Textos anticapitalistas: De la indignación a la revolución

Albert Portillo recomienda en este artículo el nuevo folleto de En Lucha/En Lluita: De la indignación a la revolución: el 15-M y la lucha por cambiar el mundo.

Las revoluciones del norte de África y las luchas en Grecia e Islandia contra la austeridad, en medio de la profundización de la mayor crisis del capitalismo, han cristalizado en el Estado español con el surgimiento de un movimiento de protesta: el 15M. De las movilizaciones del 15 de mayo en Madrid, Barcelona y muchas otras ciudades, que terminaron con la ocupación de la puerta del Sol y de plaza Catalunya, y tras la represión del 17 de mayo en la puerta del Sol, el movimiento fructificó en la ocupación de cientos de plazas públicas a lo largo del estado y del mundo. Todo ello se trata en el nuevo folleto De la indignación a la revolución: el 15-M y la lucha por cambiar el mundo, de Pere Duran y Oscar Simón, que analiza los antecedentes, el desarrollo y las perspectivas de este movimiento.

Luchar desde abajo

Con el 15M la democracia asamblearia y directa ha recuperado su sentido, y las asambleas se han convertido en herramientas de lucha y discusión contra el capitalismo. A lo largo del folleto se analiza cómo el 15M ha puesto en duda la hegemonía ideológica del liberalismo “democrático” (considerado la mejor forma de organizar la sociedad tras el fracaso de la URSS —de hecho un sistema basado en el capitalismo de estado), o al menos tal hegemonía se ha visto resquebrajada. Uno de los éxitos del movimiento ha sido cuestionarla y demostrar su falsa democracia, estableciéndose pues una nueva correlación de fuerzas entre este movimiento social y el capitalismo.

Tal y como se explica en el texto, el 15M no ha surgido de la nada, y en parte está influido por las experiencias de movimientos sociales anteriores como el movimiento anticapitalista. En el Estado español existe el precedente del movimiento antiguerra con el que las clases populares expresaron su renuncia al imperialismo estadounidense y al colaboracionismo del gobierno de Aznar. Tras la victoria del PSOE, apareció en 2006 el movimiento V de Vivienda que, tras algunas victorias, se debilitó por falta de organización. En ese periodo de luchas, uno de los mayores problemas fue que el gobierno del PSOE, en connivencia con los sindicatos mayoritarios, contribuyó a la desmovilización.

La actual crisis económica del sistema coincide desde 2008 con una crisis estructural que ha quebrantado las ideas predominantes, facilitando el relanzamiento de nuevas protestas sociales. El ataque al estado del bienestar ha expuesto rápidamente la débil legitimidad del sistema político. Desde marzo de 2011, la destrucción de derechos sociales y la aplicación de políticas neoliberales del PSOE se reflejaron en algunas luchas espontáneas. Con las manifestaciones de marzo y mayo y luego con las acampadas se catalizó el malestar social. Las experiencias de las plazas son vitales, pues atraen a nuevos/as activistas que a través del debate teórico y la acción práctica cuestionan la ideología dominante.

El alcance del movimiento

La actividad del 15M ha sacudido todas las esferas de la sociedad, presentado ideas alternativas como la defensa del acceso universal a la vivienda o los servicios públicos del estado del bienestar. Como explican los autores, de ello resultó la lucha contra los desahucios, que si bien no se han parado tantos como querríamos, suponen victorias reales y han sensibilizado a la población sobre la expropiación de las casas por parte de los bancos. Ante las protestas sociales, el Gobierno ha respondido defendiendo la propiedad, enviando a la policía y criminalizando al movimiento. Los partidos burgueses han quedado al descubierto y sus intereses clasistas a la vista. Por otra parte, es posible que veamos grietas en las burocracias sindicales ante la participación de las bases de los sindicatos mayoritarios en acciones alejadas de las directrices de sus cúpulas.

Pero el folleto no es solo un resumen de hechos históricos, sino que aporta análisis y estrategia. En el momento actual, el poder de los mercados y los capitalistas es mayor: tienen el poder judicial de su parte, la policía y el ejército. Por otro lado, la auto organización de las y los indignados no es lo suficientemente extensa. Así pues hay que extender y acrecentar las fuerzas del movimiento, y la izquierda radical tiene que participar actuando como pilar en los momentos de reflujo. A pesar de que el movimiento es esencialmente reformista (véanse los programas de mínimos), puede radicalizarse cuando las agresiones aumenten. Como señalan los autores en De la indignación a la revolución: el 15-M y la lucha por cambiar el mundo: “si queremos dañar al sistema […] debemos golpear allí donde se produce el dinero, es decir, en los centros de trabajo”.

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