Editorial: Recortes y radicalidad: ¿hacia la espiral griega?

Todo parece indicar que este otoño se producirá un nuevo rescate al Estado español, esta vez del conjunto de la economía, ante la inminente petición por parte del Gobierno de Mariano Rajoy al BCE. En el caso de que se haga efectivo, este nuevo rescate conllevará también nuevas y más drásticas medidas de austeridad, como ya ocurrió tras los dos rescates de Grecia, con las terribles consecuencias que esto está suponiendo para la clase trabajadora griega.

De hecho, tras el anterior rescate, que tuvo lugar el pasado mes de julio y que consistió en una inyección de 100.000 millones de euros destinados al sector bancario a cargo del Estado, el Gobierno aprobó un paquete de recortes por un valor total de 65.000 millones de euros, que afectaban a las prestaciones por desempleo, las ayudas a la dependencia, el salario del personal público y la subida del IVA, entre muchas otras medidas.

Sin embargo, y a pesar de que el último de estos paquetes haya sido el mayor recorte aprobado hasta la fecha por un Gobierno en el Estado español, y que ha venido a sumarse a otros anteriores, no parece que todos estos recortes sean suficientes. Con el fin de reducir las cifras de déficit público, a principios de agosto el Gobierno envió una propuesta a la Comisión Europea en la que se recogen algunas de las medidas de austeridad aprobadas hasta ahora —pero cuyos efectos aún no se habían contabilizado— y algunas nuevas que suponen un ajuste adicional de 37.000 millones de euros, lo que ampliaría la cifra anterior hasta una reducción del gasto público de 102.149 millones de euros hasta 2014. Entre las nuevas medidas contenidas en esta propuesta se incluye la práctica eliminación de la ayuda de los 400 € del Plan Prepara —que iba dirigida a aquellas personas que hubieran agotado el subsidio de desempleo—. Entre las nuevas medidas que pueden llegar a plantearse en caso de no satisfacer las exigencias de Bruselas, y en especial, de cara al próximo rescate, se encuentran una reforma de las pensiones —que ya fueron recortadas por el anterior Gobierno del PSOE—, nuevos despidos de personal público, etc.

La crisis se profundiza

De esta forma, no sólo no se están solucionando los problemas económicos sino que la senda de la austeridad y los recortes está agravando la recesión económica y empeorando las condiciones de vida de millones de personas, mientras la tasa de desempleo continúa aumentando hasta alcanzar un máximo histórico, llegado hasta el 24´63% según los datos de la última EPA1 (superando el máximo anterior de 24,55% que se alcanzó durante la última crisis en 1994).

Lo cierto es que este Gobierno no tiene un interés real en acabar con esta crisis de forma que redunde en el beneficio de la mayoría de la población, sino que su objetivo prioritario es mantener los intereses de la clase dirigente a toda costa. Para ello, está haciendo pagar las consecuencias de la crisis y de la especulación financiera a la mayoría trabajadora.

Sin embargo, todos estos ajustes dirigidos a hacer pagar la crisis al 99% también le están pasando factura al Gobierno de Rajoy, que a pesar de haber ganado las elecciones con mayoría absoluta está viendo como su apoyo cae en picado, especialmente en los últimos meses. Y es que la crisis social y económica también se está traduciendo en una crisis política que está llevando al desgaste del Gobierno a un ritmo sin precedentes.

Todas las últimas encuestas sobre intención de voto reflejan este desgaste, que si bien comienza con el anuncio del primer paquete de recortes, ha sido a raíz del último de ellos y del primer rescate cuando este desplome es más acusado.

Y es que el descontento generalizado hacia las medidas impulsadas por el gobierno crece y se amplía, llegando a afectar incluso a una parte de su propio electorado. Así, por ejemplo, la encuesta realizada en el mes de julio por el barómetro de Metroscopia de El País2 muestra una caída de hasta siete puntos en la intención de votos al PP en tan solo un mes, llegando hasta el 30% frente al 44´6% de votos que consiguió en las pasadas elecciones generales (por lo que la caída en la intención de voto al PP en tan solo sólo ocho meses de gobierno sería de hasta 14´6 puntos, todo un récord y un ritmo de caída sin precedentes en ningún otro Gobierno anterior).

También el último barómetro del CIS3, cuyo sondeo fue realizado entre los días 2 y 10 de julio —y, por tanto, anterior al anuncio del último gran paquete de recortes de 65.000 millones de euros— ya muestra este desplome, con un 36,6 % de intención de voto.

No obstante, este descontento generalizado hacia la política del Gobierno no se está traduciendo en una recuperación del PSOE, que según la misma encuesta del CIS apenas sí subiría en intención de voto poco más de un punto, hasta llegar a un 29,9% —frente al 28,8% de votos que consiguió en los últimos comicios—. Esto se debe a que fue precisamente este partido el que comenzó a aplicar los drásticos planes de austeridad y a inyectar dinero público al sector bancario, y quien con el beneplácito del PP aprobó la reforma de la Constitución que establecía la prioridad del pago de la deuda pública al de cualquier otro gasto del Estado, así como el límite del déficit público de las administraciones. De hecho, la crisis política que sufre ahora el PP se asemeja en parte a la que protagonizó el PSOE durante los últimos meses de Gobierno, y de la que aún no se ha recuperado.

Esta desafección política hacia los partidos pro austeridad se enmarca dentro de una tendencia generalizada que se está observando en los últimos meses en algunos países europeos —especialmente en Grecia— y que abre nuevas posibilidades para los partidos y las organizaciones de la izquierda radical, tal y como señala Alex Callinicos4.

Aumento de las luchas

Esta crisis política también se está evidenciando con un recrudecimiento de las luchas y las huelgas durante los últimos meses. Un ejemplo de ello ha sido la lucha que han protagonizado los y las mineras, que mantuvieron una huelga de dos meses contra los recortes, numerosos encierros y cortes de carretera, y con una “marcha negra” que finalizó en Madrid donde les esperaban más de cien mil personas, culminando con la multitudinaria manifestación del día siguiente. Esta lucha ha despertado una gran solidaridad entre la clase trabajadora de muchas otras partes del Estado y ha contagiado de combatividad a otros sectores como el de los y las empleadas públicas en Madrid, que se manifestaron de forma espontánea durante varios días en las calles en contra de los recortes y en defensa de los servicios públicos.

Aunque este no ha sido el único frente de lucha abierto contra los recortes. También en los sectores de educación y sanidad, que han sido de los más afectados por las políticas de reducción del gasto público, han aumentado la frecuencia y la intensidad de las protestas. Especialmente en educación, con la exitosa huelga de educación del 22 de mayo, que llegó a prolongarse hasta dos semanas en algunas universidades del Estado.

Durante este verano también ha habido una jornada de huelga en el sector del ferrocarril contra las privatizaciones y el SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores/as), tras realizar nuevas ocupaciones de fincas, ha realizado varios actos de apropiación de alimentos básicos en grandes superficies y supermercados, que han tenido gran trascendencia mediática. Estas acciones, al igual que las marchas que están realizando en la actualidad, tenían como objetivo denunciar la dramática situación en la que se encuentran miles de familias andaluzas debido a las elevadas tasas de desempleo y de pobreza que hay en Andalucía, especialmente en las zonas rurales.

Muchas de estas luchas están haciendo que las burocracias de los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, se vean forzadas a renunciar parcialmente a su estrategia de pactismo pasivo en favor de las movilizaciones. Así, la jornada de movilización del 19 de julio fue todo un éxito en este sentido, no sólo por lo masivas que fueron las manifestaciones, sino también por haber conseguido aglutinar a sectores del movimiento 15M y sindicatos alternativos hasta ahora reacios a secundar las convocatorias de CCOO y UGT. Este cambio de tendencia se debe a que frente a la magnitud y la amplitud del ataque del PP, que afecta al conjunto de la clase trabajadora —incluido el funcionariado y las empleadas públicas—, estos sectores han visto la necesidad de priorizar la unidad y de articular sus fuerzas contra el enemigo común, dejando al margen las diferencias políticas y los sectarismos. Además, luchas como las del sector minero y las empleadas públicas muestran hasta dónde pueden llegar las bases de estos sindicatos, por muy conservadores que sean sus burocracias.

¡Hacia un otoño caliente!

Se anuncia un otoño caliente. Tan sólo en el mes de septiembre ya hay convocadas diferentes huelgas y manifestaciones. Comenzando por la convocatoria de huelga general en Euskadi y Galicia para el día 26, una más que probable nueva huelga en educación5, la convocatoria de manifestación en Madrid el día 15, el evento Ocupa el Congreso el día 25S y un largo etcétera.

También han retomado la huelga las y los trabajadores de la cuenca minera Fabero-Sil en El Bierzo, mientras las mujeres del carbón asturianas continúan sus protestas, ya que tal y como señalaba el comunicado del sindicato CSI tras el cese de la huelga, “el conflicto se ha cerrado en falso y volverá a recrudecerse en pocos meses”6.

Además, desde CCOO y UGT se está impulsando una campaña con la que se pretende realizar una consulta popular7 sobre la política de recortes del Gobierno y es muy posible que este otoño también se convoque una nueva huelga general.

Esperemos que estos meses de movilizaciones y las huelgas que se avecinan signifiquen un punto de inflexión en la tarea de hacer caer al Gobierno del PP y que desde la izquierda combativa se empiecen a crear las bases para una salida verdaderamente anticapitalista a la crisis.

Notas

1. Gómez, Manuel V., 2012: “Los recortes elevan el paro hasta un máximo histórico en el segundo trimestre”, El País, 27 de julio de 2012. Disponible en: http://economia.elpais.com/economia/2012/07/27/actualidad/1343372346_035…
2. Garea, Fernando, 2012: “El PP se desploma en un mes”, El País, 28 de julio de 2012. Disponible en:http://politica.elpais.com/politica/2012/07/28/actualidad/1343506962_981…
3. Guede, Araceli, 2012: “El Gobierno se desploma en medio del desánimo de la ciudadanía”, El País, 6 de agosto de 2012. Disponible en:http://politica.elpais.com/politica/2012/08/06/actualidad/1344283777_313…
4. Callinicos, A., 2012: “The second coming of the radical left”, International Socialism, nº 135, 28 de junio de 2012. Disponible en:http://www.isj.org.uk/index.php4?id=819&issue=135
5. De momento en Madrid el sindicato CGT ya ha convocado oficialmente una huelga general indefinida a partir del 17 de septiembre, aunque está por ver el seguimiento que tendrá. Para más información ver: Asamblea Red Verde, 2012: “Convocada la huelga indefinida”. 23 de julio de 2012. Disponible en: http://asamblearedverde.blogspot.com.es/2012/07/convocada-la-huelga-inde…
6. CSI, 2012: “La CSI ante el conflicto de la minería”. Disponible en: http://www.enlucha.org/site/?q=node/17562
7. UGT, 2012: “Declaración de la cumbre social celebrada en Madrid el 25 de julio de 2012”, Disponible en:http://www.ugt.es/actualidad/2012/julio/DeclaracinCumbreSocial_UGT.pdf

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Esta entrada fue publicada en #4 Sep/Dic 2012 y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

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