Las ideas de Tony Cliff: una guía para la acción

Reproducimos aquí algunos fragmentos de la autobiografía política del revolucionario Tony Cliff que alimentan el debate sobre la necesidad de la organización revolucionaria y la autoemancipación de la clase trabajadora. Introducción por Toni Pizà.

Cliff fue un trotskista de origen palestino nacido en 1917 (un guiño del azar para una persona que dedicó su fuerza a la confrontación con el capitalismo y al socialismo revolucionario) que pasó la mayor parte de sus días en Gran Bretaña. Allí fundó el grupo Socialist Review Group, que acabó convirtiéndose en International Socialists y posteriormente en el Socialist Workers Party (SWP).

El SWP es una organización revolucionaria que forma parte de la Corriente Socialismo Internacional (IST en sus siglas inglesas), la corriente internacional en la que participa En lucha, además de decenas de otras organizaciones alrededor del mundo y que comparten una misma visión ideológica alrededor del socialismo desde abajo. Actualmente se trata de la mayor organización revolucionaria de Gran Bretaña, con una fuerte implantación y un papel central en las luchas contra la austeridad del gobierno de Cameron, así como en campañas como United Against Fascism (una plataforma que combate el fascismo de organizaciones como la English Defence Leage y el British National Party), Stop the War o People before profits, entre otras.

Una de las mayores aportaciones teóricas de Tony Cliff al marxismo fue la caracterización de clase de la Rusia estalinista. La URSS no era un “estado obrero degenerado”, como argumentaba el trotskismo ortodoxo, sino capitalismo de estado: no existía propiedad privada y la economía estaba planificada, pero existía una nueva clase creada alrededor de la burocracia estalinista que controlaba los medios de producción y que explotaba a la clase trabajadora. No había control obrero, y el estado estaba en manos de la clase dirigente que lo usaba para explotar a la clase trabajadora con un totalitarismo férreo, también en los centros de trabajo, y con la misma lógica de acumulación y de imperialismo y enfrentamiento entre potencias capitalistas. Esta visión tenía consecuencias teóricas y prácticas mucho más profundas de lo que podemos imaginar en la actualidad. Recuperaba en un momento de debilidad teórica del marxismo el hilo rojo de la centralidad de la clase trabajadora y su autoemancipación.

Otras contribuciones teóricas como la teoría de la economía armamentística permanente, que explicaba el crecimiento económico de posguerra en los países avanzados, y la revolución permanente desviada, para entender las dinámicas de las luchas de liberación nacional en el período de descolonización, dieron forma a lo que posteriormente Cliff llamó “la troika”: una revisión de las antiguas categorías teóricas del marxismo que no explicaban correctamente la realidad del momento. Como decía el mismo Cliff, “el contenido siempre esta antes que la forma”.

Este articulo, “Construyendo en la subida”, es una traducción parcial del libro que escribió en 1999 como autobiografía política1. En él habla del crecimiento de la organización International Socialists, antesala de lo que sería el SWP, entre los años 1968 y 1974. Hemos escogido estos extractos (páginas 84-86, 98-104 y 114-116, que forman parte de los capítulos 4 y 52) por dos razones. En primer lugar, porque muestran que ante una situación de luchas generalizada y de avance de la clase trabajadora una organización revolucionaria pequeña, pero bien cohesionada, puede jugar un papel crucial en los acontecimientos y crecer significativamente. Y en segundo lugar, porque Cliff también usa como excusa este hilo conductor para ir dando pinceladas a diversos temas claves, combinando en todo momento lo teórico con lo táctico, que vuelve a ser de rabiosa actualidad: el papel de las estudiantes, el movimiento estudiantil y su relación con la clase trabajadora, el mayo francés y el papel de las burocracias sindicales y la necesidad del partido revolucionario y el centralismo democrático.

La situación subjetiva de finales de los 60 era muy diferente a la actual. La sensación de derrota después de la Transición y estos 40 años de travesía por el desierto lastran la situación actual de la clase trabajadora, tanto subjetivamente como organizativamente. Además, la losa del estalinismo persigue a todas aquellas que se identifiquen con la tradición teórica del marxismo revolucionario, y aún queda mucho por avanzar. Aún así, en los últimos tiempos hemos vivido luchas y revoluciones alrededor del mundo que pueden cambiar esta situación objetiva, desde Tahrir a Oakland, pasando por Atenas y Barcelona. Siguiendo la estela de Cliff, el peor error que podríamos cometer es usar las experiencias pasadas como la verdad desvelada. Debemos ver las diferencias del contexto político actual y el de aquel momento, y ser capaces de extraer lecciones de las experiencias pasadas que nos sirvan como guía para la acción, constantemente poniendo en práctica estos aprendizajes teóricos y remodelándolos.

Construyendo en la subida

Por Tony Cliff

Durante este período [los años 60] también vimos sentadas, huelgas y manifestaciones a nivel universitario en todo el mundo: en Berkeley en 1964, Berlín en 1966-67 y en París en 1968. En Tokio grandes cantidades de estudiantes participaron en las movilizaciones. Los estudiantes británicos se involucraron en este movimiento en marzo del 1967, con una sentada en la London School of Economics (LSE). 1968 fue un año de acontecimientos trascendentales. En enero, el Frente de Liberación Nacional en Vietnam lanzó la ofensiva del Tet, con grandes victorias pese a la superioridad militar de EEUU. En mayo Francia vivió la huelga general más grande de la historia, con ocupaciones de fábricas, provocada por un movimiento estudiantil de masas.

La lucha en las universidades

El rol de las estudiantes en la sociedad ha cambiado radicalmente durante las últimas dos generaciones, sobre todo ha cambiado la composición social de las estudiantes. Como resultado de los cambios en el capitalismo y en el trabajo intelectual, la mayoría de estudiantes ya no son entrenados como futuros miembros de la clase dirigente, ni tan solo como agentes de los jefes con funciones de supervisión, sino como trabajadores y trabajadoras de cuello blanco del estado y la industria y, por lo tanto, forman parte del proletariado.

Un aspecto central de la “tercera revolución industrial” es la integración de trabajo manual con el trabajo mental, del trabajo intelectual con el trabajo productivo: el elemento intelectual se vuelve fundamental para el desarrollo de la economía y la sociedad. Pero esta fuerza productiva entra cada vez más en conflicto con la naturaleza irracional del capitalismo. El conflicto se expresa en la vida universitaria como una contradicción entre la demanda entre la transmisión de conocimiento dictada por las necesidades inmediatas de la industria y la necesidad de permitir una determinada cantidad de libertad intelectual. En especial esto se aplica a los científicos sociales, que tienen que “resolver” los problemas sociales del capitalismo al mismo tiempo que tienen que entender, al menos en parte, qué genera la rebelión contra el capitalismo.

Otro factor que enciende la revuelta entre quienes estudian es el sentimiento de inseguridad de no saber qué pasará en sus vidas el día siguiente a la graduación. Los y las estudiantes de una generación previa sabían de antemano qué lugar ocuparían –en las altas esferas de la sociedad. Eso es diferente para las estudiantes de hoy. En la universidad no encuentra el tipo de educación que esperaba, y después de graduarse es más y más difícil obtener el tipo de trabajo que le habían prometido. El sentimiento de inestabilidad, incertidumbre, crea malestar, que fácilmente se combina con otros factores para crear una combustión revolucionaria.

Otra característica significativa de las personas estudiantes es su juventud. En ningún otro lugar en la sociedad capitalista la gente joven es separada y agrupada del mismo modo. No hay fábricas únicamente con trabajadoras jóvenes. Pero el capitalismo tardío concentra un número creciente de estudiantes en instituciones especiales. Esto tiene algunas desventajas para el desarrollo a largo plazo del movimiento estudiantil –aislado de la masa de la población puede ser golpeado por las autoridades sin recibir ayuda de fuera, y es incapaz por sí mismo de dañar realmente a la clase dominante atacando a sus beneficios. También carece de una tradición de lucha sostenida que algunas secciones de las trabajadoras sí tienen. Pero esta falta de tradición también significa falta de inhibición por maneras de luchar pasadas de moda o derrotas previas. Sólo la juventud puede enfrentarse al capitalismo tardío con el recurso de una imaginación ilimitada. No está lastrada por el pasado. Cuando las jóvenes trabajadoras luchan por sus objetivos, todas muestran algo de esa iniciativa y esa habilidad para aprender rápidamente. Pero sólo en las universidades estas cualidades están realmente concentradas. Esto es por lo que los y las estudiantes han sido las primeras en responder desinhibidamente al desencanto mucho más amplio con formas políticas anteriores.

Problemas de crecimiento

Siempre se debe luchar contra la inercia conservadora que plaga incluso a las organizaciones más revolucionarias. Como he dicho, entre abril y octubre de 1968 la militancia de nuestra organización creció de 400 a 1.000. Este crecimiento tan acelerado provocó una crisis seria en la organización. Nos vimos obligados a hacer tres conferencias nacionales en 1968.

Había profundas divisiones por todos lados. Se habían afiliado centenares de estudiantes en los meses anteriores y tenían ideas de todo tipo. Además los eventos de mayo [del 68] crearon una gran creencia en la espontaneidad e ilusiones de posibilidades inmediatas de revolución.

Es cierto que el 20 de mayo empezó la mayor huelga general de la historia. Un millón de personas se manifestaron en París. Pero los estalinistas franceses que controlaban las burocracias sindicales no desaparecieron. Asustados de que los y las estudiantes revolucionarias se mezclaran con las trabajadoras, insistieron en separar los dos grupos creando un cordón de 20.000 delegados sindicales cogidos de los brazos para separarlos. Diez millones de trabajadoras fueron a la huelga, pero los comités de huelga no eran elegidos. Eran designados por las burocracias de los sindicatos. Es cierto que millones de trabajadoras ocuparon las fábricas, pero desde el inicio de las ocupaciones, la burocracia sindical insistió en que solo una pequeña minoría de las trabajadoras permaneciera en las fábricas mientras a la mayoría se la enviaba a casa. Si las personas trabajadoras se hubieran quedado en la ocupación, la huelga hubiera sido activa. Ahora era pasiva.

Desgraciadamente no existía una organización revolucionaria grande que hubiera podido superar la burocracia. En Rusia, en marzo del 1917 el Partido Bolchevique tenía 23.600 miembros y creció hasta 250.000 en agosto del mismo año. La clase trabajadora industrial francesa era significativamente mayor que la clase trabajadora rusa de 1917. Si hubiera existido una organización revolucionaria de decenas de miles de personas, podría haber argumentado que los bloques de trabajadores y trabajadoras en la manifestación no debían ir separados de las estudiantes. Podría haber propuesto elecciones democráticas de los comités de huelga y convencido a millones de ocupar las fabricas para permanecer dentro, creando una fuerza colectiva mucho mayor de la que esas mismas trabajadoras tenían cuando eran una suma de individualidades. Por desgracia, el número total de revolucionarias en Francia podía ser contado por centenares.

Por lo tanto, el gobierno rápidamente hizo que los sindicatos aceptaran un compromiso con la patronal sobre un incremento de sueldos. Se acabó la ocupación de las fábricas, se desconvocó la huelga y se preparó el terreno para el retorno del presidente, el general de Gaulle. Cuando se ocuparon las fábricas, de Gaulle estaba tan desmoralizado que voló fuera del país para refugiarse con las tropas francesas en Alemania Occidental. Pero ahora volvía para mandar de nuevo. El 30 de mayo hubo una manifestación de derechas de medio millón de personas en París. La policía recuperó las emisoras de televisión y radio, echó a las trabajadoras que aún estaban ocupando, atacó cualquier manifestación que quisiera seguir la lucha e incluso mató a dos trabajadores y un estudiante. Durante el potencial revolucionario del 68, que podía haber llegado lejos, la lucha paró antes de vencer una y otra vez. Y éste ha sido el patrón en otras revoluciones.

¿Por qué es tan importante el centralismo democrático? Si quieres ir de Londres a Birmingham necesitas un bus y una conductora. No necesitas discusión democrática, porque se ha seguido la ruta antes. El problema es que la transición del capitalismo al socialismo es algo que nadie ha experimentado antes. No sabemos los problemas que aparecerán durante el camino y qué tendrá que hacer el partido para hacer avanzar la lucha.

Si no lo sabes, sólo hay una manera de aprender: estando enraizado en la clase trabajadora y aprendiendo de la clase. Todo lo que esté conectado a nuestra lucha debe ser puesto a prueba, simplemente porque no conocemos las respuestas adecuadas. Si la emancipación de la clase trabajadora es acto de la misma clase trabajadora, la clase trabajadora nos enseñará con sus propias experiencias, y esto se debe reflejar en los debates que se tengan en el partido y dar forma a la estrategia resultante.

Para una revolución de la clase trabajadora necesitas una democracia profunda. Y la revolución consiste en que la clase trabajadora se convierta en la clase dominante, en crear el sistema más democrático de la historia. A diferencia del capitalismo, donde cada cinco años eliges a alguien que te represente falsamente (porque están completamente en las manos del capital), aquí sería una historia completamente diferente. Bajo el capitalismo eliges a los diputados, pero no a los jefes. No elegimos a los oficiales del ejército ni a los jueces. En un estado de las trabajadoras todo está bajo el control de las trabajadoras. Todo está en manos de las trabajadoras. Es la forma más extrema de democracia. Por lo tanto, dentro del partido revolucionario debe haber un debate democrático que refleje la experiencia de las camaradas, que son parte de la clase trabajadora.

Si todo esto es cierto, ¿por qué necesitamos centralismo? En primer lugar, la experiencia es desigual. Las trabajadoras tienen experiencias diferentes. Debemos juntar toda esta experiencia. Incluso en el partido revolucionario los miembros están influidos por presiones diferentes. Están influidos por la imagen general y por la sección de las trabajadoras a la que pertenecen. Como escribí en 1968, “Marx argumentó que dado que la ideología que prevalece bajo el capitalismo es la ideología de la clase dirigente, las políticas revolucionarias no reflejan las ideas actuales de la clase”.

Debemos tener una imagen clara del estado de la consciencia de clase, pero el papel del partido es superar la experiencia parcial. Necesitamos centralizar toda esa experiencia. Además necesitamos centralismo porque la clase dominante está altamente centralizada. Si no tenemos el mismo poder organizativo que nuestro enemigo nunca podremos ganar. Nunca he sido un pacifista. Si alguien me ataca con un palo debo tener un palo más grande. No creo que una cita de El Capital de Marx pare a un perro rabioso que me ataca. El poder de nuestra organización debe ser simétrico al de nuestros enemigos. Es esto lo que no puedo entender de las anarquistas cuando me dicen que después de una revolución debemos abolir inmediatamente el estado. Los capitalistas tendrán un estado en algún sitio. ¿Cómo mantienes el poder de las trabajadoras frente a una oposición capitalista organizada sin un estado revolucionario de las trabajadoras?

El centralismo democrático por lo tanto implica el debate y la discusión más libres sobre cómo llevar adelante las luchas basándonos en una estimación de las posibilidades del momento, combinado con llevar a la práctica las decisiones tomadas de forma centralizada. Entre conferencias el Comité Central es responsable del liderazgo. En partidos burgueses el liderazgo extrañamente rinde cuentas por sus acciones. Los diputados no pueden ser revocados entre elecciones. Los gobiernos esconden sus fallos detrás de “la economía mundial” o “poderes económicos más allá de nuestro control”. Ellos dependen de la pasividad de las personas afiliadas a su partido, que están allí sólo para sondear en época de elecciones o dar ovaciones. El Comité Central del SWP rinde cuentas de su línea política cada semana a través de las páginas del Socialist Worker. Debido a que somos una organización de activistas, si el Comité Central toma una posición equivocada respecto a un tema las camaradas nos lo harán saber pronto. Cada semana las camaradas saben qué defendemos respecto a los temas centrales del momento.

Si la democracia es esencial para asimilar la experiencia de la lucha, el centralismo y la disciplina son necesarios para liderar y hacer avanzar la lucha. La cohesión de la organización permite al partido actuar, tomar iniciativas, dar dirección a la acción de masas. Un partido que no tiene confianza en sí mismo no puede ganar la confianza de las masas. Un partido revolucionario no puede existir sin un liderazgo fuerte, con el poder de actuar rápidamente y dar dirección a las actividades de los miembros. Un partido es una organización centralizada que lidera una lucha determinada por el poder. Como tal requiere disciplina de hierro a la hora de actuar.

Condiciones favorables para el crecimiento

La derrota electoral de los Tories3 en 1974 supuso la culminación de un gran avance de la clase trabajadora. Respecto a nuestras aspiraciones sobre la International Socialist, volvían a ser muy altas. Los últimos años habían sido muy buenos para la organización; de 880 afiliadas en 1970 pasamos a 3.310 en el 74. La composición social de las personas afiliadas también cambió radicalmente. En el 70 la International Socialist estaba compuesta principalmente por estudiantes y personas trabajadoras de cuello alto, con pocas trabajadoras manuales. Los y las estudiantes jugaron un papel importante vendiendo el periódico en las fábricas y hablando con las trabajadoras.

Lenin escribió que en un partido revolucionario no hay tropa: todas somos líderes. A diferencia de los partidos reformistas, donde la dirección ve a sus militantes como ovejas a las que conducir pasivamente, el partido revolucionario busca que la clase trabajadora actúe en su propio interés y esto significa intervenir en debates sobre “qué hacer” a todos los niveles. Por lo tanto no puedes ser una líder si estás únicamente atada a la vida interna del partido. Es una cuestión de cómo la organización se relaciona con aquellos que no son miembros de la misma. Es una prueba de liderazgo.

Muchas veces he discutido con camaradas y han estado en contra de lo que decía, pero después media hora más tarde podía escuchar a las mismas camaradas repitiendo mis argumentos. Esto muestra tanto la fricción como el acuerdo que se necesita para liderar en una situación práctica. El liderazgo es un diálogo y no hay diálogo con la gente con la que estás de acuerdo al 100%. El liderazgo es debatir con gente con la que estás un 50% de acuerdo y a través del debate ser capaz de aumentar el nivel a un 60% o más.

[El periódico] Socialist Worker jugó un rol crucial en este crecimiento. En septiembre de 1968 se convirtió en un periódico semanal. Tenía cuatro páginas y tenía una apariencia muy descuidada. Lo vendían principalmente estudiantes en las puertas de las fábricas. Poco a poco el periódico fue mejorando. Llegó a tener 16 páginas semanales en el 1972, y las ventas crecieron de 8.000 semanales en 1969 a 31.000 en 1974.

Notas

1. Cliff, T. 2000: A world to win. Life of a revolutionary. Londres: Bookmarks Publications Ltd.
2. Ibíd., “The turn to industry, students and the founding of Socialist Worker” y “Building in the upturn”
3. Nombre que se le da a los conservadores en Gran Bretaña N. del T.

Lenin y el partido revoluionario

Entre muchas otras obras Tony Cliff escribió una biografía de Lenin. El Viejo Topo y Ediciones La Hiedra han editado recientemente por primera vez en el Estado español el primer volumen de esta biografía Lenin: la construcción del partido. Por Albert Portillo.

En las actuales circunstancias, desde la crisis del capitalismo en 2008, muy poca gente confía en la autorregulación del capitalismo. En realidad, el haber entrado en un periodo contestatario caracterizado por el estallido de revoluciones en regímenes autoritarios y la movilización de la clase trabajadora en regímenes liberales, ha conducido a un cuestionamiento de las ideas liberales. Las oleadas de huelgas y los movimientos sociales de protesta se enfrentan a unos problemas para los cuales la experiencia histórica es de gran utilidad. Y dado que la historia de las ideas es la lucha de las ideas, hay que vencer las ideas liberales que predominantes en nuestras sociedades, liberales, recogiendo las ideas de los y las revolucionarias.

Aquí entra en acción la renovación de Lenin y sus ideas de organización del partido revolucionario, puesto que hay muchos prejuicios acerca cómo ha de organizarse un partido revolucionario. Cliff “rescata” las ideas de Lenin sobre la construcción del partido revolucionario de deificaciones estalinistas e interpretaciones sectarias.

Las ideas esenciales sobre cómo organizar el partido se resumen en: la democracia interna del partido y la adaptabilidad de éste a las circunstancias que se fuera encontrando. El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), fundado en 1898, viró de un modelo elitista y teórico basado en círculos de estudio de los autores marxistas a una actividad más práctica, la agitación obrera; esto es llevar las ideas socialistas a los y las trabajadoras y participar en sus luchas.

Hay que tener en cuenta que los círculos marxistas se encontraban en las décadas de 1880 y 1890 muy influenciados por el pensamiento y la actividad de los narodnik, revolucionarios que defendían la acción terrorista para hacer la revolución. Así pues, una de las primeras tareas de Lenin consistió en comprender la sociedad en que se hallaba para entender cuál era la acción revolucionaria más conveniente. La conclusión a la que llegó Lenin fue que “la tarea clave de los marxistas es la de impulsar y agudizar la lucha de clases del proletariado contra los capitalistas”. Criticó a los narodnik por su concepción reaccionaria del socialismo, basado en ligar al campesinadoo a la tierra y querer detener el desarrollo de los medios de producción. Gracias a su propio análisis vio que la fuerza revolucionaria se encontraba en el proletariado aglutinado en las urbes industriales. Así, la tarea de los marxistas consistía en organizar y concienciar el proletariado.

Para Lenin la cuestión de si el partido debía estar centralizado en la actividad de unos cuantos militantes que fueran “revolucionarios profesionales” o extendido a toda la clase obrera dependía de la situación política. La ilegalización del partido y la persecución de sus miembros por parte de la policía zarista conducía al primer tipo de organización. Justamente uno de los mayores problemas de los marxistas entre 1880 y 1890 fue la persecución policial de los círculos marxistas que surgían espontáneamente. En cambio, con la legalización del partido y la Rrevolución de 1905 el partido tenía que crecer por fuerza si quería respaldar la revolución. En 1905 Lenin vio la necesidad de acrecentar las fuerzas del partido con obreras y obreros con ganas de luchar, que compensaran la inactividad de los intelectuales.

Precisando un poco más, la organización revolucionaria debía devenir un partido de ámbito federal que conectara los diversos círculos marxistas que habían ido surgiendo desde 1880. Tras el congreso fundacional de 1898 Lenin observó que era preciso la creación de tal partido y el engranaje del partido debía ser el periódico. El fin de toda organización revolucionaria debía, y debe ser, la organización de la lucha local de las trabajadoras en una lucha global de clase. Además con la unificación de todas las y los marxistas sería posible una división del trabajo que permitiría escribir más folletos, repartirlos, crear unas pautas de activismo organizado, etc.

Dado que ya había ideas marxistas en 1900 diseminadas por toda Rusia, era esencial la articulación de esas ideas en un programa de partido donde discutir táctica y estrategia. Para eso era clave la publicación de un periódico que apareciera regularmente y fuera fruto de la colaboración de los círculos locales. Parafraseando a Lenin: “el fin del periódico era el de dejar claro los puntos de vista del partido respecto de todas las cuestiones políticas”. Con lo cual el partido podía sostener luchas de modo coherente en la teoría y en la práctica.

Además, cómo señalan los compañeros Joel Sans y Andy Durgan en el prólogo del libro, con ello el partido establecía una “relación entre los trabajadores y el partido [de] aprendizaje en dos direcciones, con el partido actuando como la memoria de las lecciones de luchas pasadas al mismo tiempo que aprendiendo y generalizando las buenas ideas de la clase trabajadora en el presente”. De este modo, el partido debía vincularse estrechamente con la clase trabajadora con tal de garantizar una verdadera organización democrática y de clase, y para los y las trabajadoraes el partido era un importante espacio de concienciación y discusión teórica.

La genialidad del análisis de Lenin sobre la organización revolucionaria estriba en que éste concebía el partido como un ente flexible capaz de concretar las demandas de la clase trabajadora en luchas concretas (táctica), por ejemplo, luchas laborales como la reivindicación de la jornada de ocho horas, pero sin perder de vista el objetivo final (estrategia), la consecución del socialismo.

Para Lenin la reivindicación y lucha por mejoras sectoriales (como las laborales) tenían un alto grado de atractivo para los y las obreras, quienes en el transcurso de la lucha se radicalizaban queriendo llegar más lejos. Lenin, pero, consideraba necesaria una gran dosis de realismo, es decir, de actividad teórica: la toma de conciencia del desarrollo de la lucha de clases en su momento histórico concreto.

Como resultado de este análisis el partido consiguió arraigarse en la clase trabajadora, aprender de la experiencia de 1905, sobrevivir a la persecución policial (¡esto es especialmente importante!) y triunfar en la Rrevolución de 1917. Ya que, y citando a Cliff, “lo que de verdad importa no es qué se adquiere, sino qué se hace con los elementos adquiridos”. La teoría revolucionaria debe necesariamente complementarse con un activismo revolucionario a través de una organización de este tipo.

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2 respuestas a Las ideas de Tony Cliff: una guía para la acción

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