservador y propietario de todo un imperio mediático, no sólo nos confirman el poder de los medios sino también cómo actúan en connivencia con otras autoridades, como la policía.

Los medios de comunicación capitalistas

Los medios de comunicación de masas están en manos unos pocos capitalistas. Todos funcionan como cualquier otra empresa bajo este sistema, es decir, explotan trabajadores para obtener el máximo beneficio económico posible. Además representan una de las principales formas de transmisión de ideología, en este caso, la ideología que le interesa a los poderosos. Aunque se puedan apreciar diferencias nada despreciables entre medios más conservadores o liberales, en definitiva, casi todos defienden sin fisuras que el capitalismo, es decir el afán de lucro y la explotación de personas como motor de la sociedad, es la mejor forma de organizar la humanidad. En la práctica, ningún medio de comunicación capitalista antepone el derecho a la información de la mayoría de la sociedad a los intereses económicos e ideológicos de la clase dominante.

No obstante, esto no significa que los medios de comunicación sean máquinas perfectas de adoctrinamiento que mantienen en la oscuridad a casi toda la población, cual caverna de Platón. Esto no es así básicamente por tres razones.

La primera es que los medios de comunicación funcionan gracias a los y las trabajadoras. Pero los y las periodistas pueden haber recibido una formación crítica con el discurso de la clase dominante; la mayoría de ellos, y más tras la crisis económica, trabajan en condiciones cada vez más precarias que les dificulta enormemente elaborar informaciones veraces que no muestren únicamente la versión de los poderosos; y a menudo puede ser la propia dirección quien intervenga directamente en los contenidos.

No obstante, los y las trabajadoras organizadas pueden sacara a la luz estas manipulaciones estructurales o directas, tal como los operarios de una fábrica pueden denunciar a su empresa por verter residuos tóxicos a un río, o los conductores de autobuses urbanos protestar por las malas condiciones laborales porque ponen en peligro la seguridad de los viajeros. Ejemplos recientes como las protestas en antena en Telemadrid por las reiteradas mentiras de sus informativos, o la decisión de los periodistas el El País de no firmar los artículos para rechazar los despidos y los recortes laborales, motivo por el que sus colegas de la BBC fueron a la huelga el pasado mes de julio, muestran cómo los propios trabajadores de los medios de comunicación pueden abrir brechas en la estructura mediática capitalista.

La segunda es que la credibilidad de los medios de comunicación convencionales es cada vez menor. Quizás en el inicio de los medios de masas (la prensa durante la segunda mitad del siglo XIX, la radio en los años 20 y 30 y la televisión durante los 50) gran parte del público creía en lo que decían. Sin embargo, después de décadas de contrastar la información de los medios con la experiencia cotidiana, muchas veces contradictoria y otras sin relación alguna, la mayoría de la población ha acabado por no fiarse de ellos. Hoy en día, según un estudio de la Asociación de Prensa de Madrid, sólo un 29,9% de la población confía en la prensa, mientras que la televisión y la radio consiguen una aprobación del 32,6% y el 23,7% respectivamente.

Y la tercera es que los medios de comunicación comerciales son un negocio y buscan conectar con la gente en cada momento. Esto significa que pueden reflejar tanto los prejuicios sembrados por la clase dominante como las rebeliones populares que cuestionan éstos, como el movimiento antiguerra, las revoluciones en el mundo árabe o el movimiento 15M, todos ellos con una gran cobertura mediática. No obstante, es también cierto que es en estos momentos de convulsiones sociales, cuando la clase dirigente encuentra en los medios la vía perfecta para intervenir en las ideas de la gente, camuflando sus opiniones bajo un aparente manto de objetividad. Si hay crisis, no es por el sistema, sino que es un accidente puntual fruto de la avaricia de unos pocos; si se aplican recortes es porque gastamos demasiado en bienestar, o porque hay demasiados inmigrantes, o porque es inevitable; si hay agresiones sexuales a mujeres es porque iban provocando; si hay guerras es para traernos la paz, etc.

El sexismo, el racismo, la guerra o el afán de lucro como motor de la sociedad son algunas de las ideas que esparcen los capitalistas para que nos enfrentemos entre nosotros. No sólo eso, el capitalismo además de generalizar estas ideas negativas, también intenta ocultar sus abusos y los ejemplos de resistencia popular.

Pero más allá de todo pesimismo, las contradicciones y las opresiones del capitalismo generan revueltas y revoluciones que abren brechas mediáticas que los medios capitalistas no pueden ocultar. La Primavera Árabe ha vuelto a demostrar que una revolución desde abajo es posible, mientras que el Movimiento 15M ha hecho añicos la idea de que los jóvenes eran ignorantes y vagos; todo lo contrario, están indignados, tienen ideas y lucharán hasta el final por ellas. Sin embargo, los medios de la clase dominante buscaran volver al status quo anterior; en el mundo árabe cooptando los procesos revolucionarios para dirigirlos hacia regímenes liberales, como en Egipto, Túnez o Libia, y en el Estado español criminalizando el movimiento, como tras el bloqueo del Parlament de Catalunya.

Ante este modelo burgués de los medios de comunicación han surgido históricamente muchos ejemplos de comunicación contestataria. En este artículo nos interesa sobre todo abordar el modelo de la prensa revolucionaria, del cual participa el periódico En Lucha. También examinaremos dos formas de comunicación diferentes a la convencional: la prensa alternativa y las redes 2.0.

La herencia revolucionaria

A lo largo de la historia los revolucionarios han visto en la prensa escrita una herramienta imprescindible para combatir la vieja sociedad y luchar por una nueva más justa e igualitaria.

Edmund Burke tenía razón al preocuparse por la prensa. Durante la Revolución Francesa, Jean Paul Marat editó L’Ami du Peuple (El Amigo del Pueblo), un periódico que fue decisivo en el curso de los acontecimientos. Marat fue uno de los líderes de la revolución, en gran parte gracias a su diario, que vendía unos 2.000 ejemplares entre las personas más implicadas en la revolución. L’Ami du Peuple se posicionaba a favor de los oprimidos por la monarquía absolutista y su lenguaje era claro y cercano al de la gente corriente, lejos del amaneramiento burgués. Marat, de familia acomodada, se indignaba con la complacencia de los sectores más moderados de la burguesía que esperaban que el Rey ofreciera una monarquía parlamentaria al estilo inglés. En su periódico defendía enérgicamente una alianza entre la burguesía y los campesinos para acabar rápidamente con la monarquía. Marat vivió lo suficiente para ver rodar la cabeza de Luis XVI, pero murió poco meses después asesinado por una aristócrata.

Si L’Ami du Peuple contribuyó a acabar con el Antiguo Régimen en Francia y extendió las ideas liberales por toda Europa, el papel del diario bolchevique Pravda en la Revolución Rusa sería todavía más importante. Pravda ayudó a acabar con el régimen zarista, que vivía del viejo feudalismo del campo y del naciente capitalismo de las ciudades, y en el proceso también consolidó un modelo de prensa para hacer la revolución.

El periódico de Lenin no sólo explicaba de forma comprensible las ideas socialistas sobre la sociedad de clases y la revolución, sino que contenía muchas cartas escritas por los propios trabajadores en las que explicaban sus experiencias, sus ideas y sus esperanzas. Pravda se vendía en buena medida también gracias a los trabajadores y trabajadoras, que lo distribuían entre sus compañeros en las fábricas y los leían en voz alta cuando era necesario. No sólo eso, los obreros, cuando compraban el periódico, añadían a menudo unos céntimos de más para ayudar a sufragarlo. En 1913, Pravda vendió unos 30.000 ejemplares diarios y recibió más de 2.000 donaciones. De este modo, el periódico bolchevique consiguió tejer una red de colaboradores que escribían, distribuían y financiaban el diario. Así, cuando el Estado ilegalizó Pravda, cosa que ocurrió varias veces, los bolcheviques podían contar con el apoyo de muchos trabajadores que redactaban, repartían y pagaban el periódico de forma clandestina.

Pravda no era un periódico revolucionario sólo porque analizaba la sociedad rusa en términos de clase, ni porque la mitad de sus páginas estuvieran protagonizadas por la incipiente clase trabajadora; había algo más. El diario bolchevique era revolucionario porque explicaba en cada momento de las luchas de los trabajadores propuestas para ganar la batalla. Por ejemplo, antes de la Revolución de Febrero de 1917, Pravda argumentaba que los enemigos del pueblo ruso no eran los soldados alemanes contra los que se luchaba en la Primera Guerra Mundial, sino los capitalistas, los terratenientes y el régimen zarista. Tras la caída del Tzar, el Gobierno provisional formado por liberales se resistió a abandonar la guerra. El diario bolchevique extendió la consigna ‘pan, paz y tierra’, alentando a la formación de soviets de obreros, soldados y campesinos, los cuales protagonizarían la Revolución de Octubre que acabaría con la guerra y el capitalismo, aunque fuera por poco tiempo.

Un periódico como Pravda no hubiera existido tal como fue sin una organización revolucionaria como el Partido Bolchevique. Como en la famosa metáfora de Lenin, Pravda sirvió de andamio para los miles de militantes bolcheviques a lo largo de toda Rusia. El periódico fue un instrumento fundamental para conectarlos al conjunto de los acontecimientos y para que pudieran reaccionar e intervenir coordinados y en el mismo sentido. El crecimiento del partido tras la Revolución de Febrero se debió sobre todo a la explosiva situación política, pero el periódico revolucionario les ayudó mucho a vincular a los miles de nuevos militantes -en San Petersburgo se pasó de 2.000 a 36.000 miembros en sólo cuatro meses. En definitiva, Pravda fue la mejor herramienta para conectar con la clase trabajadora, para difundir las ideas socialistas y para organizar a los y las revolucionarias.

El testigo de la prensa revolucionaria lo recogerían en los siguientes años Alemania e Italia. Inspirados por la Revolución Rusa, la clase trabajadora de ambos países protagonizaba huelgas de masas. En Alemania, Rosa Luxemburg impulsó la Liga Espartaquista y su publicación Die Rote Fahne (La Bandera Roja). Frente al reformismo, defendían la fuerza de la clase trabajadora para hacer la revolución internacional. La Liga, sin embargo, fue demasiado pequeña y sus líderes, Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, fueron asesinados por paramilitares de extrema derecha, los Freikorps, que cumplían una orden del socialdemócrata Friedrich Ebert, presidente de la República de Weimar. En Italia, l’Ordino Nuovo de Gramsci participó en la ola de huelgas más grande que había visto el país. Su intento de formar consejos de obreros a semejanza de los rusos acabó al triunfar el fascismo. A pesar de ello, Gramsci consideraba que l’Ordino Nuovo fue realmente revolucionario para la clase trabajadora italiana porque “en él podían encontrar algo de sí mismos, la mejor parte de ellos, porque en él, ellos daban respuesta a sus propias batallas interiores: ¿Cuál es la mejor manera de ser libres?, ¿cómo podemos ser nosotros mismos?”

En el Estado español, en los años 30 el POUM de Andreu Nin y Joaquim Maurín fueron quienes más defendieron el espíritu originario de la Revolución Rusa, ahora secuestrada por la burocracia estalinista. El principal periódico del POUM, La Batalla, defendió las tesis de la revolución internacional frente al socialismo en un solo país de Stalin. Durante la Guerra Civil española, el periódico poumista luchó por ganar la guerra haciendo la revolución. Sin embargo, su escasa implantación más allá de Catalunya y la represión estalinista desatada tras los Hechos de Mayo de 1937 lo llevaron a la clandestinidad y a la posterior desaparición.

Existen otros ejemplos históricos en los que no vamos a ahondar. El modelo de la prensa revolucionaria se ha ido perfilando a través de las derrotas y, sobre todo, de las victorias de los y las revolucionarias que lucharon por cambiar el mundo. La experiencia triunfante de Pravda en la Revolución Rusa es, sin duda, la más relevante. En este sentido, el periódico En Lucha/En Lluita, con sus defectos y virtudes, pretende continuar este hilo rojo de la historia.

En lucha, anticapitalismo y revolución

La prensa liberal, tras una aparente neutralidad, explica el mundo a través de la voz de los poderosos que trata de dividirnos con individualismo, racismo o sexismo. Su análisis del mundo es habitualmente fragmentario, inconexo y tramposo, haciéndonos creer que estamos todos en el mismo barco pero pidiendo sacrificios siempre a los de abajo.

Frente a un mundo que no es neutral, el periódico En Lucha/En Lluita se posiciona claramente a favor de la clase trabajadora y de todos los oprimidos por el capitalismo. En sus páginas se intenta dar voz siempre a los que sufren los recortes, las discriminaciones o las guerras, y se analiza cómo estas injusticias no son hechos aislados, sino que son consecuencia del sistema capitalista, un modelo de sociedad que busca el beneficio económico de una minoría por encima del bienestar de la mayoría. Por eso, entender que, por ejemplo, las luchas de los trabajadores griegos contra los planes de austeridad están conectadas con nuestra realidad es clave para superar el aislamiento y el pesimismo.

Por otra parte, En Lucha también ofrece sus páginas a los y las activistas de los movimientos sociales, en los cuales participa activamente. Feministas, ecologistas, estudiantes o trabajadoras y trabajadores en general, entre otros, pueden encontrar siempre un espacio para explicar y difundir sus luchas. Así, En Lucha aspira a conectar las luchas de los diferentes movimientos, encontrar puntos en común y acumular fuerzas para alcanzar victorias. La clase dominante, en general, está unida y decidida a que la crisis la pague la clase trabajadora, así que necesitamos vincularnos y crear redes entre todos los sectores para combatirla.

A la prensa capitalista no le interesa destacar los ejemplos de resistencia y de victoria de los y las trabajadoras. En cambio, uno de los cometidos más importantes de la prensa revolucionaria es la de generalizar las experiencias de lucha exitosas. Esto es fundamental, por un lado, para animar a otras personas a luchar porque demuestra que ganar es posible y, por otro, para compartir estrategias y tácticas con otros sectores en lucha. No sólo eso, el periódico En Lucha no se queda al margen de las luchas, participa en ellas y busca conjuntamente las mejores estrategias y tácticas para cada momento.

Las grandes historias de la prensa revolucionaria son el referente indiscutible para un periódico como En Lucha. No obstante, existen otros modelos de prensa no burguesa que son interesantes de observar, como la prensa alternativa.

Alternativas al mainstream

Existen en el mundo decenas de periódicos alternativos que trabajan para desenmascarar la falsedad de los argumentos de los medios capitalistas. En el Estado español, dos de los más conocidos son Diagonal, semanal y de ámbito estatal, y La Directa, quincenal y del ámbito de los Països Catalans.

Ambos proyectos parten de coordenadas muy similares. Buscan convertirse en medios de comunicación alternativos a los tradicionales, pero a la vez que son serios y plurales. En este sentido son mucho más amplios y abiertos que los medios de contrainformación que se dirigen a un público previamente convencido. Frente al modelo de negocio del periodismo liberal, estas cabeceras oponen el periodismo militante y definen sus proyectos como herramientas de transformación social.

No en vano, tanto Diagonal como La Directa reconocen explícitamente que son medios que provienen y trabajan para dar voz a los movimientos sociales de resistencia a la globalización capitalista. El periódico catalán declara inequívocamente que “LA DIRECTA es un semanario pensado, dirigido y sostenido desde los movimientos sociales y para los movimientos sociales”. “Las personas que ahora formamos el núcleo principal de DIAGONAL venimos de distintas experiencias de los movimientos sociales y de base”, afirman desde la web del semanario estatal.

La asociación de estos medios alternativos con los movimientos sociales anticapitalistas no es casual. Las múltiples resistencias que en 1999 dieron respuesta en Seattle a un discurso capitalista ufano desde la caída del Muro de Berlín irrumpieron de forma espectacular en los informativos y tabloides corporativos globales. Los movimientos sociales necesitaban un presencia mediática, pero no a cualquier precio, de modo que se imponía la necesidad de crear sus propios proyectos informativos para disponer de voces autónomas, independientes y lo más representativas posibles. Así, los nuevos medios alternativos pretendían recoger de forma autogestionada toda la diversidad de los movimientos de oposición a la globalización anticapitalista, convertirse en un foro donde se reunieran todas las experiencias, tácticas e ideas que surgían de cada campaña.

Así, medios como La Directa o Diagonal asumen básicamente dos objetivos nada desdeñables: combatir la influencia de los medios de comunicación capitalistas y ser el altavoz de los diversos movimientos sociales.

Quizás la diferencia fundamental entre la prensa alternativa y la prensa revolucionaria es que, mientras la primera concentra muchos esfuerzos en ser un medio de comunicación alternativo a los medios capitalistas, la segunda se centra sobre todo en cómo organizarnos y coordinarnos para ganar las luchas y acabar con el capitalismo.

Otra diferencia importante radica en la forma de entender e intervenir en el mundo. La prensa alternativa, en general, admite múltiples visiones de la sociedad y, por tanto, acepta múltiples estrategias para cambiarla. La prensa revolucionaria normalmente tiene una visión estructurada y coherente, en el que las partes encajan en un todo. Aunque la pluralidad de estrategias es bienvenida para debatir cuál es la mejor, la tradición revolucionaria se decanta por centralizar los esfuerzos en una determinada para poder vencer a una clase capitalista muy unida y coordinada.

En el fondo, los marcos teóricos de una y otra son diferentes, pero en el desarrollo de una y otra hay muchos puntos tangenciales. Ambos modelos son muy importantes y complementarios, pero hay que destacar que la prensa revolucionaria se centra exclusivamente en reforzar las resistencias e impulsar las luchas contra el capitalismo. Aquí es donde radica su singularidad y su potencial revolucionario.

Tejiendo redes 2.0

En el último año, los medios de comunicación liberales han insistido en señalar la importancia de Internet y las redes sociales en el triunfo de las revoluciones en Túnez y Egipto. Así mismo, en la UE muchas personas, colectivos y organizaciones aprovechan Facebook, Twitter y otras plataformas para convocar manifestaciones, como los estudiantes en Gran Bretaña o el Movimiento 15M en el Estado español. ¿Significa esto que la organización de las movilizaciones será virtual y dejará obsoleto los carteles, las octavillas y los periódicos distribuidos en mano?

Es preciso reconocer primero que los avances en las tecnologías de la información y comunicación han facilitado mucho el contacto entre individuos y colectivos. Al igual que lo hiciera la imprenta, el telégrafo, el teléfono o la radio, Internet ha cambiado y ha agilizado nuestra forma de comunicarnos. Al igual que Marat aprovechó la imprenta para imprimir centenares de periódicos contra la monarquía absolutista, o Trotski y Lenin el teléfono para estar al corriente de la toma del Palacio de Invierno y otros edificios estatales, hoy en día aquellos y aquellas que queremos cambiar el mundo aprovechamos las posibilidades que nos ofrece Internet para informarnos o comunicarnos.

Las redes 2.0. han cambiado mucho el panorama de la comunicación. Hasta ahora, sólo una minoría tenía acceso a un público masivo. Ahora, con Twitter o Facebook, en teoría, hay miles de personas que pueden hacer llegar su mensaje a un público masivo.

Sin embargo, entre muchos activistas que apuestan por la lucha en la calle, en los barrios, en los lugares de trabajo, etc., existe un cierto recelo hacia las nuevas redes sociales 2.0 bajo argumentos muy diversos, como que son frívolos o que están vigilados por el Estado. Aunque en parte sean ciertas estas consideraciones, debemos tener en cuenta que se trata de medios muy permeables y en los que participan miles de personas, sobre todo en las zonas urbanas. Por ello, es importante que así como vamos tejiendo redes en los barrios o en los centros de trabajo para luchar contra los ataques de la clase dominante, aprovechemos también las posibilidades que nos ofrecen las plataformas sociales virtuales para llegar al máximo número de gente.

Por ejemplo, las personas que convocaron por Facebook los cortes de carreteras contra los recortes en Sanidad en Catalunya o, más aún, las que convocaron las protestas en plaza Tahrir contra Mubarak eran las que después estaban allí defendiendo la sanidad pública o combatiendo la dictadura, realizando asambleas, cortando carreteras, ocupando el espacio público, etc. Es esta visión combativa y complementaria de las redes sociales virtuales la que nos puede ayudar en las luchas para cambiar el mundo desde la base.

Los límites de Internet 2.0

Para muchos de los jóvenes activistas anticapitalistas, el uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación es algo habitual. Ello provoca que a veces no sea fácil tener una visión de conjunto de la realidad. Bajo el capitalismo el acceso a Internet, como a otras tecnologías, bienes y servicios, depende del nivel de renta del que se disponga. Por ello, no todo el mundo tiene Internet, ni mucho menos. De hecho, se dice que existe una estratificación o brecha digital según la renta y a nivel internacional. Por ejemplo, a nivel global en 2010 solo el 28,7% de la población tenía acceso a Internet, según Internet World Stats. Los porcentajes varían en función del desarrollo económico de cada continente. Mientras en Europa y EEUU la penetración de Internet es del 58% y el 77% respectivamente, en Asia se reduce al 20% y en África sólo el 10% de la población tiene acceso a la red. En Egipto, por ejemplo, del 15% de la población que tenía acceso a Internet únicamente una cuarta parte de ellos tenían Facebook antes de la Revolución, según la propia red social. La penetración de Facebook ha sido posterior a la Revolución, tras una campaña propagandística que atribuía el éxito de la revuelta popular a la red social.

En el caso del Estado español, las personas que tiene acceso a Internet representan el 47% de la población, entre las cuales sólo el 12% participan en alguna red social, según el Eurobarómetro de la Comisión Europea de octubre de 2010.

Sin embargo, las limitaciones de Internet no son solo cuantitativas, sino también cualitativas. Un aspecto conocido es que, como con otros medios de comunicación, la información en Internet no es objetiva ni neutral. Aunque las posibilidades de participar en la creación y difusión de información sean mayores que con los medios tradicionales, en general los medios más seguidos son aquellos que eran previamente más conocidos, es decir, los medios capitalistas.

Otra cuestión importante es que “la era de la información” se convierte frecuentemente en un caos hiperabundante de informaciones inconexas y superficiales que no proporcionan una visión global y profunda de los acontecimientos. La mayoría de los lectores de medios digitales pueden conocer muchos hechos de actualidad a nivel global, pero les resulta difícil encontrar una explicación coherente y profunda sobre el porqué pasan las cosas y qué relación tienen con su vida. Existen muchos estudios sobre este fenómeno, como el libro de Nicholas Carr Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, pero es curioso que ya en 1921, el comunista húngaro Adalbert Fogarasi hiciera una crítica sobre la prensa capitalista que todavía es válida en la era de Internet: “Se ha logrado un avance sistemático para crear ignorancia mediante la comunicación de una gran cantidad de conocimientos e información. La prensa capitalista busca dar forma a la estructura de la conciencia de los lectores de tal manera que será incapaz de distinguir entre lo verdadero y lo falso, de relacionar causa y efecto, de situar los hechos individuales en su contexto total, de integrar racionalmente los nuevos conocimientos en su perspectiva, etc., en un proceso en el que la conciencia del lector se mantiene en un estado de continua inseguridad, perplejidad y caos”.

Las redes sociales digitales refuerzan todavía más este proceso, ya que son espacios comunicativos en los que predominan los mensajes cortos, rápidos, inconexos y superficiales.

Las redes 2.0. también han influido la forma en que la gente participa políticamente. El escritor canadiense Malcom Gladwell, en su artículo Small Change: Why the Revolution Won’t be Tweeted, nos explica que las redes sociales no son efectivas para conseguir una mayor motivación política, como afirman algunos autores especialistas en marketing, sino que “son efectivos para conseguir una mayor participación rebajando el nivel de motivación necesario”. Esto puede provocar una falsa percepción de incremento de la participación política, al menos desde una perspectiva activista, porque aquellos que firman en Internet luego no aparecen en la manifestación, ya que esto requiere un grado mayor de compromiso.

A pesar de todo, las nuevas redes sociales son útiles para los revolucionarios y revolucionarias porque sirven para ampliar la influencia de sus ideas y contactar con más personas para impulsarlas a luchar en la oficina, el aula o la calle.

La prensa revolucionaria en la calle

Más importante que las propias limitaciones de Internet, aquello que da sentido todavía hoy en día a un periódico revolucionario impreso es que las luchas, las victorias y las revoluciones se consiguen en el mundo material. Las nuevas tecnologías de la información tienen un papel importante, pero lo que acaba con dictaduras seculares y lo que puede frenar las ofensivas neoliberales son las huelgas de masas de los trabajadores.

Es en este terreno donde la prensa revolucionaria puede desplegar todas sus posibilidades. En las manifestaciones, las huelgas o las ocupaciones el periódico es una herramienta de agitación mucho más ágil que Internet. No sólo sirve para animar a los activistas a seguir luchando, sino que mediante el debate se les puede ayudar a generar nuevas ideas y estrategias. Además, el periódico permite conectar in situ a los trabajadores en lucha, debatir y coordinarse con otros sectores movilizados o por movilizar.

Por otra parte, el periódico revolucionario no es una suma de artículos cualquiera, está planificado y pensado para dar una visión determinada de la sociedad y de las luchas según cada contexto político. Así mismo, las ventas en la calle del periódico no son un simple punto de venta, son actos políticos con los que contactar con las personas indignadas con las injusticias y con ganas de luchar.

Y por último, como se ha comentado antes, el periódico revolucionario está íntimamente unido a la organización revolucionaria. El periódico permite a los activistas de diferentes lugares aprender de las experiencias de unos y otros, para aplicarlo en sus luchas. Esto a su vez genera nuevas experiencias e ideas que pueden escribir en el periódico, lo cual ayudará a otros activistas. La prensa revolucionaria bien empleada es una poderosa herramienta para impulsar las luchas y para construir una organización revolucionaria que sea decisiva para destruir el capitalismo.

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