Lo subjetivo como dato de la realidad

El factor subjetivo y las tendencias objetivas en los análisis de la situación política actual. Respuesta a la editorial “Un cambio de ciclo”. Por Gustavo Acevedo.

En la editorial anterior de La Hiedra (“Un cambio de ciclo”, págs. 3-5, Nº 1 Otoño 2011) se indica que estamos ante un cambio de ciclo en el panorama político internacional, cuyas dos características serían, en primer lugar, una nueva fase en la crisis económica mundial, en donde “la lógica del propio sistema capitalista ha conducido a la situación actual de estancamiento global y deuda masiva, con la crisis de la eurozona en el centro”. Se señala, además, que la clase dirigente internacional “se está quedando sin remedios ante la profundización de la crisis y el fracaso total de su solución: la austeridad brutal”, cuya aplicación ha empeorado la situación de deuda masiva de la periferia europea, encontrándonos ante la posibilidad de una segunda recesión o incluso una depresión. Entre ‘los de arriba’ se habría generado una “profunda crisis política global”, menguando la hegemonía de EEUU y surgiendo “divisiones entre las élites europeas y dentro de las clases dirigentes de cada país”. Siendo ciertas, estas caracterizaciones sólo muestran una parte de la realidad de ‘los de arriba’. Luego veremos la parte que se omite y su importancia.

La segunda característica del cambio de ciclo sería el “auge de las resistencias” contra las políticas de austeridad; auge iniciado en enero de 2011 por las revoluciones de Túnez y Egipto que supusieron una “auténtica amenaza” para el capitalismo y el imperialismo, abriendo una “explosión internacional de luchas masivas” y con una “radicalización ideológica” no vista desde las décadas 60-70 del siglo pasado. Además, mientras el capitalismo “enferma cada vez más”, la gente normal está “más dispuesta a levantarse”. La “oleada de resistencias” de ‘los de abajo’ se ha materializado, como se indica al comienzo de la editorial, en estallidos, disturbios sociales, huelgas generales… “a través del mundo entero”, que suponen un “fuerte rechazo” a las cada vez peores condiciones de la gente. Caracterizaciones ciertas, pero omiten otras.

En el análisis de la editorial se omite valorar los resultados de las diferentes movilizaciones acaecidas por el mundo. Por ejemplo, un análisis realista de las revoluciones árabes, en mi opinión, tendría que incorporar que estas revoluciones, aunque fueron inicialmente una auténtica amenaza para el capitalismo y el imperialismo, éste, no obstante, fue capaz de reconducirlas y ‘dirigirlas’, cierto que con dificultades, hacia su reintegración en el ‘orden capitalista imperial’, a pesar de que “las protestas y las huelgas continuaron”. Este es un ‘dato’ importante de la realidad y se omite. Podríamos matizar que fue una victoria política frágil, que no ha cerrado la crisis de dominación abierta, pero ello no invalida la valoración de que, tras una primera victoria popular derrocando ambas dictaduras, el imperialismo actuó y consiguió frenar el golpe revolucionario reconduciendo la situación. Y esto fue un éxito para el capital y para las clases domi-nantes árabes. Y este éxito les permitió recuperarse y actuar.
A pesar de sus crisis, el imperialismo actúa y no siempre fracasa. En Libia incluso intervino militarmente para reforzar sus intereses posGadafi.

Al omitir los resultados, la editorial se centra en las ‘grandes tendencias’. Y éstas, en mi opinión, aunque estén bien fundamentadas, son hipótesis que un análisis realista de los resultados confirmará o no. Resaltar sólo las tendencias ofrecerá un panorama engañoso, pareciendo que en el camino del capital sólo existen divisiones, fracasos, incapacidades, etc., mientras en el de ‘los de abajo’ sólo existen ascensos y triunfos. Y no parece que sea así la realidad.

Por ejemplo, cierto es que la crisis económica arrecia y la combinación de estancamiento y deudas públicas masivas representa un gran problema; no obstante, el capital no sólo consiguió evitar los iniciales intentos de regular sus bancos y fondos financieros, sino que pudieron desatar una contraofensiva que les permitió, hasta la fecha, reducir los costes laborales y sociales de la mano de obra, ampliar sus negocios privatizando los servicios públicos, incrementar la transferencia de rentas del trabajo hacia el capital y alimentar el proceso de acumulación y concentración mundial del capital. Si añadiéramos estos ‘datos’ al análisis, no parece que el capital se encuentre ante un “fracaso total” de sus soluciones. Incluso tiene capacidad para imponer que dos de sus representantes gobiernen directamente Grecia e Italia.

Que incida en las omisiones, no implica que discrepe con las tendencias señaladas. Por ejemplo, en mi opinión, los éxitos del capital en su expansión y concentración están generando, además de la intensificación de las protestas ante los continuos recortes, elementos de crisis que se hacen difíciles de ocultar. Se empieza a visibilizar que las necesidades de salvar al capital resultan incompatibles con salvar las necesidades humanas básicas, que para que el capital mejore y subsista se hace necesario empeorar la vida de millones de personas. Esto es un cambio importante.

Además, la actual crisis del capitalismo, iniciada en agosto de 2007 en EEUU, tiene particularidades que permitirían no definirla sólo como ‘otra crisis económica más’. Al carácter económico de esta profunda crisis añadiría su confluencia particular con otras crisis, agravadas desde hace años. La crisis ante la escasez de nuevas fuentes de energía, la crisis ante las dificultades para extraer materias primas suficientes, la crisis ante las limitaciones de los recursos del planeta y la extinción de especies, la crisis ante el cambio climático y la desforestación, la crisis ante la escasez de fuentes de agua potable, la crisis ante las migraciones masivas y la desestructuración social de millones de personas, la crisis de los cuidados, etc. La combinación de estas múltiples crisis explicaría que la actual no sea ‘una más’ y explicaría las limitaciones del capital para encontrar una solución global a la crisis de su sistema.

Pero las dificultades, por muy graves y estructurales que sean, no implican incapacidad. Aunque sufre importantes derrotas que dificultan sus soluciones, el capital todavía posee capacidad suficiente para recuperarse de ellas y continuar a la ofensiva. A ello contribuye un ‘dato’ de la realidad que al capital le otorga gran ventaja: la cuestión subjetiva.

Un análisis que minimice el factor subjetivo, y sólo destaque los datos objetivos de las extensas revueltas y huelgas generales, tendrá dificultades para explicar cómo el capital, a pesar de sus crisis, sigue a la ofensiva. El atraso de conciencia es un dato muy importante de la realidad. Lo subjetivo siempre fue un dato fuerte en beneficio del capitalismo y que ahora usa con gran astucia, gracias a décadas de derrotas y retrocesos en nuestras conciencias. Y no comprender la presencia de la pérdida de conciencia crítica y cómo actúa en la lucha de clases genera equívocos. Y exageraciones. Entender el 15 M como un movimiento de masas que “representa un rechazo absoluto al sistema político, planteando en la práctica la alternativa de la democracia directa (y) con ganas de cambiar la sociedad” me parece exagerado. Si fuera así sería un movimiento anticapitalista revolucionario. Y su desarrollo muestra que ni lo fue ni lo es. Sí fue y es un movimiento de protesta y radicalización política que abrió un cambio político favorable a ‘los de abajo’, pero en parte absorbido por el sistema con el triunfo electoral del PP. Y la crisis de conciencia explicaría, en mi opinión, el margen de maniobra que poseen las burocracias políticas y sindicales, por ejemplo, todavía capaces de frenar y doblegar, al servicio de la Administración, a la impetuosa y masiva marea verde de enseñantes madrileños.

Rechazo el pesimismo posmoderno de algunos análisis, pero resaltar las tendencias objetivas, minimizando lo subjetivo y omitiendo los resultados de las confrontaciones, presenta un triunfalismo objetivista irreal. Y los análisis objetivistas triunfalistas generan tareas objetivistas, en donde la formación teórico-política y los necesarios debates colectivos de y entre las organizaciones se relegan en aras a fomentar militantes cuya tarea prioritaria sea el activismo galopante.

Análisis objetivistas suelen indicarnos modelos de organización objetivistas. Y modelos sociales y programas similares. Pero este sería debate para otra ocasión.

Aunque algunos aspectos de mi crítica al objetivismo de la editorial anterior de La Hiedra son apenas algo más que un simple esbozo, deseo concluir agradeciendo a las compañeras de la redacción su amabilidad al permitirme expresarla.

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