La lucha por la vivienda digna

Vidas Hipotecadas es un libro de denuncia que pone en el centro de su crítica el nulo cumplimiento del derecho a la vivienda, un derecho constitucional sistemáticamente vulnerado tanto por instituciones financieras como por la administración estatal. Sus autores, Ada Colau y Adrià Alemany, son personalidades reconocidas en el ámbito de la defensa de los derechos sociales, ambos fundadores de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).

El primer apartado analiza las causas y consecuencias de la crisis económica en España. En el año 2007, el 87% de la población del Estado tenía una vivienda en régimen de propiedad, mientras el resto de Europa apenas alcanzaba un 60%. Colau y Alemany, basándose en los estudios del estadista y economista José Manuel Naredo1, señalan que esta “cultura propietaria” nace en las políticas de vivienda de las dos últimas décadas de la dictadura franquista, específicamente de la mano de José Luis Arrese, el primer Ministro de Vivienda, que desde finales de los ‘50 pone en funcionamiento una serie de medidas para “hacer frente a la proliferación de chabolas fruto de las oleadas de migración interna del campo a la ciudad” que se resume bien en su frase: “Queremos un país de propietarios, no de proletarios”.

Durante este primer ciclo inmobiliario, el régimen de propiedad se va convirtiendo poco a poco ya no en un bien de uso, sino en un bien de inversión, durante la Transición esta tendencia no hace más que aumentar sobrepasando ya en 1981 al régimen de alquiler en una relación de 7 a 3 hasta llegar al clímax del 2007 en una una relación de 9 a 1, muy por encima del resto de países de la eurozona. Para los autores, el Estado ha jugado en todo este tiempo un papel crucial para estimular y procurar las condiciones necesarias de esta maquinaria especulativa. Desde aquí se debe entender la Ley del suelo aprobada por el gobierno de Aznar en 1998, “una ley que permitía acelerar el modelo de crecimiento basado en la construcción residencial hasta límites insospechados”.

En un primer capítulo se relata la macrogestación mediática, económica y política de la burbuja inmobiliaria. Desde las innumerables declaraciones de ministros, de asociaciones de promotoras, de presidentes de ferias inmobiliarias, bancos y cajas, incentivando públicamente a la compra de viviendas y con ello toda la maquinaria salvaje que especulaba con la deuda de los ciudadanos, se pasó, una vez estalló la burbuja, primeramente a negarla obstinadamente para luego decir que “el aterrizaje sería suave” como tan ridículamente insistió -¡todavía en el 2009!- la ex-ministra de Vivienda, Beatriz Corredor. Como dicen Colau y Alemany, lo importante era que calara bien el mensaje: “quien no compraba una vivienda era un tonto, y quien todavía vivía en alquiler, un pobre desgraciado”. Algunos datos estremecedores: entre el período de 1997-2007 se crearon 390 mil nuevos hogares anualmente, pero se construyeron una media de más de 600 mil viviendas al año; el término medio de devolución del préstamo hipotecario subió de 19 a 28 años; actualmente según diversas fuentes hay un excedente de 6 millones de pisos vacíos.

En este apartado también se critica algunos mitos de la “economía de libre mercado”, como es el de “no intervención” que deja que acampen a sus anchas los lobbies “con sus ejércitos de abogados paseándose por los pasillos del Congreso y representantes que se van a comer con los diputados y con capacidad de obstaculizar cualquier decisión política que los perjudique”. Según los autores, hay una necesidad de desenmascarar la relación de poder que conforman partidos políticos, gobiernos y el sector bancario. Dejan muy claro que si la banca “que ha devorado a sus hijos” no ha acabado con ella misma es porque sencillamente “el Estado no la ha dejado caer”. Quizás lo único que se echa de menos en este apartado es una perspectiva más sistémica del problema que subyace a la burbuja inmobiliaria y no quedarse tanto en la esfera de la financiarización como si fuera algo que trabaja al margen de la economía real.

En el segundo apartado, los autores nos ofrecen la historia de la PAH. Como antecedente más cercano se echa un vistazo al colectivo V de Vivienda, un movimiento social que nació en mayo del 2006 en Barcelona “a partir de un correo electrónico anónimo que circuló por la red convocando a las jóvenes a hacer una concentración de protesta en las principales plazas de las ciudades del Estado español para exigir el derecho a una vivienda digna”. No será hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria cuando se abren posibilidades reales para crear una nueva estrategia por este derecho que, a su vez, “significaba dejar al descubierto las causas estructurales que nos han conducido hasta aquí”. En octubre del 2008, V de vivienda organizó la jornada “No deixarem que els bancs ens facin fora de casa”2, con la cual se emprende un cambio de rumbo.

El paso de un colectivo joven, activista, como V de Vivienda a una organización como la PAH es uno de los puntos más interesantes del libro por el proceso de adaptación estratégica que tuvo que atravesar el movimiento: “En el caso de V de Vivienda, la transformación de estos jóvenes en activistas sociales fue una transición casi automática. Pero ¿serían capaces, los afectados y afectadas por la hipoteca, de ir más allá de su propio caso e implicarse en el proceso político?” Aquí yace el meollo de toda problemática política: ¿Cómo conjugar la situación personal con la dimensión colectiva? Según Colau y Alemany, una vez comprobado que las personas que se acercan por primera vez a la PAH se hallan “moralmente abatidas”, incluso sintiéndose culpables de una situación en que ellas son las víctimas, “el primer objetivo de la PAH es generar un espacio de confianza y comunidad a través de las reuniones presenciales que les den la oportunidad de expresarse y compartir con otras personas su experiencia”, ya que “el proceso de desculpabilización es un paso necesario y previo al empoderamiento”, tanto político como personal.

En este sentido, la PAH busca constituirse primeramente en un espacio de solidaridad, de refugio y análisis que, luego, busca transformar la problemática individual en una problemática que necesita de respuestas colectivas. La metodología de trabajo utilizada han sido las asambleas; los casos se tratan y asesoran colectivamente. De este modo se intenta situar los problemas en un espacio que capacite a las personas tanto técnica como emocionalmente para cuando se enfrenten a las entidades bancarias; el seguimiento de los casos es colectivo, así como las acciones de acompañamiento de los afectados a las entidades bancarias, “uno de los mecanismo más efectivos –nos afirman- para nivelar la relación de fuerzas desigual que se da entre las partes en conflicto”.

Otro punto clave, aseguran sus autores, ha sido la sinergia creada con el movimiento vecinal que a partir del nacimiento del 15M se ha consolidado y crecido a nivel estatal. Todos los esfuerzos están puestos máximamente en 3 objetivos: obtener la dación en pago retroactiva, paralizar los desahucios y convertir las viviendas hipotecadas en alquileres sociales. Los autores son optimistas en que la victoria por la dación en pago “significaría romper la lógica perversa que imprimen los mercados y simbolizaría un primer paso para que la sociedad civil recuperase el control democrático de la economía y el timón de la política”. Aunque no exista duda de que su aprobación es de máxima prioridad, no creo que con la dación en pago se rompa con la lógica de los mercados, ya que se trata de una medida compensatoria y no rupturista con el modelo económico capitalista. Ahí está el caso de EEUU, país que la tiene legalizada y que de control democrático de las finanzas tiene poco o nada. Más interesante parece ser, por su elaboración estructural, la propuesta de la “reconversión del parque hipotecario de personas insolventes en un parque público de alquiler social”.

En la tercera y última parte del libro se tratan brevemente los aspectos legales de la ejecución hipotecaria intercalándolo con casos de particulares. Se describen las fases del proceso “cuando se deja de pagar la hipoteca” dando orientación, consejos y recursos útiles a los afectados, todo un instrumental práctico gracias a los 3 años de trabajo colaborativo que lleva acumulando la PAH.

Vidas Hipotecadas es un libro vigoroso, intenta llegar al máximo público posible, no es de orden académico, pero ello no lo hace menos esclarecedor. Su objetivo no es sólo crítico sino que intenta, desde su marco reivindicativo, pasar a la acción dando herramientas para ello.

Notas

1. Naredo, José Manuel, 2009: “La cara oculta de la crisis. El fin del boom inmobiliario y sus consecuencias”, en Revista de Economía Crítica, nª7. Disponible en:
http://www.ucm.es/info/ec/rec/Revista_Economia_Critica_7.pdf
Naredo, José Manuel y Montiel, Antonio, 2011: El modelo inmobiliario español y su culminación en el caso valenciano, Madrid, Icaria
2. “No dejaremos que los bancos nos echen de casa”.

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Esta entrada fue publicada en #4 Sep/Dic 2012, Reseñas y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

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