Entrevista a Mike Eaude: “Montalbán no dejó nunca de denunciar al sistema y a los poderosos”

Xoan Vázquez entrevista a Michael Eaude acerca de su reciente libro “Con el muerto a cuestas: Vázquez Montalbán y Barcelona”, estudio sobre la ciudad en la literatura de Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003). El libro aborda sus novelas con una perspectiva inédita hasta hoy, resaltando tanto las calidades literarias de Montalbán como la naturaleza de su compromiso político.

Michael Eaude es activista en los movimientos sociales de Barcelona y militante de En Lluita. Colaborador de The Guardian, ha publicado varios libros en inglés, que incluyen Triumph at Midnight in the Century (con prólogo del historiador Paul Preston) sobre el sindicalista y escritor madrileño Arturo Barea y Catalonia: a Cultural History.

En un párrafo de tu libro confiesas que conociste Barcelona leyendo a Montalbán. ¿Es tu libro una búsqueda de esa ciudad en pleno cambio de la que Montalbán fue su gran cronista?

En los 80, cuando comencé a leer libros en castellano, Vázquez Montalbán era una presencia constante en la prensa y las librerías. Tuve la suerte de encontrar sus libros, ya que es un novelista muy asequible –sus tramas son interesantes, sus personajes vivos, su lenguaje usualmente bastante directo. Para una persona recién llegada a la ciudad, activa en la política revolucionaria y pateando las mismas calles que Carvalho, Montalbán era un cicerone perfecto.

No había pensado en que mi libro represente una búsqueda de esta ciudad. Tal vez sí, ya que la obra de Montalbán es la mejor crónica de los cambios enormes sufridos y gozados por Barcelona en las tres últimas décadas del siglo. De hecho, escribí el borrador en un brote de ira en los 6 meses después de su muerte en octubre de 2003, y como tal es un tributo a Montalbán. Pero, como creo que los mejores tributos no son hagiográficos, es también una crítica de su política.

¿Qué queda actualmente de esa Barcelona?

Como cualquier ciudad, Barcelona está en cambio constante. El capitalismo voraz está siempre cambiando los paisajes delante de nuestros ojos. En solo los 25 años que conozco Barcelona, el Raval, el Born, la playa, todo ha cambiado enormemente. ¿Mejor o peor? Las dos cosas. Montalbán solía decir algo como: lamento la destrucción de las señales de mi infancia, pero sé que es buena cosa que estos inmuebles inhabitables hayan desaparecido. Es un dicho que expresa la contradicción entre la nostalgia por el paisaje de tu pasado y el reconocimiento racional que, en sitios como el Raval, mucho tenía que cambiar. Claro, ha cambiado en beneficio, en general, de los intereses de los hoteleros y propietarios del suelo. La gente pobre sigue excluida. Pero no totalmente: una ciudad, sus calles y edificios, es terreno de la lucha de clases; y en Barcelona, las luchas de las asociaciones de vecinos de los 70 y 80 ganaron servicios sociales, parques y centros cívicos que de otra manera no habrían existido.

¿Crees que Barcelona sigue encarnando para los europeos del Norte esa idea del Sur, la sensualidad, el ocio y el escapismo tan presente en las novelas de Montalbán o, como decía el propio Manolo, el bulldozer y la TV han destruido todas las señas del pasado?

Sí, la gente del norte de Europa tiende a tener una visión idealizada de la vida mediterránea – y de hecho tenemos cierta razón, sentarte en una terraza al lado del mar tomando un vino es un placer real, no una fantasía. Claro, los visitantes la viven en vacaciones y desconocen la realidad de pisos cutres y caros, trabajos inestables, contaminación asesina etc. Me era chocante descubrir que Montalbán fantaseaba con un ‘Sur’ más romántico, sea Tailandia o los mares del Sur. En sus libros de Carvalho, el detective u otro personaje siempre está huyendo de la ciudad, antes de siempre volver. Montalbán está expresando un deseo común de romper los lazos de nuestras vidas circunscritas por trabajo, frustración o pobreza y buscar la hierba más verde al otro lado de la colina. Claro, la hierba no suele ser más verde allí, pero la ilusión que lo sea nos sustenta. Y cuando vemos que no es mejor que tu sitio de origen, ayuda a tener este en perspectiva. Montalbán expresa muy bien la sensación agridulce de este deseo de huida y nos enseña que la huida soluciona poco.

Sobre las señas de nuestros pasados, hay que intentar no ser sentimental. Bajo el capitalismo, todo lo familiar cambia rápidamente. No hay que vivir anhelando un pasado destruido, sino en el presente –la única realidad que hay. La importancia del pasado es de entender lo que realmente ocurrió para poder crear un mejor presente.

Montalbán defendió siempre el papel de la literatura en la construcción de la ciudad democrática. ¿Cómo crees que hubiese vivido el 15M con las ocupaciones de las plazas y las asambleas populares en Raval o en Ciutat Vella?

Creo que habría vivido el movimiento de manera contradictoria. Me explico. Montalbán era leal a Iniciativa, el heredero más derechista del PSUC. El papel de Iniciativa en el gobierno catalán del tripartit entre 2003 y 2010 le habría causado todo tipo de contradicciones. Me gustaría pensar que su pluma tan cáustica hubiera puesto a parir a un Saura dando órdenes para que los Mossos den palizas a los y las estudiantes manifestándose contra Bolonia, inclusa a gente de su propio partido. De todos modos, habría dado sin duda un apoyo general al movimiento 15-M. Él se acordaba de los años 40 y 50 cuando no era posible manifestarse en las plazas: solo existía un atisbo de libertad en las azoteas. A pesar de su política ‘institucional’, habría gozado de las grandes asambleas en las calles.

Todos los estudiosos de Montalbán coinciden en que a lo largo de su obra da voz a los millones de acallados por la historia y explica de forma sencilla y didáctica cómo funciona el capitalismo. ¿Se le podría calificar como un novelista político?

¡Sí, y tanto! Su motivación principal era política. Periodista y estudioso del periodismo, entendió muy bien cómo los medios ejercen un control y una educación ideológica a favor de los intereses del capitalismo. Él se puso a escribir novelas populares –las de Carvalho– para intentar llegar al máximo número de personas posible con ideas alternativas. Tiene novelas más y menos políticas, pero la política está empotrada en todas. Los mares del Sur (la mejor de Carvalho) habla de los fracasos del PCE en la transición; El delantero centro, de la especulación inmobiliaria; Galíndez, del asesinato de un exiliado vasco por la dictadura de Trujillo; El pianista, su mejor novela, creo, sobre las derrotas de la revolución del 36 y de las esperanzas de la izquierda en la Transición. Y en todas, como dices, intenta contar la verdad acerca del pasado, porque sabe que no podemos tener una democracia real hoy si no retamos las mentiras de la dictadura y sus apologistas –y esto conlleva dar voz a las millones de acalladas.

En una entrevista concedida en 1999 al periódico “La Jornada” Montalbán afirmaba que “la poética del neocapitalismo es la novela policíaca. El neocapitalismo genera una sociedad cargada de tensiones, de relación entre política y delito, de doble moral. La poética de la novela negra es una poética adecuadísima para describir los conflictos sociales de cada época. Por eso hay toda una tendencia trotskista, de narradores inspirados por el teórico marxista revolucionario Mandel, quien llegó a escribir un libro en el cual sostiene que la única novela legítima y ética de nuestro tiempo es la policíaca”. Jean Patrick Manchette, gran escritor de novela negra y también militante trostkista, dijo que la novela negra era la novela social del siglo XX. ¿Que hay de cierto en esta afirmación?

No conocía esta cita. Ernest Mandel era un gran forofo de la novela negra. Mucha otra gente, como González Ledesma y Mariano Sánchez Soler aquí, o Walter Mosley y Sara Paretsky en los Estados Unidos, argumenta que la novela negra es la novela social de nuestros tiempos. Depende de qué tipo de novela negra: ¡ojo!, que hay novela negra muy explotativa que solo trata de palizas y asesinatos, usualmente en marcos muy machistas. La novela negra tipo Montalbán, Donna Leon o Andrea Camilleri utiliza un policía o detective como herramienta para indagar en capas sociales muy diferentes y así explicar cómo funciona la sociedad. El capitalismo es criminal: cualquier investigación a fondo de un crimen conduce a una explicación o un descubrimiento de lo podrido del sistema. Pues sí, a menudo la novela negra es novela social.

Montalbán, que tenía aversión a las clasificaciones generalizadoras, afirmaba que lo que él hacía era “una crónica”, novelas de conocimiento social mediante la estrategia policíaca. ¿Crees que las novelas de Montalbán entran en los postulados tradicionales de lo que se conoce como novela negra?

Sí y no. No es exactamente como Raymond Chandler o Dashiell Hammett, los ‘padres’ norteamericanos del género; es de una generación posterior, un continente diferente y dobla el género a sus propósitos. Lo que comparte con Chandler, por ejemplo, es la denuncia de la corrupción y el rechazo de su detective a colaborar con la policía, quien trabaja para los patronos. También era un innovador importante en el género: la ‘familia’ poco ortodoxa de Carvalho, por ejemplo, o sus excentricidades geniales como la quema de libros –porque los libros burgueses no le habían enseñado nada útil- o las comidas pantagruélicas. Y más de nada, es innovador por su arraigo a un tiempo real. En la ‘crónica’ de Carvalho, Montalbán, con atrevimiento, describe siempre una Barcelona contemporánea, desde la pre transición a las post Olimpiadas. Está explicando a sus co ciudadanos y ciudadanas lo que acaba de pasar y sus personajes envejecen con sus lectoras y lectores, lo que crea una complicidad íntima entre él y su público.

En su “Historia social de la novela negra” Ernest Mandel critica que los libros de Montalbán están empapados de una atmósfera de tedio y escepticismo. Sin embargo, para otros autores como Juan Marsé, Montalbán fue el primer cronista de las miserias políticas. Tu vas un poco más lejos y afirmas que tenía una postura anticapitalista muy definida. ¿Nos podías explicar en que sentido?

El libro de Mandel salió antes de que Montalbán publicara El pianista en 1985 que, entre otras cosas, era un ataque frontal contra el ‘tedio y escepticismo’ de una nueva generación desencantada por la transición. El corazón ético de El pianista es un viejo poumista, derrotado por la historia pero leal a sus principios. Mandel está atacando el eurocomunismo en sus comentarios sobre Montalbán. Sin embargo, Montalbán es a menudo mucho más crítico con Barcelona y su modelo de desarrollo, basado en atraer turismo, congresos y negocios a la ciudad, en sus novelas que en su actividad política – una contradicción que ilumina el poder que tienen los y las buenas novelistas: retratan todo un mundo y el retrato, si son honestas, con frecuencia va más allá de las opiniones explícitas del autor o la autora. No cabe duda de que Montalbán era un anticapitalista, en el sentido de que buscaba por toda su vida adulta una transformación profunda de la sociedad. Sin embargo, como he dicho, era de un partido socialdemócrata (Iniciativa), aunque en sus escritos sus críticas al desarrollo de Barcelona van más allá de Iniciativa, que apoyó por ejemplo los Juegos Olímpicos del 92, los cuales Montalbán detestó. Una clave a estas contradicciones, creo, yace en que Montalbán dejó de creer en la posibilidad de cambio revolucionario. Vio con claridad que solo existía un agente de un cambio revolucionario –la clase trabajadora consciente y organizada–, pero pensaba que esta clase había desaparecido. Sin embargo, a pesar de esta conclusión deprimente y su pesimismo consecuente, no dejó nunca de denunciar al sistema y a los poderosos y abogar por una sociedad diferente.

En el capítulo de tu libro en el que describes al Montalbán más político, te refieres a que nunca dejó de mostrar su solidaridad con las personas que poblaban el paisaje de su infancia y no dudó en escribir alegatos contra el culto a la personalidad y a favor del socialismo desde abajo. ¿Crees que Montalbán era un poco como describió a su personaje Carvalho: un izquierdista que pone en duda el poder, sea el político, el económico o el cultural y que en todo caso es más anarquista que dependiente del socialismo científico?

Creo que a Carvalho no le retrata como un izquierdista. El detective es escéptico sobre lo que dicen los poderosos –algo esencial para poder entender cómo funciona la sociedad– y expresa su solidaridad con la gente pobre, algo que sí comparte con el autor. Es importante no embellecer el PSUC, el gran partido antifranquista del comunismo catalán. Era un partido eurocomunista, educado en la política del Frente Popular, aprovechando una versión distorsionada de Gramsci para justificar su política no revolucionaria. A pesar de esto, Montalbán y su generación del PSUC utilizaban la terminología del socialismo científico. Su tragedia era la tragedia de la clase trabajadora española: que el POUM fue derrotado y cualquier conexión con la tradición del marxismo revolucionario se troncó por la victoria del franquismo.

No era anarquista, pero tenía simpatías con el anarquismo por su madre y por gente que conoció en el Raval de su juventud. Era leal al PSUC, pero también crítico con él. Su ensayo Pasionaria y los siete enanitos es poco respetuoso con el Partido Comunista: odiaba cualquier culto a la personalidad. Sin embargo, sería exagerado decir que creyera en el socialismo de abajo: su estrategia era la eurocomunista de ganar poder poco a poco en las instituciones de la sociedad capitalista.

En conclusión, este escritor y activista tan complejo, ¿cómo lo resumirías?

Era un escritor de muchas facetas –poeta, periodista, ensayista-. Quiero realzarle como gran novelista. Gran novelista político, sí, pero gran novelista, punto. En media docena de libros sobresalientes, nos pintó un retrato sutil y verídico de nuestra sociedad y de nuestros deseos íntimos. Además, era un luchador político durante casi 50 años.

La Hiedra tiene una línea política diferente de la suya, pero podemos gozar y aprender de su ejemplo.

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