Patrones de protesta: la experiencia de la Revolución rusa de 1905

A través de los métodos de lucha que se desarrollaron en la Revolución Rusa de 1905 Manel Ros nos explica que lecciones podemos sacar para hoy y como podemos aprender de ellas para futuras revoluciones.

Una compañera de la asamblea de barrio, decía hace poco en una asamblea que las personas que formamos el movimiento del 15M no podíamos pensar que somos los primeros en hacer lo que hacemos y que muchos y muchas antes que nosotras han luchado por un mundo mejor. Y es que muchas veces se escucha la idea –muy atractiva pero errónea– de que debemos crear cosas nuevas, que lo viejo no sirve y que ésta es una lucha nueva, del siglo XXI, y que por tanto no sólo no nos sirve de nada fijarnos en las luchas anteriores, sino que los conceptos o ideas usadas anteriormente no tienen cabida en las luchas del siglo XXI.

Este artículo pretende analizar tres ideas básicas para entender los procesos revolucionarios de forma general, todas ellas contenidas en las experiencias más relevantes de las luchas de 1905: los soviets –democracia directa–, la huelga de masas y la teoría de la revolución permanente. Ideas que aunque parezcan antiguas, veremos que no lo son tanto, y que en períodos altos de la lucha de clases –como los que estamos viviendo ahora mismo– resurgen en la actualidad una y otra vez como un fantasma tozudo que se niega a desaparecer. Un fantasma que ahora mismo recorre las plazas, calles y puestos de trabajo de muchas ciudades del mundo.

La chispa que encendió la mecha

Para analizar y entender estos tres conceptos debemos mirar a la revolución que tuvo lugar en la Rusia zarista de 1905, o lo que el revolucionario ruso V.I. Lenin llamó más tarde, “el ensayo general”, refiriéndose a la Revolución Rusa de 1917, que, esta sí, acabo con el estado capitalista, siendo la primera revolución triunfante de la historia1. Durante 1905 Rusia vio como una serie de huelgas ponían al sistema zarista contra la pared. La revolución de 1905 significó la entrada en escena de la clase trabajadora como transformador colectivo de la sociedad y planteó muchas cuestiones a tener en cuenta hoy en día.

En 1905 hubo básicamente tres grandes huelgas. En enero, octubre y diciembre. La primera de estas surgió inesperadamente después del despido de cuatro trabajadores de la fábrica más grande de toda Rusia, la fábrica Putilov de San Petersburgo. Los trabajadores de la fábrica fueron a la huelga en solidaridad con sus compañeros despedidos el 3 de enero.2 A partir de ahí, tuvieron lugar asambleas masivas de trabajadores por todo San Petersburgo. Estas no se limitaron a pedir la readmisión de los cuatro trabajadores despedidos y la dimisión del responsable de estos, sino que, frente al éxito de las asambleas, se presentaron demandas que hasta ese momento nunca se habían atrevido a poner encima de la mesa: la jornada de ocho horas, aumento de los sueldos, mejoras sanitarias en las instalaciones y atención médica gratuita.

Pero los huelguistas no se quedaron ahí, pronto llegaron a introducir otro tipo de demandas que iban mucho más allá: libertad de reunión para los trabajadores, tierra para los campesinos, libertad de expresión y de prensa, la separación del estado y la iglesia, el final de la guerra ruso-japonesa y la convocatoria de una Asamblea Constituyente.

La huelga que había empezado el 3 de enero en la fábrica Putilov se convirtió para el 7 de enero en una huelga general de todo San Petersburgo. San Petersburgo estaba encendida, toda la ciudad estaba parada por la huelga general, y ésta se extendió como la pólvora desde la capital hacia otras ciudades, no sólo cercanas, sino también a miles de kilómetros. Los acontecimientos parecían calmarse, pero sólo fue un espejismo. La guerra contra Japón, y todo lo que ésta significaba para las condiciones de vida de trabajadores y soldados, estalló en forma de insurrecciones. Así surgieron huelgas solidarias en ciudades como Lodz, Odesa o Varsovia.

Finalmente, el 6 de agosto, el Zar parecía empezar a ceder a las presiones, pero en lugar de conceder la formación de una Asamblea Nacional (parlamento), tan sólo cedió en conceder la Duma –un órgano meramente consultivo con ningún poder de decisión: “La Duma estaba a merced del Zar. De los 1.400.000 habitantes de San Petersburgo, sólo 13.000 tenían derecho a voto”.3 Esto provocó una segunda ola masiva de huelgas en octubre, donde las demandas de los trabajadores habían pasado de lo económico a lo político. La huelga se extendió de Moscú a San Petersburgo el 2 de octubre, el 7 empezaron las huelgas de ferrocarriles, el 10 se declaraba la huelga política en Moscú, y así por todos los grandes centros industriales de Rusia. Todos los ferrocarriles estaban parados, las escuelas cerradas, el gas, el agua y el telégrafo no funcionaban. El 13 de ese mismo mes el número de huelguistas superaba el millón, y se formaba por primera vez en la historia el soviet de San Petersburgo, un órgano crucial en la historia de la revolución de 1905, pero también en la de 1917 y de muchos procesos revolucionarios.

El 17 de octubre el zar, presionado por la revolución social, firmaba el documento que daba a Rusia una Constitución. Los trabajadores no estaban nada satisfechos con las migajas que les daba el zar. Declaraban que mientras había libertad de reunión, estas eran constantemente vigiladas por el ejército; que aunque había libertad de prensa, la censura aún existía. Además, habiendo libertad de enseñanza, las universidades estaban ocupadas por tropas y había libertad de expresión, pero las cárceles estaban llenas de prisioneros políticos. Resumiendo: para los trabajadores, sí, había una Constitución, pero en definitiva la autocracia zarista permanecía en el poder.

Una tercera ola de huelgas sacudió todo el país en noviembre. Las demandas básicas, esta vez, volvían a ser económicas. La demanda por las ocho horas unificaba a todos los trabajadores y dominaba las huelgas. Otra vez en San Petersburgo hubo una huelga total, el 3 de noviembre toda la ciudad estaba prácticamente paralizada. Pero en las provincias las huelgas no fueron seguidas de la misma forma. Para principios de diciembre, el Zar se sintió con suficiente fuerza para empezar una represión masiva y brutal contra las huelgas e insurrecciones. El Comité Ejecutivo de los Sindicatos de San Petersburgo fue detenido al completo, el Sindicato Nacional de Ferrocarriles fue disuelto y nuevas leyes anti-sindicales fueron aprobadas. El 7 de ese mes, empezaba una huelga en Moscú en protesta por las detenciones y acciones del zar. Esta se extendió hasta San Petersburgo, con una huelga de apoyo de 125.000 trabajadores. Esto provocó la insurrección armada en Moscú: “La insurrección de 1905 alcanzó su punto culminante con la insurrección de diciembre en Moscú. Un pequeño número de insurrectos, obreros organizados y armados –no serían más de 8.000–, ofrecieron resistencia durante nueve días al gobierno zarista.”4

Así, la insurrección fue ahogada en sangre por las tropas zaristas. Además, el Soviet de San Petersburgo fue arrestado en masa y el zar y la policía consiguieron restablecer el control de la situación. Los años siguientes para la clase trabajadora rusa y los revolucionarios en especial, fueron años de pesimismo y de intentar que la derrota fuera lo menos dolorosa posible. A pesar de ello Lenin afirmaba: “Cuando los señores burgueses y los socialistas reformistas (…) hablan con tanta petulancia de la ‘educación’ de las masas, de ordinario entienden por educación algo escolar y formalista, algo que desmoraliza a las masas y les inocula los prejuicios burgueses. La verdadera educación de las masas no puede ir nunca separada de la lucha política independiente y sobre todo, de la lucha revolucionaria de las propias masas. Solo la lucha educa a la clase explotada, sólo la lucha le descubre la magnitud de su fuerza, amplía sus horizontes, eleva su capacidad, aclara su inteligencia y forja su voluntad.”5

Democracia directa y desde la base

El soviet –palabra muy desprestigiada por años de estalinismo– es simplemente un comité de huelga, pero a diferencia de un comité de huelga tradicional, éste no sólo cubre una fábrica concreta sino que abarca varias fábricas a la vez. Pero a medida que la lucha iba avanzando en 1905 el soviet adquiría cada vez más fuerza: ampliando sus funciones, consiguiendo apoyo económico durante las huelgas, extendiendo la solidaridad, organizando la autodefensa frente al estado o gestionando las fábricas.

Algo muy parecido –con la diferencia clave de que los soviets nacen y se encuentran en los centros de trabajo– a lo que actualmente en el movimiento 15M llamaríamos una coordinadora de barrios o asambleas, que trata de coordinar a los diferentes barrios y asambleas. El revolucionario catalán Andreu Nin explicaba: “La palabra rusa ‘soviet’ significa sencillamente Consejo o Junta (…) Su creación no fue debida a la iniciativa de ningún partido ni grupo político, sino que fue obra espontánea de las masas durante el desarrollo de los acontecimientos revolucionarios.”6

Pero los soviets también se organizaban de forma muy diferente a los parlamentos burgueses. La democracia era lo que hoy llamaríamos una democracia directa y radical: debatida, hecha y aplicada desde la base, de abajo a arriba, con delegados escogidos en cada puesto de trabajo y revocables en todo momento.

El revolucionario Trotski escribió: “El soviet (…) constituye auténtica democracia, sin una cámara alta o baja, sin una burocracia profesional, pero con el derecho de los votantes de revocar a sus diputados en cualquier momento. A través de sus miembros –diputados elegidos directamente por los trabajadores– el soviet ejerce el liderazgo directo de cualquier manifestación social del proletariado cómo un todo y de sus grupos individuales, organiza sus acciones y les provee con un eslogan y un pancarta.”7

Pero al igual que pasa con los marcos de lucha hoy en día, los soviets no eran organismos estáticos que empezaron a organizarse y funcionar de un modo único y uniforme. Al contrario. Los soviets eran un organismo flexible que se adaptaba a las necesidades de las demandas de los y las trabajadoras y, sobretodo, a los acontecimientos concretos de cada situación. Nin lo explica muy bien: “Los soviets no surgieron de una vez, con las formas relativamente definidas que tomó en octubre de dicho año [1905], cuando el movimiento alcanzó su apogeo, sino que fue el resultado de la transformación de los distintos organismos de combate creados en el curso de la lucha (…) Parecía pasar de una forma de organización a otra, modificándola cada vez, eliminando unos elementos, introduciendo otros, ora simplificando, ora complicando la organización.”8

Su establecimiento significaba que dos formas de poder estaban coexistiendo al mismo tiempo, el gobierno oficial del Zar y el gobierno revolucionario de los trabajadores. Cómo en cualquier situación parecida, este poder dual tenía que decantarse hacía un lado u otro en algún momento. Cómo hemos visto, al cabo de unos meses, fue el gobierno del Zar el que acabó con los soviets. A pesar de eso, Rusia había vivido el nacimiento de un nuevo poder, que aunque en ese momento fue derrotado, volvería aún con más fuerza en futuras revoluciones. La Revolución Rusa de 1917 fue una de esas revoluciones, pero no fue la única que desarrolló estos órganos de poder paralelos. Aunque en formas muy diferentes pero siempre con el mismo espíritu de contra poder paralelo desde la base, podemos encontrar este tipo de ejemplos en Alemania en 1918-23, Hungría en 1919 y 1953, el Estado español en 1936, los “cordones” en Chile en 1973, Portugal en 1974, las “shoras” en Irán en 1979 o la revolución contra el estalinismo de Polonia en 1981.9

Huelga de masas

Durante 1905 pudimos ver también la importancia de las huelgas y, en concreto, las huelgas de masas. Las demandas económicas por parte de los trabajadores no acaban automáticamente en demandas políticas, pero también es verdad que no hay una separación tan grande entre las dos. La experiencia de la revolución de 1905 con las huelgas de masas actuando como motor de la revolución es un buen ejemplo de ello. Rosa Luxemburgo en su gran obra Huelga de masas habla muy bien de cómo en un período revolucionario la lucha económica se convierte en política y al revés: “El movimiento en su conjunto no se encamina únicamente a partir de la lucha económica hacia la política, aquí ocurre también lo contrario. Cada una de las grandes acciones políticas de masas se transforma, una vez alcanzado su punto culminante político, en toda una serie confusa de huelgas económicas (…) Entre ambas existe una completa acción recíproca.”10

Lenin sobre los acontecimientos de 1905 destaca algo importante en este aspecto: “Extraordinario por su peculiaridad fue el entrelazamiento de las huelgas económicas y políticas en el período de la revolución. Ésta fuera de toda duda que sólo la ligazón más estrecha entre estas dos formas de huelga fue lo que aseguró la gran fuerza del movimiento.”11

La participación de los trabajadores en las huelgas fue espectacular. Durante 1905 se “perdieron” unos 23 millones de días de trabajo a causa de las huelgas, once veces más que el número total de huelgas en Rusia durante toda la década anterior (1895-1904). Si observamos la tabla podremos comparar el número de trabajadores rusos en huelga en 1905, con el número máximo de trabajadores en huelga en cualquier año desde 1894 a 1908 en los países capitalistas más avanzados de la época: 12

Esto, de nuevo, parece que porque pasó en 1905 es algo del pasado. Pero la realidad y los procesos revolucionarios son muy tozudos y vuelven a demostrar que hay ciertos patrones cuando hablamos de revolución. Precisamente las huelgas de masas y el paso de reivindicaciones económicas a políticas y a la inversa es lo que hemos podido presenciar en los primeros meses de la revolución de Egipto y la caída de Mubarak –y no en los primeros años del siglo XX, sino este mismo año. La lucha contra la dictadura ha propiciado demandas económicas importantes, generando un movimiento huelguístico de gran envergadura, a raíz del cual entre otras cosas se ha formado el primer sindicato independiente desde 1957.

La revolución en Egipto ha sido bautizada por muchos –especialmente por los medios de comunicación– como la revolución del Twitter y Facebook, y sin duda tuvo algunos componentes a nivel de circulación de información que no se han dado en otras revoluciones. Pero como prueba el hecho de que la revolución avanzó igualmente a pesar del bloqueo de internet por parte del Gobierno de Mubarak en los primeros días de la revolución, el levantamiento en forma de huelgas de masas tuvo un papel más que crucial en la caída del régimen, sobretodo en la semana final de Mubarak. Lo que empezó como huelgas sectoriales en puntos cruciales para la economía como el transporte o el Canal de Suez, acabó con cientos de miles de trabajadores en huelga. El revolucionario egipcio Sameh Naguib lo explica en su relato de la revolución: “En la última semana de la revuelta, una oleada de huelgas de masas y manifestaciones de trabajadores y trabajadoras se extendió como la pólvora en sectores claves de la economía, combinando demandas económicas con la principal demanda revolucionaria de eliminar a Mubarak (…) El 8 de febrero, 6,000 trabajadores del Canal de Suez fueron a la huelga, uniéndose a los trabajadores del textil y del acero. Al día siguiente, trabajadores del petróleo se sumaron a la protesta, exigiendo mejoras salariales y seguridad laboral. Las huelgas se extendieron rápidamente por todas las grandes ciudades y por muchas de las poblaciones más pequeñas, arrastrando trabajadores del transporte, del sector textil, funcionarios y trabajadores de la sanidad. El jueves 10 de febrero, la oleada se había extendido de Alejandría en el norte a Aswan en el sur. Incluso en las fábricas propiedad de los generales, donde los trabajadores viven bajo una dura disciplina militar, prendió la mecha de las huelgas.”14

La relación que Rosa Luxemburgo describe en Huelga de Masas entre lo político y lo económico es de hecho algo latente y característico de cualquier sociedad capitalista y sus relaciones de producción y dominación. Es en una expresión práctica de la dominación política y económica a la que se ve sometida la clase trabajadora. Si lo pensamos bien, toda huelga tiene una dimensión política desde el momento que representa una amenaza a la dominación de los jefes o de las imposiciones de los gobiernos.

Sameh Naguib otra vez explica como este proceso se ha dado, de nuevo, en la Revolución egipcia de principios de año: “Así, en casi todas las grandes huelgas que han tenido lugar desde la revolución, una demanda muy importante era destituir a los gerentes corruptos y relacionados con el PND (Partido Nacional Democrático), y llevarlos a juicio. Esta demanda claramente política se integraba a las demandas económicas de sueldo mínimo, contratos permanentes para los trabajadores temporales, mejores condiciones laborales, etcétera.”15

Pero al contrario de lo que mucha gente puede pensar, las huelgas en Egipto no se han detenido con la caída de Mubarak: “La oleada de huelgas que comenzó en la tercera semana de revolución y que dio el golpe de gracia al régimen de Mubarak no terminó con la caída del dictador”. De hecho ha sido todo lo contrario y como reconoce Sameh Naguib: “En los dos meses posteriores a la caída de Mubarak han tenido lugar más huelgas y más trabajadores han participado en ellas que durante toda la oleada de huelgas del 2006-9, la más larga en la historia del Egipto moderno.16

A pesar de eso, las huelgas de masas por si mismas no pueden acabar con el sistema capitalista. Pueden llegar a ganar algunas concesiones, pero nunca el poder político y económico. Como decía el revolucionario Tony Cliff: “La huelga puede ganar el pan, pero no puede ganar la panadería.”17 Para que las huelgas no se queden en una interrupción sólo temporal de las relaciones de producción y por tanto de la dominación política, sino que se vuelvan algo permanente, se necesita ir más allá y llegar a tomar el poder político y económico por completo.

La Revolución que se extiende

Otra de las pautas de protesta que surgieron en la Revolución de 1905 fue la teoría de la Revolución Permanente de Trotski –más tarde confirmada por los acontecimientos. Entre otras cosas argumentaba que la burguesía rusa estaba tan ligada al estado zarista que a pesar de que la clase trabajadora no estaba muy avanzada o desarrollada, no podría haber una revolución “burguesa” antes del socialismo. Así la clase trabajadora sería la que –junto a los campesinos que formaban la mayoría de la población– acabaría con el zarismo. No sólo sería el motor de cambio, sino que asumiría el poder ella misma.

La Revolución Permanente no se trata de hacer la revolución siempre en todo momento. El nombre permanente viene no por su permanecía en el tiempo sino por otras dos razones. La primera es que se debe desarrollar a una escala internacional de la misma forma que lo hace el capitalismo internacional. La idea de que esto puede pasar no es algo abstracto que no haya pasado nunca. De la misma manera que la Revolución Rusa de 1917 se extendió inicialmente a Alemania, Hungría y otros países de Europa del Este, vale la pena recordar como la revolución en Túnez se extendió a Egipto y la de Egipto a otros países como Siria. A pesar de tener un final incierto no se puede negar que en todos estos países ha existido una revolución. La segunda es que la revolución se vuelve permanente en el sentido que transforma la sociedad de arriba a abajo, alentada por la interacción entre las demandas económicas y políticas, como hemos podido ver.

La revolución de 1905 significó una revolución democrática que tenia muchas posibilidades de llegar a ser una revolución socialista, lo que significaba quemar la etapa de la revolución burguesa. Egipto actualmente también vive una revolución democrática contra la dictadura que, como veremos, tiene también la posibilidad de ir más allá, transformándose en una revolución contra el propio capitalismo.

Pero esto en 1905 no estaba tan claro. Los mencheviques –surgidos de la división del Partido Socialdemócrata Ruso entre estos y los bolcheviques en 1903– decían que la revolución de 1905 debía ser “burguesa”. Es decir, sería liderada por la burguesía. Así que llamaban a los trabajadores a unirse a la burguesía en su lucha contra el zarismo. La teoría de la Revolución Permanente de Trotsky ayudó a clarificar la posición de los bolcheviques, aceptándola más adelante en la Revolución de 1917. Además los bolcheviques, a diferencia de los mencheviques, veían a los campesinos como una fuerza revolucionaria clave a tener en cuenta, que bajo el liderazgo de los trabajadores podría acabar con el zarismo, mientras que los mencheviques los veían como una fuerza demasiado conservadora.

Las teorías de los mencheviques tampoco surgían de la nada y se basaban en gran parte en la Revolución francesa de 1789, donde la burguesía acabó imponiéndose a la monarquía y tomando el poder político. Cuando estalló la revolución, la burguesía liberal, que era muy débil en Rusia, apoyo en ciertos aspectos la revolución: “Durante la huelga de octubre, los empresarios, no satisfechos con no poner ningún obstáculo para las asambleas de trabajadores en las fábricas, pagaban el 50% de los sueldos durante el tiempo que duró la huelga; en algunas fábricas se pagaba el sueldo completo. Nadie era despedido por la huelga.”18

Pero el desarrollo posterior de la revolución empezó a asustarlos. En noviembre, cuando los trabajadores pedían la jornada de ocho horas, la burguesía no sólo empezó los lockouts –cierres de fábricas– sino que se empezó a oponer a toda revolución. La burguesía tenía ahora más miedo de los trabajadores que de la posible contra-revolución zarista.

Evidentemente la sociedad egipcia, o cualquier sociedad actual, es muy diferente a la sociedad en la que se desarrolló la revolución de 1905 y es importante tener en cuenta que los procesos que implican la Revolución Permanente no se pueden dar en cualquier sociedad actual, especialmente en aquellas que ya tienen una democracia burguesa. Pero a pesar de esto también hay más de una similitud con Egipto y las revoluciones que se están dando en el mundo árabe.

Egipto –como Rusia en su momento– actualmente está menos desarrollado que muchas de las potencias capitalistas a nivel mundial. Pero a su vez, debido a las imposiciones del neoliberalismo, contiene formas avanzadas de capitalismo. En algunas áreas concretas hay una clase trabajadora muy concentrada y muy militante, pero también existe un número de personas muy grande que vive en áreas rurales muy empobrecidas. Grandes fábricas como la de Mahalla, con unos 24.000 trabajadores19, emplean a un descomunal número de trabajadores y trabajadoras con un potencial enorme para cambiar las cosas por el lugar que ocupan en la economía.

Lo mismo pasaba en la Rusia de 1905, donde las características concretas de la economía rusa, entre el viejo orden y un capitalismo con prisas por consolidarse, hacían que los trabajadores se concentrasen masivamente en grandes centros de trabajo. Así, a principios de siglo, el 42,8% de los trabajadores rusos se concentraban en apenas 453 empresas, con 1.000 o más empleados.20 Por ejemplo, la fábrica Putilov de San Petersburgo empleaba en diciembre de 1904 a 12.000 trabajadores.21 Por la posición que ocupaban dentro el capitalismo y su gran concentración en grandes fábricas, la clase trabajadora, a pesar de ser una minoría dentro de Rusia –39,2% frente al 60,8% de los campesinos–22 era la clave para derrotar no sólo al zarismo, sino también al capitalismo.

La clase trabajadora egipcia ha jugado un papel clave en la caída del régimen y de hecho actualmente se encuentra en una posición de fuerza debido al impulso de la revolución.23 A pesar de eso, también como en 1905, la clase dirigente –después de dejar caer a Mubarak para salvarse a si misma– está intentando limitar la revolución, llevándola a unas elecciones generales y maquillándola con simples cambios constitucionales, poniendo los cimientos para asegurar la pervivencia de la democracia burguesa. A pesar de eso, la realidad es que la revolución continúa en marcha y nada está decidido.

Recuérdalo tú, recuérdaselo a otros

Los métodos de lucha que surgieron en la revolución de 1905 nos dan una guía para entender ciertos patrones de protesta que se dan en los procesos revolucionarios. A pesar de eso, 1905 no deja de ser sólo una guía, y los patrones no son ni mucho menos inevitables. Depende de lo que hagamos todos y todas nosotros hoy y aquí, y de lo que haga la clase trabajadora a nivel internacional, que estos patrones se repitan en el futuro.

Hoy la peor crisis económica desde los años 30 ha generado una oposición política como no lo había echo antes. Esta oposición ya ha reavivado la lucha de clases. Pero al igual que sólo vemos la punta del iceberg de la crisis, la potencialidad de la lucha de clases es enorme. A veces puede haber aumentos de las luchas de los trabajadores durante pequeñas crisis económicas, pero grandes crisis y eventos políticos sostenidos en el tiempo a menudo juegan un papel vital para aumentar la combatividad de la clase trabajadora. La gran crisis ya está aquí, y los grandes eventos son los que hemos vivido este mismo año en Túnez, Egipto, Grecia, Londres y obviamente el movimiento 15M en el Estado español. El reto al cual nos enfrentamos, tanto aquí como en todos los otros países, es como involucramos en él a grandes secciones de la clase trabajadora, de la gente normal y corriente, que no se considera revolucionaria o anticapitalista.

1905 y sus lecciones nos dan algunos patrones que podemos seguir. Eso no significa copiar, sino aprender de la historia. Hablar simplemente de la clase trabajadora como una parte más -junto a las otras- de los explotados por el sistema, es no tener en cuenta cual es la clase que por la posición que ocupa en el sistema capitalista tiene el poder práctico de cambiar las cosas. La habilidad de los trabajadores para parar la economía y sus intereses colectivos como clase le dan el potencial para, no sólo liderar la lucha contra el capitalismo, sino conseguir una victoria real.

A su vez, es necesario que los revolucionarios no caigamos en el sectarismo y rompamos, a veces, con las antiguas concepciones que tenemos de trabajar, delante de un nuevo periodo de luchas, y así atraer a más gente a nuestras ideas. Esta lección, aunque parezca de poca importancia, es una de las más decisivas. Las huelgas o las luchas de los trabajadores, aunque sean de masas, por sí solas no son la solución definitiva. No importa las muchas concesiones que gane, o cuanta presión pueda ejercer contra el sistema, por sí sola nunca destruiría la maquinaria del viejo estado. La balanza, más tarde o más temprano, siempre se acaba decantando hacia un lado. Cuando uno no acaba con la maquinaria del estado, el estado acaba con él. Como dijo St. Just, líder de la Revolución Francesa de 1789: “Aquellos que hacen una revolución a medias cavan su propia tumba”.24

Para acabar con la clase dirigente la clase trabajadora debe liderar las luchas desde abajo, unificarlas y concéntralas. Pero eso no se hace por sí solo, requiere una red de activistas políticos con argumentos revolucionarios y con fuertes conexiones entre la clase trabajadora, capaces de aprender de la lucha y superar el conservadurismo. Esto no pasará a menos que los que ya somos revolucionarios seamos capaces de debatir y exponer nuestros argumentos claramente. La necesidad de una organización revolucionaria visible no es simplemente otro aspecto de una revolución, es algo fundamental para que esta pueda triunfar.

Sólo de esta forma podremos aprender las lecciones que nos muestra la historia. Lecciones que siguen siendo muy relevantes hoy en día, delante de una cada vez más grande polarización entre explotados y explotadores, entre opresores y oprimidos.

Notas

  1. Más sobre la Revolución Rusa en Trotski, L., 2007: Historia de la Revolución Rusa. Madrid: Veintisiete Letras. Disponible en www.marxists.org/espanol/trotsky/1932/histrev/tomo1/index.htm
  2. Las fechas citadas se refieren al calendario Juliano, el cual va 13 días por detrás del calendario occidental Gregoriano que usamos actualmente.
  3. Cliff, T., 1985: “1905”, Socialist Worker Review. Enero , pp. 15-17. Disponible enwww.marxists.org/archive/cliff/works/1985/01/1905.htm
  4. Ibíd. , p. 75.
  5. Ibíd. , p. 64.
  6. Nin, A., Los Soviets: su origen, desarrollo y funciones. Disponible enwww.marxists.org/espanol/nin/1932/soviets.htm
  7. Trotski, L., 1972: 1905. Nueva York. Citado en Cliff, T., 2001 “Revolution and counter-revolution: lessons for Indonesia” International Struggle and the Marxist Tradition. Tomo 1. Londres: Bookmarks p. 313.
  8. Nin, A.
  9. Más sobre estas revoluciones en González, M. 2001: Chile 1972-1973: revolución y contra-revolución. Barcelona: En luch a; Durgan, A. 2011: 1936: Guerra Civil y Revolución. Barcelona: En lucha.
  10. Cliff, T. 2000: Rosa Luxemburgo. Barcelona: En lucha, p. 18.
  11. Lenin, V.I. 1978: Informe sobre la revolución de 1905. Moscú: Progreso, p. 64.
  12. Thomas, M. 2005: “The birth of our politics: Marxists and the 1905 revolution”, International Socialism nº105 p. 65. Disponible en www.isj.org.uk/index.php4?id=51&issue=105
  13. Pokrovsky, M.N. 1933: Brief History of Russia, Tomo 2. Londres. p. 151. Citado en Thomas, M. 2005, p. 65.
  14. Naguib, S., 2011: The Egyptian Revolution. A political analysis and eyewitness. Londres: Bookmarks, pp. 25-26
  15. Ibíd. , p. 39.
  16. Ibíd. , p. 37.
  17. Cliff, T. 1995, pp.15-17
  18. Pokrovsky, M.N., 1993, p. 220. Citado en Cliff, T., 1994: Building the Party. Lenin 1893-1914. Londres: Bookmarks, p. 146.
  19. Naguib, S., 2011, p. 10.
  20. Trotski, L., 1971: 1905 Resultados y perspectivas. Tomo 1. París: Ruedo Ibérico, p. 21.
  21. Cliff, T., 1994, p. 151.
  22. Trotski, L., 1971, p. 37.
  23. “Los 22.000 trabajadores del téxtil de Mahalla desconvocan la huelga prevista para hoy tras conseguir un exitoso acuerdo”: http://t.co/irGfQVV Twitter de @egiptebarricada sábado 10 septiembre 2011.
  24. Cliff, T., 2001, p. 316.
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