Bikila y Josep Bel: El futuro de la izquierda anticapitalista a debate

La crisis actual del sistema capitalista, que se traduce en recortes y retrocesos en derechos, pero también en un incremento de las luchas y movilizaciones, hace que estemos en un momento clave en el que el papel de la izquierda anticapitalista, sus planteamientos estratégicos y sus posibilidades de confluencia cobran especial importancia. Por ello, en el número anterior de La Hiedra vimos necesario iniciar este debate sobre los retos y perspectivas de la izquierda en el Estado español, al que ahora damos continuidad y en el que contamos con las aportaciones de activistas de diversas organizaciones e independientes.

Desde Euskal Herria: notas para combatir la crisis capitalista

Joxe Iriarte, Bikila, es miembro de la organización Gorripidea, Gipuzkoa.

A inicios de la crisis del 2008, las instituciones del capitalismo, los gobiernos neoliberales y social-liberales, sufrieron un momentáneo desconcierto (llegando a plantear una regeneración del capitalismo), lo superaron con rapidez, desencadenando a través de sus gobiernos títeres, una ofensiva por descargar los efectos de la crisis sobre la población, hasta tal nivel, que está afectando los cimientos de la propia UE.

Unir esfuerzos para combatir la crisis

No hay nada más erróneo que pensar que las crisis, incluso las que suponen un derrumbe momentáneo del sistema (como ocurrió en el crack del 29-33) traerán por sí mismas la liquidación o superación del sistema capitalista. No en vano dispone, también a su favor, todos los recursos de las Instituciones Internacionales y del Estado burgués, que últimamente, se esta dotando de leyes que restringen derechos y políticas de readecuación de sus policías y ejércitos.

La crisis se dirimirá en el terreno político. Se trata de luchar porque el costo de la crisis lo paguen sus responsables: banqueros, especuladores de todo tipo, sectores que han buscado el dinero rápido agrediendo los ecosistemas y generando un consumismo dilapidador. Igualmente sus colaboradores, los gobiernos neoliberales y social liberales, lo deben pagar a cargo de sus bienes privados y si hace falta, con responsabilidad penal.

Para responder con contundencia a tamaña ofensiva del capital y sus instituciones, todos los sectores de izquierda antisistémica estamos obligados a unir esfuerzos en la construcción de un frente político y social de carácter subversivo y plural, internacionalista, anticapitalista y transversal a escala europea, y que agrupe a movimientos de diferente naturaleza: ecologismo, feminismo, movimiento obrero, de liberación nacional, de defensa de la libertades democráticas básicas, etc.Frente que, lógicamente, se debe de ajustar a las diferentes realidades existentes según se trate de ámbitos nacionales (en nuestro caso EH), estatales o continentales. Y debe tener en cuenta sus puntos fuertes y sus debilidades.

Un nuevo ciclo de movilizaciones

Muchas e importantes han sido las movilizaciones habidas en Europa: las huelgas generales de Grecia, Francia, Italia, en Euskal Herria; las luchas contra cierres de empresa y despidos: luchas duras, radicales (ocupación de empresas, secuestro de patrones…) y algunas de larga duración que han removido el panorama político social. Sin embargo, en pocos casos han conseguido alcanzar plenamente sus objetivos, en parte por la fortaleza de la patronal, los gobiernos, etc, producto de la arrolladora hegemonía del neoliberalismo en las dos décadas anteriores y cuyos desastrosos efectos tocan a variados ámbitos. Pero también, por la nefasta estrategia, nacional e internacional, de las organizaciones sindicales mayoritarias (con honrosas excepciones como la de la llamada mayoría sindical vasca) que han estado orientadas a buscar políticas de consenso y de diálogo social con la patronal.

Es de señalar también que el nuevo ciclo de movilizaciones sociales está sustituyendo al movimiento antiglobalización, que cristalizó en torno a las cumbres internacionales, si bien, las movilizaciones de hoy se dirigen ante todo contra los gobiernos nacionales y contra la gobernanza de la UE en segundo término.

Esto no significa que la oleada de luchas actual sea menos internacionalista que la anterior, sino que se guía por patrones distintos. Comparten elementos comunes, pero también difieren mucho entre sí, ya que abarcan resistencias, espacios geográficos y temáticas distintas, y como es lógico, no constituyen una corriente homogénea reunida en torno a un proyecto estratégico común, por otra parte ni posible ni deseable. Sin embargo, pueden encontrar en la lucha contra el sistema anticapitalista, en la medida de que incide sobre el conjunto de las opresiones y explotaciones, un referente unificador.

En el Estado Español, el surgimiento del 15M ha supuesto una auténtica rebelión ciudadana de alcance desigual según regiones y nacionalidades, pacífica en sus formas y radical en sus demandas, hastiada de la complicidad existente entre los partidos políticos mayoritarios y los causantes de la crisis. En lo tocante a Euskal Herria, el 15M, por razones diversas, no ha tenido la repercusión y el alcance de Madrid y Barcelona, pero su surgimiento ha tenido un efecto muy positivo.

En la realidad especifica de EH, la cuestión a dilucidar en materia estratégica, ya no consistirá en elegir entre vías político-militares o exclusivamente político-legales, sino en las cuestiones derivadas de la estrategia de liberación nacional y social, desde un punto de vista anticapitalista y eco-socialista.

La crisis económica está dejando claro que incluso estados soberanos de la importancia de Grecia e Italia, y también el Estado español, están impelidos a acatar los dictados del mercado, marcados por las instituciones a su servicio. Nunca ha sido tan claro como en el presente, que todo proyecto emancipador y de izquierda, requiere la interrelación existente entre los marcos nacionales e internacionales, la liberación nacional y social, entre democracia y movilización y autoorganización ciudadana. De todo ello es deducible la importancia del agrupamiento de las fuerzas anticapitalistas de izquierda, vertebrador de un frente subversivo plural, que opere en todos los terrenos, tanto en el estrictamente político como en el social.

Nuestro deseo es que la izquierda abertzale, que ha sabido aguantar la fuerte represión del Estado, incluida su ilegalización, no ceda ahora a la exigencia del sistema, que gobierne con realismo, entendiendo por ello la gestión de lo existente, y que con ello, pueda contribuir con su enorme capital humano y político al logro de ese objetivo.

Muchos y organizados

Josep Bel es miembro del sindicato co.bas y de Red Roja en Barcelona.

La respuesta a la crisis y a los recortes sociales es muy parecida para la actual izquierda socialdemócrata institucional. Me refiero a casi toda la que está a la izquierda del PSOE. Desde el dirigente Lafontaine en Alemania, pasando por la mayoría de IU o el Front de Gauche de Melenchon en Francia, sus programas ocupan el espacio abandonado por la 2ª Internacional socialdemócrata. Esta socialdemocracia, ya en los 80, se pasó al liberalismo imperialista y corrupto y su espacio lo ocuparon partidos que ayer eran más de izquierdas (PCE-IU, ERC, BNG, etc.). La otra izquierda,  la más anticapitalista y no institucional, sigue hoy dispersa en varios movimientos sociales, con muchos más efectivos aún en el movimiento obrero que en el ecologista, feminista, antirracista o pacifista. Pero esta izquierda no dispone de un país que haga de ejemplo multiplicador, con una internacional que nos una, ni tampoco tenemos huelgas europeas con estos actuales sindicatos mayoritarios europeos. Aunque esta izquierda sí ha logrado impulsar fechas importantes de movilización internacional (la mayor, contra la guerra de Irak), el movimiento antiglobalización, las protestas estudiantiles, por el derecho a la vivienda o el 15M el último año.

Sobre el papel, los programas electorales socialdemócratas ante la crisis, aún parecen poder mantener el estado del bienestar, pero con el nivel de fraude fiscal actual y la gran fuga de capitales, no habrá recursos en el sistema capitalista para redistribuir con más impuestos. Estamos ante un cambio de época, y el poder financiero ha impuesto su constitución neoliberal en la UE y enormes sanciones si incumples en la OMC. Solo si se actúa sobre la gran propiedad y contra el movimiento libre de capitales, podremos empezar a ver una salida.

La población actual del Estado español no quiere o no se atreve a romper con el sistema y la prueba está en los resultados electorales en varios lugares de Europa. Pero, aunque lo lograsen algunos con unas nuevas siglas, como pudo ser en Grecia, no tenemos esa correlación real entre el pueblo, con otra cultura sociopolítica, estructurada en costumbres cotidianas diferentes al egoísmo dominante. Esta contradicción no es la única. Muchos volverán a ser absorbidos por políticas del gran consenso europeo (recordemos que CCOO-UGT apostaron por la Constitución neoliberal europea). Nos venderán un pacto social español para salir de esta crisis o un pacto fiscal autonómico. Pero ni obedeciendo a la Europa alemana, ni aumentando la deuda futura con quita ahora para sus beneficios, saldremos. La lógica de recuperar tasa de beneficio hará que no se pueda frenar la tendencia de paro y precariedad.

Otra forma de hacer política

La suma de los partidos anticapitalistas actuales tampoco creará hoy un referente, pero sí que es muy útil apostar por la coordinación de todos los que lo deseen para esa inmensa tarea de crear desde abajo lo nuevo. No será tampoco ninguna alternativa en Catalunya una copia de Siryza, con una suma de las siglas a la izquierda del PSC, viendo lo que sucede ya hoy en Andalucía, y sucedió ayer en Euskadi o en Catalunya con el Tripartit. Así, sólo volverán a ser los monaguillos del PSOE neoliberal.

Los jóvenes lo han visto en las plazas del 15M, en los debates públicos, donde los liberados sindicales y los políticos institucionales recibían broncas por sus prácticas acomodadas al sistema. Por ello cantaban “No nos representan” o “Le llaman democracia y no lo es”. Ante esto debemos recuperar una izquierda coherente, uniendo lo que se dice y lo que se hace, no participando en los gobiernos.

El error más repetido es recaer en un institucionalismo dominado por unos profesionales de la política que han hecho de los partidos revolucionarios agencias electorales. Por ello, sin que las izquierdas construyan juntas una cultura cotidiana de ayuda mutua, de praxis no individualista, y que cale entre la mayoría trabajadora, no hay salida. Una organización estable, plural y unitaria de miles de asambleas, como esboza el 15M, implicando a cientos de miles de trabajadores en la política, es lo necesario para afrontar el cambio necesario de sistema. La idea de un Frente Popular o cívico debe ser no institucional, con colectivos en cada barrio o empresa y así, después de un largo periodo de experiencias prácticas que cambien la cultura consumista insostenible y dominante, surgirá el sujeto masivo que necesitamos. La clase en sí y para sí, solo vendrá tras la acumulación de fuerzas.

Las personas que prefieren el trabajo en la base, antes que estar en una candidatura y llegar a un cargo acomodado,  son las que deberían ser las elegidas como representantes del movimiento unitario, y el orden de la lista será por sorteo y rotativo. Las izquierdas anticapitalistas debemos lograr juntos que se constituyan grupos amplios en empresas y barrios, bajo diversas siglas o sin ninguna, pero uniendo, organizando de forma estable, a todos los que están por defender realmente las necesidades de los trabajadores y de la mayoría. Somos muchos los que pensamos que solo así empezaremos a construir, más lento pero mejor, y a no pensar en atajos de coaliciones electorales que no tienen correlación de fuerzas real. Sin renunciar a lo institucional, lo primero es crear el tejido social-cultural. Si no vivimos de otra forma la práctica de la política, sin incorporar a miles a otras relaciones sociales, no avanzamos.

Deberemos continuar saliendo a la calle, como el 15M o el 15 de Octubre, en la Huelga general del 29M, el 19J o el 26S en Euskadi y preparando una huelga general ya, una lucha lo más sostenida posible, pero con todo ello, veremos que no cambiará la perspectiva de superar el sistema europeo dominante, porque no hay un tejido social masivo y organizado autónomamente. Lo necesitamos aquí y en otro países, para romper con esta UE, BCE, FMI, OMC y relacionando con otros países, recuperando el nuevo internacionalismo solidario.

Construir desde la base

Llamarse de izquierdas no es votar cada 4 años a IU o abstenerse, querer superar el capitalismo no es diciéndolo, sino haciendo y debe implicar construir juntos (libertarios, independentistas, comunistas, socialistas, ecologistas,..) espacios de socialismo democrático, en asambleas de libres e iguales, practicando de un modo diferente a lo que hoy se  llama política. Esto significa trabajar de forma horizontal en barrios, impulsando en las empresa un sindicato de clase unitario, donde no decide el comité ni el sindicato, sino los trabajadores en asamblea. Ejemplos de sindicatos como co.bas, donde no hay ni liberados ni subvenciones, son lo primero a practicar.

Los grupos no subvencionados por la vivienda, por la sanidad, por la enseñanza, o las cooperativas, deben tener la voluntad de coordinarse con las otras experiencias. Vincular movimiento obrero y movimientos sociales será una tarea de todos. Hay buenos ejemplos en las candidaturas del Vallés o en algunas de las CUPs, pero lo cierto es que sin muchos municipios como Marinaleda, sin largas luchas como la de Sintel o la de los mineros, no surgirá lo nuevo.

Construir miles de experiencias por la base, coordinarlas de formas unitarias, horizontales y democráticas, intentando implicar en la política transformadora a millones de personas, para después, así, por fin, tener una correlación de fuerzas y pararles los pies. Este es el inicio del camino para recuperar los derechos y construir el nuevo sistema social. Lo haremos con todos los que respeten nuestra soberanía, que apuesten por la República y apoyen con fuerza la autodeterminación de los pueblos de nuestro estado plurinacional. La tarea de la izquierda es crear tejido, y el cómo se hace, es lo más importante para que éste sea sostenible y alternativo. Ser rojos en red, desde la base, con una praxis ejemplo de actividad social, y esforzarnos por estar todos coordinados para resistir y crear la alternativa.

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Esta entrada fue publicada en #4 Sep/Dic 2012 y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Bikila y Josep Bel: El futuro de la izquierda anticapitalista a debate

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