Construir contra el fascismo en tiempos de crisis

La amenaza del fascismo alrededor de Europa, y concretamente en Catalunya, crea la necesidad de construir un referente amplio que presione de forma masiva en las calles. Ante la doble estrategia del bate y la corbata hay que dar pasos contra el fascismo y por la construcción de una alternativa global al sistema. Por Aleix Bombilà.

Día tras día es cada vez más habitual encontrarnos con noticias que nos muestran el avance del fascismo en Europa, más allá de los resultados electorales crecientes de los partidos neofascistas. Partidos como el de Jobik en Hungría pregonan que se hagan listas de personas judías en el parlamento y organizan desfiles de jóvenes uniformados en barrios de población gitana; Alba Dorada en Grecia ataca a centros de inmigrantes y promueve redadas conjuntamente con las fuerzas policiales; la Liga Norte en Italia hace rondas de “seguridad ciudadana” uniformados y con porras… Todos estos hechos ejemplifican cómo, partidos que se autodenominan demócratas y se presentan a las elecciones, tienen un pie en la calle y la necesidad de ir creando un movimiento social que dé alas a sus sectores más activos.

Es evidente la escalada represiva de los estados contra las movilizaciones anti-recortes, los graves ataques contra la población inmigrada en centros de internamiento o la negación de asistencia sanitaria, así como los ataques sistemáticos del gobierno del PP a la lengua catalana y al derecho de autodeterminación, entre muchos ejemplos más de cómo la democracia capitalista supone explotación y opresión. La situación de crisis está agudizando las contradicciones del sistema. La necesidad de seguir obteniendo beneficios en una suicida huida hacia adelante enroca a las clases dominantes a recortar derechos sociales y aumentar las tasas de explotación. Este panorama provoca debates dentro de la izquierda en los que es habitual designar las políticas liberales como fascistas, emplear términos confusos como “fascismo económico” o “dictadura de los mercados”, o aplicar el término a los gobiernos que imponen recortes o medidas contra la población migrada. Lejos de despreciar la crítica contra estas políticas, no hay obviar la amenaza que representa el fascismo. Es necesario entender el fascismo más allá de encarar estrategias para luchar contra su desarrollo y consolidación.

Sabemos lo que ha representado el fascismo en el siglo XX: la eliminación de millones de personas, la destrucción de cualquier posibilidad de organización y resistencia obrera, el aumento de las ratios de explotación de la clase trabajadora e incluso la erradicación del sistema democrático burgués. Tales medidas son necesarias para la clase dominante cuando la democracia capitalista no puede legitimar sus políticas. El profesor de la UAB, Martí Marín, durante una presentación de la plataforma unitaria Unitat Contra el Feixisme i el Racisme (UCFR) en Sabadell, resumía claramente lo que supondría el fascismo: “encontrarse en la cuneta de la carretera a la salida del pueblo un alcalde del PSC con un tiro en la nuca”.

Obviamente esta no es la tarjeta de presentación de los actuales partidos fascistas, como tampoco lo fue durante su ascenso en Europa a inicios del siglo XX. Ellos se presentan como demócratas y adoptan discursos populistas que ofrecen un espejismo de soluciones contra la crisis, el paro, la especulación y la corrupción política. Igual atacan a los “políticos” en general como a minorías oprimidas, a la izquierda o al movimiento obrero, todo dependerá de la estrategia que les reporte más apoyo por parte de sus bases sociales: generalmente las clases medias y un pequeño sector de la clase trabajadora más depauperada. Sus ideas y falsas soluciones a menudo tienen un público muy pequeño en momentos de estabilidad y expansión del capitalismo, pero pueden ampliar mucho su audiencia cuando las crisis inherentes al capitalismo fustigan al 99% de la población.

La tormenta perfecta

Contrariamente a la idea extendida de que el fascismo se “cura” leyendo, creando una imagen de pobreza intelectual estereotipada de los fascistas, la realidad es que sus bases engloban desde universitarios a parados precarios sin estudios. Que el discurso de los partidos fascistas sea atractivo para un amplio abanico social depende de la situación política. Un escenario que conduce a crear un aumento de polarización social en el que las clases medias, atemorizadas por el riesgo de caer en la pobreza, están más receptivas a un cambio de sistema que les pueda sacar de la crisis. El viejo sistema ya no les garantiza ningún tipo de estabilidad, son necesarias medidas más contundentes. En un escenario en el que faltan referentes de izquierdas, de luchas victoriosas de la clase trabajadora, se crea un vacío que puede llenar el fascismo. No es extraño que España 2000 abra centros de acogida para familias desahuciadas -sólo para autóctonas-, que PxC reparta bocadillos sólo para personas españolas o que Alba Dorada impulse la creación de una oficina de trabajo sólo para personas griegas. Esta práctica xenófoba se ve legitimada aún más por las medidas propias del estado contra las personas migradas, que ven negados sus derechos más básicos en los países donde viven y trabajan. Como resumía el dirigente británico fascista Nick Griffin del BNP “las condiciones actuales representan la tormenta perfecta para nuestro crecimiento”. Hace falta pues atacar estas políticas, y hay que construir urgentemente una izquierda que represente una clara alternativa de resistencia.

Grecia: el laboratorio donde se fabrica el monstruo

El peligro que supone el ascenso del fascismo en las calles y en la palestra parlamentaria se visibiliza de manera sangrienta en el ejemplo griego. A medida que la población ha visto descender brutalmente sus condiciones de vida, mientras los recortes sirven para pagar una deuda de la que no son responsables, se han profundizado las reivindicaciones y los movimientos cada vez están más radicalizados. Además la izquierda anticapitalista está bastante más cohesionada que en el resto de países europeos y tiene una influencia decisiva en la mayor parte de las luchas que se están dando. Sin embargo, en un país marcado por una dictadura militar y la ocupación nazi, un partido enmarcado dentro del fascismo más clásico ha sido catapultado como la tercera fuerza del parlamento con unos 440.000 votos. Las razones principales son el vacío dejado por LAOS, cuando en 2009 formaron gobierno de coalición y votaron los recortes cayendo en el descrédito de sus votantes. Por otra parte se ha minusvalorado la amenaza que suponía una organización muy pequeña como Alba Dorada por parte de la izquierda, creyendo erróneamente que el enemigo principal era el PASOK o Nueva Democracia. Así, hasta que realmente no se han visibilizado espectacularmente con sus 21 diputados, no se ha empezado a construir una lucha unitaria y amplia. Ahora será más difícil ya que cuentan con más recursos, y no han tardado nada en amenazar a los homosexuales o a poner a las fuerzas policiales de su parte. Antarsya, la coalición anticapitalista griega, está liderando la lucha contra este monstruo pero hay que lograr que Syriza, KKE y Pasok vean la necesidad de conformar un frente amplio.

Las condiciones de lucha y la polarización en Grecia son una muestra de lo que está por venir, ya que las brutales imposiciones de la Troika europea se iniciaron hace casi cuatro años y nosotros sólo estamos al principio de este camino.

PxC: entre la corbata y el bate

Actualmente, la organización fascista que supone una amenaza más seria en Cataluña es PxC, liderada por Josep Anglada. A diferencia de Alba Dorada, en la que se ven reflejados, no son abiertamente pro-nazis, aunque tal como declaraba Anglada en una cámara ocul ta, “cuando tome el poder aplicaré la pena de muerte en 24 horas”. Su estrategia de presentarse como un respetable demócrata es una fachada para conseguir poder en el parlamento y así amplificar su mensaje principalmente islamófobo. Pero esta estrategia es paralela a la construcción de una militancia joven, activa y beligerante que ya se ha visto plasmada con el local Tramuntana en el barrio del Clot-Camp de l’Arpa de Barcelona, a imitación de la Casa Pound en Italia. Con la imposibilidad de conseguir diputados en las últimas elecciones del 25 de Noviembre, probablemente explotarán más esta estrategia de construcción en los barrios y en la movilización. Últimamente han repartido propaganda contra los inmigrantes con un mensaje engañosamente anticapitalista, contra la policía, los bancos y los desahucios. Hay que desenmascarar estos mensajes oportunistas si no queremos que cada vez más gente se sienta atraída.

Podemos pararlo

El auge del fascismo no es algo inevitable. Como dijo Hitler tras su triunfo “si nuestros enemigos nos hubieran parado los pies desde el primer momento, desde que éramos un pequeño grupo, habrían acabado con nosotros. Nunca después, cuando ya éramos un gran movimiento unido”. Estamos en la fase en la cual los grupos fascistas están en expansión pero todavía son pequeños. UCFR es una plataforma unitaria y muy amplia que está siendo capaz de contrarrestar la influencia de PxC allí dónde está presente.

Hace falta pues que este movimiento amplio también sea decisivo en la confrontación masiva en las calles y en los barrios, donde quieren consolidarse y promover el odio y la xenofobia. Al tiempo hay que trabajar por la construcción de una izquierda anticapitalista plural, arraigada y cohesionada que ofrezca una alternativa a todas aquellas personas que están desencantadas con el sistema actual.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en #5 Ene/Abr 2013 y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s