La Huelga General y el 15-M: Algunas perspectivas de lucha frente al PP

Oscar Simón analiza las perspectivas de lucha contra el gobierno del Partido Popular después de la huelga general y al cumplirse un año del estallido del movimiento 15M.

En estos momentos, a mediados de 2012, nos encontramos en una situación política nueva desde el inicio de la crisis, dado que el PP preside el gobierno central y tiene mayoría absoluta en el congreso y el senado. Además, gobierna en 15 de las 17 autonomías, así como en la mayoría de grandes ciudades del estado excepto en Barcelona, donde lo hace Convergència i Unió (CiU), y en Bilbao, donde gobierna el Partido Nacionalista Vasco (PNV). En consecuencia, por primera vez desde el inicio de la crisis en 2007 gobierna la derecha, y la socialdemocracia se encuentra en disposición de movilizar a sus bases en las calles. Ante esta situación, el Movimiento 15M, en el que conviven muchísimas sensibilidades diferentes, debe generar una estrategia que le permita recuperar e incluso superar el impulso de la primavera pasada. Si bien es cierto que no ha convocado grandes movilizaciones desde el 15 de Octubre de 2011, sí que ha generado un ambiente social favorable a la lucha, ambiente que se ha visto reflejado, en parte, en el éxito de la huelga general del 29 de marzo con respecto a la del 29 de septiembre de 2010.

La situación actual podría compararse a la de los ochenta y los noventa en los países del sur global y el este de Europa, donde se aplicaron los llamados planes de ajuste estructural. Estos planes consistían en privatizar los servicios públicos, reducir los salarios y desregular el mercado laboral, entre otros aspectos, a cambio de préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) destinados a pagar la deuda externa. Los ajustes comportaron la pauperización de millones de personas, agravaron la crisis económica de estos países y contribuyeron al enriquecimiento de una minoría increíblemente reducida de la población 2.

Después de tres años de recortes, la situación en el Estado español no ha dejado de empeorar, y tanto el FMI como el Banco de España prevén una contracción económica del 1,6 por ciento de media para 2012, y de un 0,1 por ciento para el 2013 ; es decir, una nueva recesión económica agravada por las políticas de austeridad del gobierno. Sólo una semana después de presentar la ley de presupuestos para el año 2012, que preveía recortar 622 millones en educación y 289 millones en sanidad (cifas que representan un 21.2 y un 13,7 por ciento respectivamente), el gobierno del PP anunció mediante una nota de prensa la necesidad de recortar 10.000 millones más en ambos servicios públicos. Aún después de comprobar que en Grecia y Portugal, donde mayores han sido los recortes, la situación económica no ha dejado de empeorar, desde la derecha se dice que la situación sería peor si los “ajustes” no se aplicaran, afirmación que queda desmentida si se analiza lo que está pasando en Islandia, donde se espera un crecimiento para 2012 y 2013 que triplicará el de la zona euro, todo ello después de que los islandeses se negaran a rescatar a los bancos y encarcelaran a algunos políticos y banqueros . Esta obstinación en la política de recortes sólo se explica por el compromiso total, tanto ideológico como político y económico, de Mariano Rajoy, su gobierno y su partido con el proyecto neoliberal europeo, que pretende aprovechar un contexto de crisis económica para privatizar los servicios públicos, convertirlos en negocios lucrativos y atacar frontalmente las condiciones laborales y de vida de la mayoría de la población.

Resistencia en las calles

En los inicios de la crisis, allá en el 2007, algunos sectores de la izquierda radical, entre ellos En lucha, cometimos el error de confundir nuestros deseos con la realidad, y pensar que era posible un auge directo de las luchas. Sin embargo, entonces infravaloramos dos factores: el primero, el miedo, y el segundo, que la socialdemocracia ocupaba el poder en gran parte de las instituciones, y la capacidad de dichas instituciones para manejar el descontento social de sus bases y votantes. Si bien desde el estallido de la crisis se incrementaron paulatinamente el número de horas de huelga (hasta doblarse, ver el cuadro) seguramente como respuesta a los Expedientes de Regulación de Empleo, el número de huelgas no aumentó, sobre todo en 2008 y 2009. Esto incremento no se tradujo en un clima de movilización social, esencialmente por la estrategia de paz social de CCOO y UGT, en la que los conflictos se planteaban por separado, y en parte también por la incapacidad de la izquierda sindical, dada su menor implantación en la mayoría de sectores, de conectar las diferentes luchas. Así se dilapidó en cierta medida el potencial de resistencia surgido en los primeros momentos de la crisis, patente en el incremento de horas de huelga. A partir de 2010 el número de horas de huelga no deja de caer. La Huelga General del 29 de septiembre de 2010 (organizada, en cierto sentido, en contra de los deseos de determinados cuadros de CCOO, y especialmente de UGT, afines al PSOE, que veían en ella, erróneamente, un espaldarazo a la derecha en su carrera a la Moncloa), podría haber supuesto un cambio, ya que millones de personas participaron en las movilizaciones, y miles de ellas se organizaron de manera independiente. Quizás el ejemplo más claro de todo lo sucedido fue el de la ocupación de la antigua sede de Banesto en la plaza Catalunya de Barcelona .

No fue hasta la irrupción del Movimiento del 15M , influenciado por las experiencias de Túnez, Egipto, Grecia e Islandia, que se produjo un cambio de tendencia: la experiencia de miles de personas organizando asambleas masivas en todas las capitales de provincia y en innumerables pueblos, así como la visualización de las mismas por parte de millones de personas, supuso un cambio, que a día de hoy se mantiene, en el sentido común general. Durante los meses de mayo y junio se recuperó, por un lado, la dimensión colectiva de la vida, cosa que se reflejaba en las plazas, y, por otro lado, se cuestionó el statu quo actual a través del grito “No nos representan”. Sin embargo, el 15M fue incapaz de concretar una serie de demandas o exigencias concretas, de articular en un movimiento coordinado a las decenas de miles de personas que en aquellos momentos ocupaban las plazas, de manera que las acampadas se fueron desmontando y la mayoría de asambleas han ido perdiendo gente. El 15 de Octubre, la manifestación global “Unidos por un cambio Global” fue tremendamente exitosa y reflejó que a pesar de que las asambleas eran ahora menos concurridas, el 15M todavía impregnaba a grandes sectores de la población.

Así se llega a la huelga general del 29M, con la que se ha demostrado una vez más que existe un ambiente proclive a resistir. El seguimiento fue mucho mayor que en la huelga general de 2010, e incluso un poco mayor que en la de 2002 . Las enormes movilizaciones, tanto en los piquetes como en las manifestaciones, denotan que millones de personas están dispuestas a luchar para defender sus derechos, y también nos muestran la capacidad de organización de los sindicatos, que en apenas tres semanas han sido capaces de movilizar a más de 10,4 millones8 de personas asalariadas en un entorno tremendamente hostil, marcado por la precariedad y el paro. La existencia del 15M todavía genera un ambiente social favorable a la resistencia y a la movilización social. La presencia de enormes cantidades de gente joven en las manifestaciones y en los piquetes demuestra el impacto enorme que han tenido las plazas, tanto en la subjetividad social como en la educación política de miles de personas.

Aprendiendo de la experiencia: ¡un mundo por ganar!

El contexto actual se encuentra marcado por cuatro factores: los recortes de los gobiernos de la derecha, la “vuelta” de la socialdemocracia a las calles, la existencia del 15M y el incremento de la represión. El sindicalismo alternativo, la izquierda anticapitalista y también las asambleas del 15M deben aprender de las experiencias de la primavera pasada y también de lo sucedido durante la última huelga general. Un aspecto fundamental será la relación con la socialdemocracia organizada (ver artículo de Jesús Castillo en esta misma revista); otro punto de vital importancia será la capacidad o no de levantar un conjunto de reivindicaciones capaces de aglutinar un movimiento social amplio, independiente, coordinado estatal e internacionalmente y con objetivos claros, que sea capaz de movilizar a grandes masas de población.

Ambas cuestiones se encuentran íntimamente relacionadas, ya que gran parte de la población se identifica con los cambios y las reformas, sin plantearse todavía una transformación revolucionaria del sistema, y por lo tanto se encuentra en un principio influenciada por las ideas socialdemócratas.

Durante la primavera de 2011 tuvieron lugar dos debates centrales en el movimiento: por un lado, sobre los contenidos del mismo, y por el otro, respecto a la coordinación. En cuanto a los contenidos aparecieron dos posturas claras: una que pretendía articular luchas alrededor de unas reivindicaciones concretas, los llamados “mínimos”, y otra que argumentaba que no debían existir tales reivindicaciones, ya que dada la diversidad del movimiento, en lugar de aglutinar, dividían. Aunque, al final, en muchos lugares se aprobaron las reivindicaciones, esto sucedió cuando mucha gente ya dejaba las acampadas sin tener siquiera una agenda común y sin haber establecido mecanismos de coordinación estables que pudieran forjar un plan de lucha en torno a estas demandas. Aquí aparece bien a las claras que las demandas por sí solas no conducen a nada, es decir, que las demandas son útiles en tanto en cuanto permiten movilizar a amplias capas de la población. Por otro lado, también quedó claro que el tiempo no es constante, y que la bonita frase “Vamos despacio porque vamos lejos” fue utilizada por ciertos sectores para alargar innecesariamente debates que no podían ganar mientras las asambleas fueran multitudinarias, cosa que hizo desperdiciar horas y días preciosos en debates hasta cierto punto estériles, en vez de destinar ese tiempo a movilizar e involucrar a más gente. En cuanto a la coordinación, dado que no se pudo articular un conjunto de reivindicaciones comunes, y por lo tanto, tampoco una agenda común para sacarlas adelante, no se vio necesario disponer de una coordinación sostenida.

Así, un año después, el 15M debe ser capaz de consensuar algunos puntos básicos para articular una lucha sostenida y también una agenda de movilizaciones, porque ante el actual ataque es necesario que defendamos nuestras condiciones de vida, y porque así se podrá dotar de perspectiva a la gente que se movilice. Es imprescindible entender que la mayoría de personas se movilizan cuando ven posible la victoria y creen que las luchas son útiles. Ninguna revolución ha comenzado como tal, sino que las masas han madurado en el transcurso de la confrontación con el poder. La izquierda anticapitalista debe mantener una posición ideológica de fondo orientada hacia la superación del sistema, a la vez que se implica en la resistencia contra los ataques neoliberales, dado que en un contexto de movilización social las ideas revolucionarias tienen el campo abonado para crecer. Es imprescindible tener una agenda propia de grandes movilizaciones, porque así será posible que las diferentes autonomías que conviven en el movimiento actúen de manera unitaria y reforzándose mutuamente; además, se asegurará la independencia del movimiento, otorgándole una dinámica propia; sólo la lucha sostenida es capaz de conseguir mejoras sociales. También será imprescindible mantener y desarrollar actividades a nivel local, a la vez que se establecen fechas globales de movilización, como podrían ser los días próximos al 15 de Octubre.

Este conjunto de reivindicaciones debe basarse en las principales luchas que se han ido desarrollando en los últimos tiempos, como la lucha contra la reforma laboral y el desempleo, la defensa contra los recortes y la privatización de los servicios públicos, con un énfasis esencial en sanidad y educación (especialmente la universitaria, que se encuentra en un proceso más avanzado) y, sin ser menos importante (aunque si que es cierto que quizás involucre, hoy por hoy, a menor número de personas), la lucha en torno al derecho a la vivienda; además de la lucha para conseguir el fin del rescate a los bancos y la oposición a pagar su deuda. Todas estas luchas aparecen como ejes fundamentales en torno a los que movilizar. Por un lado, permiten la acción unitaria de luchas ya existentes y, por otro hacen un vínculo que cuestiona la lógica económica dominante pues empleo, servicios públicos, vivienda están siendo recortados para salvar a los bancos. Otro aspecto clave a tener en cuenta es la lucha contra el nuevo fascismo, encarnado en Plataforma por Catalunya, y la xenofobia. Todos estos ejes deben abordarse y desarrollarse en una perspectiva de género, ya que son las mujeres las más afectadas por el desmantelamiento del estado del bienestar y por la ofensiva contra el derecho al aborto lanzada por el ministro de justicia, Gallardón.

En el momento de escribir estas líneas las movilizaciones del 12M y 15M todavía no han tenido lugar. La izquierda anticapitalista puede jugar un papel importante en la consecución de los objetivos antes mencionados, debido a que encuadra a activistas con experiencia y capacidad de análisis, organizados y coordinados, que pueden impulsar posiciones unitarias en diferentes lugares del estado e incluso internacionalmente. Para la misma izquierda anticapitalista es también clave involucrarse al máximo en el 15M, ya que el planteamiento general del mismo, desafiando la lógica del sistema, y su implantación en miles de pequeñas asambleas, además de la simpatía de enormes sectores de la población, lo podrían capacitar para constituir la base de un movimiento de cambio social profundo.

Además, con la socialdemocracia en la calle va a ser imprescindible dejar a un lado el sectarismo y acudir a las movilizaciones de la manera más unitaria posible, no por confianza en Rubalcaba, Toxo o Méndez, sino por otros motivos: el primero, porque en estas luchas van a participar mayoritariamente personas que quieren un mundo mejor y que no pueden catalogarse como borregos de ninguna manera, porque muchas de ellas participaron en el 15M durante la primavera de 2011; y finalmente, porque si el movimiento se aísla de estos sectores dejará el camino libre para que las directrices del PSOE, sobre todo, y del resto de partidos capitalicen el descontento social. La óptica general debe ser desbordar y superar por la izquierda a las organizaciones socialdemócratas para conseguir que crezcan las ideas anticapitalistas y revolucionarias.

El paradigma represivo ha cambiado sustancialmente: los aberrantes dictámenes de prisión preventiva para tres activistas, tras la huelga a del 29M, el uso de gases lacrimógenos contra gente sentada, o la muerte de Iñigo Cabacas (por pelota de goma tras de un partido de fútbol), constituyen una prueba palpable. A la vez, la conflictividad social va a incrementar la dureza de las movilizaciones y el debate en torno a la violencia devendrá central en el movimiento, y el poder intentará utilizar este hecho para dividirlo y desgastarlo. Con respecto a este punto, hay que tener claro que la violencia estructural del sistema, con millones de personas desempleadas, el incremento de suicidios, desahucios, etc., supera con mucho los destrozos al mobiliario urbano que acontecen en tal o cual disturbio. Contra los intentos de generar miedo, las movilizaciones deben planificarse para que sean masivas. Será necesario reflexionar sobre la organización de servicios de orden con gente que sepa cómo afrontar la represión policial. Especialmente grave es la ofensiva de PP y CiU, que pretenden recortar las libertades y los derechos civiles.

Por último, va a ser fundamental la generación de un nuevo tipo de sindicalismo en el que participe la nueva generación de activistas. Desde dentro del movimiento se critica a los sindicatos, y muchas veces con razón, a la vez que se reclaman condiciones laborales dignas. Sin embargo, muy poca gente intenta organizarse en su trabajo. Es cierto que existen impedimentos como el paro, la precariedad y la inexperiencia, y sin embargo la historia nos muestra una y otra vez (y la huelga general del 29M es un ejemplo palpable de ello), que las gentes que enseñan en las escuelas, fabrican coches, diseñan revistas o sirven cafés son las que mueven el mundo, y que cuando deciden dejar de hacerlo, el mundo se para, por mucho que los jefes se empeñen en decir lo contrario. La huelga fue menos exitosa en supermercados, cadenas de comida rápida, etc., porque las personas que trabajan en estos sitios no estaban organizadas. Uno de los retos a plantearse es poner en contacto las experiencias de sindicalismo combativo con el 15M, para defendernos frente a los jefes y también para conseguir mejoras laborales y sociales. Y porque si se quiere un nuevo sindicalismo alguien tendrá que construirlo.

Notas

1. Klein, Naomi, 2007: La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre. Barcelona, Paidos. Klein y su equipo analizan científica y rigurosamente las consecuencias nefastas de la aplicación de la doctrina neoliberal de los “Chicago Boys”.
2. Moreno, Santiago, 2012: Perspectivas de la economía de España. Enero 2012 enhttp://www.mirelasolucion.es/blog/perspectivas-economia-espana-2012/
3. “Islandia triplicará su crecimiento en 2012 tras encarcelar a políticos y banqueros” enhttp://www.vanguardia.com.mx/islandiatriplicarasucrecimientoen2012trasen…
4. El 25 de setiembre de 2010 la Asamblea de Barcelona organizó una manifestación que culminó con la ocupación de la antigua sede de Banesto. El éxito mediático de esta acción consiguió articular un referente alternativo, en cierta medida, a CCOO y UGT, que si vio reflejado en un piquete central masivo de miles de personas el 29S.
5. Elaboración propia a partir de informes de conflictividad laboral de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE).
6. Para un análisis del nacimiento y desarrollo del 15M ver: Durán P., Simón O., 2011: De la indignación a la revolución: El 15M y la lucha por cambiar el mundo. Barcelona, En lucha.
7. Según Economistas Frente a la Crisis el consumo energético imputable a la actividad económica cayó un 91 por ciento el 29M, frente el 72 por ciento de la huelga general de 2010 y el 85 por ciento de 2002. Ver: “Huelga General: Evaluación final sobre su alcance” en http://www.economistasfrentealacrisis.com/

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