Editorial: Y sin embargo algo se mueve

Cinco años –y sumando– de crisis, de recortes y más recortes. Tres huelgas generales que no han parado los ataques de los gobiernos. Un paro en aumento. Un movimiento 15M que estalló con fuerza hace dos años pero que perdió su ímpetu. Todo esto puede arrastrar a muchas personas a un pesimismo paralizante. Y es verdad que la realidad de la crisis está ahí, pero hace falta ver más allá de su realidad asfixiante para ser capaces de captar los signos positivos que se van abriendo paso. Porque, sin embargo, algo se mueve.

Se mueve en la izquierda. El pasado otoño hubo elecciones en Euskadi, Galiza y Catalunya. En todos estos territorios creció la izquierda combativa comprometida también con la reivindicación de los derechos nacionales. EH-Bildu sacó el 25% de los votos, unos resultados históricos de la izquierda abertzale. Alternativa Galega de Esquerda –paraguas unitario de distintas organizaciones– consiguió el 14%. Y en Catalunya la Candidatura d’Unitat Popular – Alternativa d’Esquerres (CUP-AE), realizó su salto al Parlament con éxito, con un 3,5% de los votos y la entrada de 3 diputados.

El ascenso de la izquierda combativa en estos sitios recoge la voluntad de alternativa, la oposición a los recortes y vertebra políticamente a una parte de esta generación de personas jóvenes –y no tan jóvenes– que se han movilizado en los últimos años.

Este ascenso muestra la polarización y la crisis política en aumento. El PP, pese a su mayoría absoluta, sufre un gran desgaste. Las encuestas le atribuyen una pérdida del 33% del voto respecto a las elecciones generales. Y el voto conjunto de los dos principales partidos, PP+PSOE, cae a un mínimo sin precedentes, el 53%, cuando en los últimos 20 años ha estado por encima del 70%. IU subiría hasta un 15,6% (el mayor resultado de su historia), aunque, en el otro extremo, el populismo españolista de UPyD crecería hasta el 10,1%1.

Un ascenso de la izquierda combativa en el plano electoral, con un potencial superior al momento de la transición de finales de los 70, muestra los desarrollos desiguales de la situación actual. El movimiento huelguístico y el tejido militante están muy lejos del nivel de la transición, pero hay mayores capas de la población que buscan una alternativa política en las elecciones fuera de los principales partidos. A nivel ideológico crece el cuestionamiento del sistema capitalista. La población que confía en los beneficios del libre mercado se ha reducido del 67% en 2007 al 47% en 20122.

La izquierda combativa tiene el reto de aprovechar este escenario de abertura de posibilidades para su (re)construcción. En este sentido, en el presente número de La Hiedra contamos con una entrevista al diputado Quim Arrufat de la CUP, que explica las claves del auge de esta candidatura, y otra contribución al debate sobre el futuro de la izquierda por parte de Oscar Simón, que analiza la necesidad de la unidad en la lucha social y en el campo político.

Algo se mueve también en las luchas obreras. Miguel Sanz en su artículo “La respuesta de la clase trabajadora a la crisis” analiza el nivel de huelgas en el Estado español desde 2007 y muestra que hay una línea ascendente, si bien con altibajos. Después de un auge en el inicio de la crisis (2008 y 2009), la movilización huelguística cayó en 2010 y 2011, mientras que dos huelgas generales y múltiples huelgas sectoriales en 2012 indican un repunte. Detrás de esta tendencia quedan efectos menos visibles, ya que a veces las cosas se mueven bajo la superficie. Nuevas secciones sindicales, elección de delegadas sindicales más combativas y la experiencia de organizar y participar en asambleas es el poso que dejan en muchos centros de trabajo las últimas huelgas y protestas y que puede ser la base para sustentar mayores movilizaciones en el futuro.

Decía el revolucionario Andreu Nin que había “derrotas fecundas”, derrotas de las que se podían extraer lecciones. Los cinco años vividos de crisis, de tres huelgas generales, de estallidos como el 15M y, también, de decepciones, dejan un cúmulo de experiencias, una maduración política.
El estallido de la crisis no llevó en 2007-2008 a ningún auge automático y veloz de las luchas y la izquierda, pero cinco años después constatamos una tendencia gradual a recomponer piezas para responder a la situación.

Grieta nacional

Otro efecto de la plasmación de la crisis económica en crisis política se evidencia en la cuestión nacional. El marco institucional creado durante la transición está en entredicho. La España de la constitución y de las autonomías no es capaz de dar salida a la voluntad de autodeterminación de las distintas naciones que existen dentro de Estado español, sino todo lo contrario.

La reivindicación independentista en Catalunya se ha consolidado con un empuje inédito, confirmado en la enorme manifestación del 11 de septiembre. El nuevo gobierno catalán de CiU mantiene abierto el pulso con Madrid con la intención de convocar una consulta de autodeterminación. En su artículo, Joel Sans analiza los motivos políticos y económicos que hay tras la orientación de CiU y las posiciones de los distintos sectores de la burguesía catalana. Al mismo tiempo señala como el proceso abierto no se puede dejar en manos de CiU y ERC, sino que es necesario conectar las demandas de transformación social junto a las nacionales.

El auge de la cuestión nacional intersecciona con la crisis económica y con la lógica de recentralización e imposición de la austeridad por parte del gobierno central. Se trata de un marco complejo donde el españolismo responderá con contundencia a las reivindicaciones de las naciones no reconocidas y donde la izquierda corre el riesgo de quedar neutralizada si no defiende con fuerza la autodeterminación como un derecho democrático y es capaz de crear lazos de solidaridad entre las y los trabajadores de todo el Estado.

El espejismo de la recuperación

En la entrada del 2013 el gobierno central y los principales periódicos declaraban que el rescate del Estado español se había evitado y hacían previsiones de recuperación para finales de año. Los motivos para este frenesí de optimismo se encontraban en la rebaja de la prima de riesgo y la apertura de los mercados para el Estado español. Sin embargo, mirando en mayor detalle el escenario, la prima de riesgo a principios de 2013 solo cae a los niveles (altos) de principios del año pasado mientras que la situación económica es peor que entonces: en 2012 la economía cayó un 1,3-1,4 del PIB y el paro aumentó en 800.000 personas3, el endeudamiento del Estado continúa creciendo y todo apunta a un nuevo incumplimiento de los objetivos de déficit pese a los draconianos ajustes. Los elementos que llevaron al crecimiento de la prima de riesgo el otoño pasado y a la amenaza del rescate siguen ahí, aún con mayor fuerza.

Algunos economistas han señalado el aumento de las exportaciones españolas como un factor esperanzador. Sin embargo, cabe señalar que retroceden las exportaciones a la Unión Europea, que son prácticamente el 65% del total4 y que, en el contexto global de una eurozona en la que continúa la recesión (su PIB cayó un 0,4% en 2012), las perspectivas de salir de la crisis gracias a exportaciones más baratas tienen poco fundamento. Incluso la gran exportadora Alemania sufrió una caída económica del 0,5 del PIB el último trimestre de 20125.

A nivel mundial la economía no recupera sus tasas de crecimiento anteriores a la crisis y se prevé una subida global del 2,4% para 2013, similar al año 2012. EEUU, a diferencia de la eurozona, crecerá, pero menos que el año pasado y con la carga de una enorme y creciente deuda, que hipoteca las posibilidades de una recuperación sostenida6.

Todo esto lleva a que los ataques sociales se mantendrán en el Estado español con una gran intensidad. Los empresarios piden una nueva reforma laboral más dura, y el gobierno tiene en mente otra agresiva reforma de las pensiones y más despidos en el sector público.

Sin embargo, los ataques sociales no son una necesidad “técnica”, imprescindible. Es una elección para salvaguardar los intereses de la clase dirigente. El capital, como los dioses caprichosos y sedientos de sangre, pide más sacrificios, no importa cuán injustos e irracionales sean. En este caso los dioses del capital están sedientos de la única fuente de riqueza real: el trabajo. Los recortes no suponen otra cosa que aumentar la explotación de la clase trabajadora, directamente (bajadas salariales) o indirectamente (recorte de los servicios públicos). En otras palabras, se trata de que una mayor cantidad del trabajo que las personas realizan pase a engordar este monstruo insaciable que es el capital. Los datos lo muestran claramente: los salarios nominales bajan en 2012 un 5,5%, (una bajada del 10,4% del poder adquisitivo si sumamos la subida de la inflación y del IVA), mientras en cambio las rentas vinculadas al capital suben un 3% nominal7.

Los motivos de la austeridad y las bajadas salariales son reales, pero no tienen nada que ver con las necesidades de la mayoría. En primer lugar, se trata de subir la tasa de beneficios de las empresas transfiriendo recursos del trabajo al capital. En segundo lugar, de aumentar la productividad para ser más competitivos a nivel internacional y buscar una salida en las exportaciones. Pero esto último, como decíamos arriba, no está funcionando muy bien cuando el resto de países también recurren a la austeridad y la población pierde poder adquisitivo.

Ante estas perspectivas tan negativas a nivel económico y social, la única alternativa para defender los derechos colectivos es la multiplicación de las protestas y la organización en los barrios, centros de trabajo y centros de estudio. En este camino hará falta vincular poco a poco las movilizaciones por cuestiones concretas con demandas más generales que confronten la misma lógica del capitalismo. En el número pasado de La Hiedra Albert García daba argumentos para una salida anticapitalista a la crisis8. En este número continuamos al filo de este debate con el artículo del economista Carlos Schwartz, que explica por qué se debe dejar de pagar la deuda y analiza el papel de la Unión Europea como garante de los grandes capitales.

Sí, pese a todo, algo se está moviendo, hará falta saber hacia dónde ir. Esperamos que este número de La Hiedra –y los que vengan en el futuro– pueda poner su granito de arena en esa tarea.

Notas

“Rajoy, en caída libre en un momento crítico”. El País. 12/1/2013.http://politica.elpais.com/politica/2013/01/12/actualidad/1358017058_376…
“Pervasive Gloom About the World Economy”. Research Center’s Global Attitudes Project. 12/070/2012. p. 3 http://bit.ly/LcPICJ
“El año que comienza”. Negocios. El País. 13/1/2013.http://economia.elpais.com/economia/2013/01/11/actualidad/1357935079_978…
“El año que termina”. Negocios. El País. 23/12/2012. http://economia.elpais.com/economia/2012/12/21/actualidad/1356105741_192…
“La recesión del euro toca a Alemania”. El País. 15/1/2013.http://economia.elpais.com/economia/2013/01/15/actualidad/1358242916_900…
6 “Recovery or recession or depression?”. Michael Roberts blog. 17/1/2013.http://thenextrecession.wordpress.com/2013/01/17/recovery-or-recession-o…
7 “Rentas del trabajo y capital y precios en 2012”. CCOO en redes. 7/1/2013. http://bit.ly/117KIex
8 García, Albert, 2012: “Las salidas a la crisis y la vía anticapitalista”. La Hiedra. N. 4, septiembre-diciembre 2012.https://enlucha.wordpress.com/2012/10/10/las-salidas-a-la-crisis-y-la-via…

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Esta entrada fue publicada en #5 Ene/Abr 2013 y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

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