SYRIZAs, CUPs y la izquierda anticapitalista

Este artículo continúa el debate sobre el futuro de la izquierda combativa que hemos tenido en las páginas de La Hiedra con Manel Márquez y militantes de Gorripidea, Red Roja y Lucha Internacionalista. Oscar Simón, de En lluita-En lucha, habla de las posibilidades de un frente amplio contra los recortes, la necesidad de un referente político anticapitalista y la experiencia positiva que representa la CUP-AE.

En las calles se grita: “¡No es una crisis, es una estafa!”. Yo suelo gritar: “¡Es una crisis y es una estafa!”. En realidad, en las calles no se está negando que exista una crisis, sino que las supuestas soluciones que aportan las élites mundiales sólo lo son para unos cuantos y en cambio constituyen una estafa para el resto, ya que se privatizan los beneficios y se socializan las pérdidas.

No obstante es necesario clarificar que el capitalismo está en crisis. Incluso, como ha señalado David Harvey entre otros, China y Brasil dan muestras de agotamiento y sufren unas enormes burbujas inmobiliarias, que de hecho son las que están “tirando del consumo interior” como ya lo hicieron en EEUU o aquí mismo hace unos años, con los resultados que ya conocemos.

Es decir, la producción irracionalmente excesiva de edificios expandió monstruosamente los sectores asociados, y los créditos hipotecarios permitieron la compra masiva de coches, televisores de plasma… por parte de la clase trabajadora, que paradójicamente veía como sus salarios reales caían. Hoy, se mire por donde se mire, existe una capacidad de producción que excede en mucho la capacidad de consumo (ya sea porque se produce por encima de las necesidades o porque la gente no puede pagar los productos existentes). Además, la dinámica depredadora del capitalismo profundiza la crisis ecológica. Una crisis alimentaria en la que se encuentran sumidas más de 850 millones de personas en el sur global y cada vez más habitantes de las ‘prósperas’ ciudades occidentales. A lo que hay que añadir la crisis democrática, en la que los ‘mercados’, es decir los ricos del mundo, imponen sus decisiones a continentes enteros (de nuevo la estafa).

Hasta aquí un cuadro general. La crisis, a pesar de ser global, no se manifiesta de la misma manera en cada parte del planeta, sino que la reordenación de las relaciones de producción, diplomáticas, imperialistas o financieras, entre otras, varían según la posición que ocupa cada territorio dentro del sistema global. La UE, en competencia con China, India, Brasil o EEUU, está apostando por la devaluación interna para abolir las conquistas laborales a la vez que convierte los servicios públicos en fuentes de negocio.

La socialdemocracia tradicional no sólo no está consiguiendo articular una alternativa a los recortes, sino que además en los lugares más fuertemente inmersos en la crisis (Portugal, Grecia o el Estado español) está perdiendo representatividad en todas y cada una de las elecciones. Partidos como el PSOE o el PASOK, fundamentales en la configuración de los Estados español y griego, carecen hoy de un proyecto netamente diferenciado de sus contrincantes del Partido Popular Europeo.

En Francia el PSF, a pesar de haber ganado las elecciones con un discurso de izquierdas y de acaparar en sus manos la mayor cantidad de poder de la historia de la V República, es incapaz de romper con la doctrina neoliberal. En Alemania, el SPD —encabezado por el millonario Peer Steinbrück, antiguo ministro de economía del gobierno de coalición presidido por Merkel— además de encaminarse hacia una derrota electoral sigue, prácticamente, a pies juntillas las políticas neoliberales del ex canciller Schröder… que hoy es asesor de la enorme empresa gasística rusa, Gazprom. En Italia, la socialdemocracia tradicional ha adoptado el modelo del gran partido de centro izquierdo que, encabezado por Luigi Bersani (ex ministro de los gobiernos social-liberales del Olivo), intenta emular el modelo del Partido Demócrata de Obama.

A la izquierda del social-liberalismo han apareciendo nuevos proyectos, desde Syriza (Grecia), a Die Linke (Alemania) y Front de Gauche (Francia), que se oponen al neoliberalismo desde posiciones propias de la socialdemocracia clásica. Es decir, hablando de fiscalidad progresiva y servicios sociales, al estilo de los capitalismos de los países nórdicos.

En cuanto a la izquierda anticapitalista, en Alemania la vemos participando mayoritariamente dentro de Die Linke, en Francia el NPA no está consiguiendo superar la división interna que durante los últimos años bloquea al partido, en Grecia parte de la izquierda anticapitalista se encuentra dentro de la coalición Syriza y otra se encuentra agrupada en otra coalición, ANTARSYA, cuyo carácter es claramente revolucionario.

En resumen, podemos decir que en Europa la izquierda revolucionaria tiene desarrollos muy desiguales, así como proyectos políticos muy diferentes. En el fondo esto que en apariencia podría parecer contradictorio no lo es tanto, dado que en cada territorio tanto la situación política como la propia historia de las organizaciones y los movimientos puede llevar a caminos diferentes para conseguir el mismo objetivo, que no es otro que la revolución social. Sin pretender dar lecciones, sí que es posible afirmar que en la actualidad en el aquí y ahora aparecen dos caminos en el horizonte: o bien se busca la creación de un espacio a la izquierda de partidos como el PSOE, con vocación de encuadrar a toda la izquierda desde IU hasta las organizaciones y personas anticapitalistas, o bien se articula desde el anticapitalismo un proyecto propio claramente diferenciado.

Un frente amplio contra los recortes

En el periodo actual se vislumbran dos tareas claras: una es oponerse a los recortes y la otra estriba en construir un referente anticapitalista con el objetivo de acabar con el sistema de injusticia institucionalizada en el que vivimos. Existen diferentes posicionamientos respecto a cómo afrontar estos desafíos. Desde la mayoría de la izquierda reformista —IU, SYRIZA, Die Linke o el Front de Gauche— se aboga por un frente amplio con quienes quieran luchar contra los recortes. Cuando ICV-EUiA llama a formar la SYRIZA catalana, habla básicamente de constituir un referente electoral a la izquierda del PSC, con capacidad de ser hegemónico en la izquierda y de plantearse como alternativa de gobierno a CiU. Otros sectores apuestan por oponerse a los recortes sólo en las calles, coincidiendo en las luchas y manteniendo un referente anticapitalista propio.

En este punto la discusión está servida. Desde una posición se argumenta la necesidad y la posibilidad real de ganar los gobiernos, como ha estado a punto de hacer SYRIZA en Grecia y desde el otro se argumenta que no se puede luchar con quienes han estado en gobiernos que han recortado, como el tripartito en Catalunya o como lo hace IU en Andalucía.

En mi opinión es necesario entender las dos tareas entrelazadas. Así, a un cierto nivel es evidente que para detener la ofensiva neoliberal la acción unitaria necesita a las miles o incluso millones de personas que están en contra de los recortes. Es decir, no sólo es necesario coincidir en las calles sino buscar un marco estable de movilización y agitación contra los recortes. Algo parecido a lo que fue la “Plataforma Aturem la Guerra”, en Catalunya en 2003, contra la invasión de Irak. En este espacio se encontraban desde CCOO, UGT, ICV-EUiA a sectores libertarios pasando por la izquierda revolucionaria e incluso representantes del PSC. La amplitud e implantación social fueron tan grandes que incluso CiU envió representantes a la asamblea celebrada en vísperas de la manifestación del 15 de febrero de 2003. CCOO y UGT junto a otros sindicatos y organizaciones sociales han impulsado plataformas contra los recortes. Estas plataformas sin embargo no están funcionando como tales, sino que son activadas y desactivadas en función de las necesidades de las dos grandes centrales sindicales.

Si se apostase realmente por la construcción de este frente amplio, las ocupaciones de hospitales, de escuelas (sólo por citar algunas luchas) y demás tendrían un marco de resistencia común. Por separado, los gobiernos neoliberales y las empresas están consiguiendo ganar la mayoría de las batallas. Sólo con una acción unitaria y sostenida en el tiempo es posible darle la vuelta a la situación. Esto no quiere decir que cualquier posibilidad de acción tenga que pasar por esta hipotética plataforma, sino que serviría para coordinar diferentes iniciativas, preparar las grandes movilizaciones unitarias y, sobre todo, extender la solidaridad. De esta manera en cada barrio, ciudad, pueblo o centro de trabajo existirían espacios de participación.

Este tipo de frente amplio es diferente a cualquier hipotética SYRIZA, dado que no tendría un carácter político-electoral. La experiencia del 15M demuestra que miles de personas están dispuestas a luchar. La izquierda radical participaría en este espacio aportando combatividad, dinamismo, alternativas reales a las políticas actuales y actuando como tensor interno.

Esta acción unitaria no debe confundirse o supeditarse a la existencia de un proyecto político y social común. Ciertamente la situación actual es muy difícil y sin exagerar lo más mínimo puede catalogarse como de emergencia social; aun así no se debe aceptar el argumento que llevó a la configuración de los frentes populares en los años 30 o, en otro orden, a la aparición del eurocomunismo. En ambos casos la moderación del discurso fue acompañada del abandono de cualquier visión revolucionaria y la defensa del orden establecido, claramente ilustrado en la aceptación por parte de Carrillo de la monarquía o la liquidación de la revolución social en los años 30.

Un referente anticapitalista es posible

Aquí llega la segunda tarea: construir una fuerza anticapitalista capaz de llevar a la sociedad ideas revolucionarias. Las personas anticapitalistas no tienen intereses propios diferenciados respecto al resto de personas oprimidas y explotadas del mundo. Tampoco detentan unos principios especiales que les lleven a querer modelar las luchas a su imagen y semejanza. Quizá lo que las distingue (a parte de muchas veces un aspecto peculiar) es que son casi siempre las más decididas y reivindicativas, así como las suelen tener una visión más global de la realidad.

Por otro lado, las alternativas que intentamos teorizar o plantear no parten de tal o cual gurú, o al menos así debería ser, sino de las experiencias de lucha y del análisis de la realidad (gracias barbudos). A veces nuestra capacidad de análisis no es todo lo buena que necesitaríamos. De ahí surge la necesidad de utilizar eso que algunos denominan mente colmena u otras “general intellect” o cualquier otro sinónimo que se nos ocurra para combinar las palabras debate y asamblea. La construcción colectiva del análisis y las alternativas encierra un infinito potencial, dado que, por una parte, las opiniones y percepciones se suman e incluso se multiplican pero, además, en el mismo proceso se construyen complicidades, se vislumbran nuevas ideas y se rompe con la lógica antidemocrática del sistema.

Durante los últimos años cientos de activistas revolucionarias han coincidido en diferentes luchas o movimientos, especialmente durante el último año y medio en el 15M. De hecho el movimiento de las plazas no sólo ha cambiado, de manera bastante profunda, el panorama político sino que además ha insuflado una energía política sin la que cuesta explicar el éxito electoral de Alternativa Galega de Esquerda o de la CUP-AE (Candidatura d’Unitat Popular-Alternativa d’Esquerres).

En resumen lo que quiero decir es que la construcción de este referente anticapitalista debe hacerse principalmente desde la base, aprovechando esa experiencia de años de activismo compartido y la nueva capa de personas involucradas a raíz del 15M. Personas que no sólo desconocen la pequeña historia de los intentos de confluencias anteriores, sino que parten de una experiencia militante en asambleas que no eran de nadie y eran de todas; asambleas donde lo importante era qué se decía y cómo se decía y no tanto quién era aquella persona que aportaba ciertas ideas. Si queremos que la confluencia funcione, el carácter asambleario de la misma es irrenunciable.

Desde En lucha-En lluita hace tres años hicimos un intento muy serio de avanzar en la confluencia con IA (Izquierda Anticapitalista), como un primer paso hacia la configuración de un referente anticapitalista. De hecho, planteamos nuestra disolución para integrarnos en su proyecto. Seguramente cometimos algunos errores en nuestros planteamientos, sobre todo en los detalles del proceso (dicen que ahí es donde se esconde el demonio). Personalmente pienso que seguiría siendo una buena noticia un mayor trabajo en conjunto de las organizaciones, especialmente después de la buena experiencia en el 15M y en las elecciones generales de hace un año. Sin embargo, no parece que vayan por ahí los tiros.

Así pues, en la situación actual nuestra posición podría esbozarse de la siguiente manera. Por un lado, un frente amplio como el que ya hemos esbozado y por el otro la confluencia de la izquierda anticapitalista. Esta confluencia no la concebimos como un proceso aparte de la lucha contra los recortes, sino totalmente inmersa en el mismo.

Después de leer la contribución de Josep Bel (miembro de Red Roja) no puedo dejar de decir que su propuesta de asambleas de base en las que activistas de diferentes opciones confluyen, debaten y llegan a acuerdos políticos es claramente un camino a explorar. De hecho cuadra de manera clara con las necesidades actuales ya que permite discutir y preparar ideas y alternativas para los marcos unitarios, a la vez que este trabajo de base hace más fácil establecer las complicidades necesarias para retos orgánicos mayores. Este proceso no descarta conversaciones, propuestas y acuerdos entre las direcciones de las organizaciones que participasen, pero debería quedar meridianamente claro que el marco de confluencia sería de todas y de nadie, dejando clara la necesaria participación de personas no afiliadas.

Estas asambleas podrían tener, en algunos territorios, un carácter híbrido entre el frente amplio contra los recortes y una asamblea anticapitalista. Esto no es contradictorio, sino todo lo contrario ya que demuestra que personas que empiezan luchando por tal o cual reforma se pueden politizar y radicalizar hasta adoptar ideas revolucionarias. De hecho aquí se condensa gran parte de las ideas que defiendo. Las luchas y las revoluciones las ganan las mayorías o por lo menos unas minorías muy grandes, sabemos que siempre hay gente que no se moviliza. Por lo tanto, las personas revolucionarias deben buscar la manera de participar e incidir en esas luchas, de manera que cada vez más gente haga suyas las ideas anticapitalistas.

¿Y las elecciones?

Un punto importante y que he dejado para el final es el tema de los referentes electorales. El primer elemento a pensar es que el voto es coyuntural. Es decir, no se trata tanto de una cuestión de principios, ya que las instituciones actuales no van a servir para acabar con el capitalismo, por tanto la política en cada elección deberá depender de las circunstancias. Una vez aclarado este punto, SYRIZA representa la coalición que más éxito electoral ha tenido, de hecho se ha calificado a Alternativa Galega de Esquerda como al equivalente gallego de la misma, y en Catalunya se hicieron muchas referencias. ICV-EUiA contó con la presencia de Alex Tsipiras, nº 1 de la coalición griega, en su acto central de las últimas elecciones a la Generalitat. A su vez el cabeza de lista de ICV Joan Herrera ha reivindicado durante la campaña su papel en una futura coalición que aglutinase a la mayoría de sectores a la izquierda del PSC.

Ciertamente existen diferentes posiciones sobre lo que algunos llaman la posible “SYRIZA catalana”. Algunos hablan de ICV- EUiA, ERC, otros hablan de EUiA-CUP. Lo que sí está claro es que la SYRIZA griega está comprometida a no formar pactos en gobiernos social-liberales con el PASOK y, por tanto, mucho menos con el equivalente de CiU en Grecia. En Andalucía IU gestiona y modula, en cierta medida, desde el gobierno los recortes de la junta de Andalucía y así pasa en muchos ayuntamientos a lo largo y ancho del estado.

Para mí el mejor modelo es el de las CUPs basado en asambleas de base donde han confluido personas de diferentes tradiciones de la izquierda independentista e incluso de otras tradiciones, así como personas que no habían militado en ningún sitio. Y lo que es más importante, ha conseguido romper el círculo de auto-referencialidad, llegando a merecer el voto de más de cien mil personas, con un discurso nítidamente anticapitalista, independentista y de regeneración democrática.

Este aspecto, plasmado en las listas abiertas, el control de las decisiones desde la base, la rotatividad en los cargos, el carácter asambleario y la eliminación de los privilegios de los electos serán clave para cualquier proyecto electoral que merezca la pena. No obstante en el terreno electoral se podría explorar un escenario de colaboración directa entre las CUP, las CAVs (Candidaturas Alternativas del Vallés, fuerzas municipalistas locales donde confluyen diferentes tradiciones) y EUiA en Catalunya. Sin prisas, hablando las cosas con calma, en las próximas elecciones municipales, una confluencia de este tipo sería claramente viable (de hecho en algunas localidades como Santa Coloma de Gramanet ya se da en parte). Existe un espacio político antineoliberal con el que las anticapitalistas deberíamos poder relacionarnos. Cientos o miles de personas, según la localidad, a lo largo y ancho del estado, estarían dispuestas a apoyar candidaturas municipales claramente rupturistas

Para ir acabando

La izquierda anticapitalista en general contamos con cientos o algunos pocos miles de militantes en todo el estado. Personas muy valiosas, pero que debemos reconocer que carecemos de la fuerza para lanzar un proceso revolucionario. Ciertamente necesitamos acumular más fuerzas, de ahí la necesidad de confluencia en las asambleas de base, que no sólo significaría la suma de activistas sino que generaría sinergias alrededor de este proceso unitario. Miles de personas están buscando espacios de este tipo y tenemos la energía social fundacional emanada del 15M.

Por otro lado no podemos quedarnos en casa mientras llega la revolución, básicamente porque esto nunca pasará. Los procesos sociales evolucionan en función de las condiciones en las que se dan, pero también y sobre todo en función de las decisiones de las personas que los viven. Así pues es imprescindible que la izquierda revolucionaria sepa participar en las luchas, trabajar para amplificarlas, extenderlas y radicalizarlas. De ahí la necesidad del frente amplio contra los recortes.

Un buen paso para avanzar en este sentido sería que en el Foro Social Mundial que va a tener lugar en Túnez se lanzara una fecha global contra los ajustes neoliberales. Esto pasó en Foro Social Europeo de Florencia en 2002, contra la guerra de Irak y supuso la mayor movilización antibélica mundial de la historia, y aquí se llegaron a hacer 15 minutos de paro laboral contra la guerra. Hoy estamos en otro momento y, sin querer repetir mecánicamente, sí que es necesario recordar los modelos exitosos.

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Esta entrada fue publicada en #5 Ene/Abr 2013 y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a SYRIZAs, CUPs y la izquierda anticapitalista

  1. pau dijo:

    Aquí se pueden leer los anteriores debates de esta sección:

    – Bikila y Josep Bel: El futuro de la izquierda anticapitalista a debate:
    https://enlucha.wordpress.com/2012/10/10/bikila-y-josep-bel-el-futuro-de-la-izquierda-anticapitalista-a-debate/

    – Manel Márquez, Josep Lluís Alcázar y Joel Sans: El futuro de la izquierda:
    https://enlucha.wordpress.com/2012/05/29/manel-marquez-josep-lluis-alcazar-y-joel-sans-el-futuro-de-la-izquierda/

  2. Pingback: SYRIZAs, CUPs y la izquierda anticapitalista | Voces del 99%

  3. Alternativas para construir otro modelo de sociedad: un frente político de fuerzas de izquierda, o un frente ciudadano y político para una democracia real, para una economía al servicio del ser humano.

    En el movimiento ciudadano (15M, mareas, plataformas, Frente Cívico, etc) y las fuerzas políticas que apuestan por otro modelo de sociedad diferente al capitalismo, se han producido diferentes iniciativas tendentes a la construcción un frente común de todas ellas para superar la gestión neoliberal del capitalismo, mejorar la calidad de la democracia y avanzar hacia ese otro modelo de sociedad. El interrogante, o la dificultad, que sigo observando en las propuestas he leído para avanzar hacia ese frente común, con énfasis diferente entre los calificativos de social, ciudadano o político, radica en la indefinición acerca de cómo abordar su constitución; es decir, la forma de llevarlo a cabo. Sobre quién debe componer dicho frente, hay cierto grado de consenso, con alguna fricción en el tratamiento de las cuestiones nacionales. Pero hay dos posiciones antagónicas para aplicarlo. La clásica, que es la más pragmática a corto plazo, sería reunir a todas las fuerzas políticas y sociales en torno a programas compartidos concediendo un peso a cada una de ellas en función de su presencia social; es decir la afiliación o seguidores de los que pudieran hacer gala. Es el modelo que, al menos teóricamente, Izquierda Unida pretendía seguir como coalición. Ampliado ahora a los movimientos ciudadanos y otras fuerzas políticas, en el que IU fuera una fuerza más, es el modelo que más he escuchado por quienes se encuentran preocupados por la respuesta antineoliberal más inmediata, tanto en movilizaciones como a nivel electoral con las próximas europeas.

    Un frente político abordado así, en mi opinión tendría los siguientes inconvenientes: la estructura antidemocrática de los partidos, el aparato que los controla así como el poder que ambiciona ese sector instalado (los dirigentes), y la teórica función de vanguardia que cada partido cree poseer. En la competencia interna por el poder dentro del frente, los partidos coparían, se repartirían y dirigirían, dejando a los movimientos de meras comparsas estéticas con poder de atracción. Los movimientos ciudadanos, que de entrada es difícil que se sientan integrados, pero donde se produjera, se alejarían denunciando también la falta de representatividad y de democracia. En cuanto a movimientos, como el 15M, dudo que alguna vez decidan integrarse como una fuerza más entre otras fuerzas, ni tampoco la identificación exclusiva con las fuerzas de izquierda. Menos su manipulación. El 70% de la ciudadanía que hoy asume los planteamientos del 15M no apoyaría un frente hegemonizado por IU. Otro problema, aún no resuelto (a pesar de lo aprobado en la X Asamblea), es que en IU no todos asumen la necesidad de ese frente común, ni siquiera hegemonizado por su fuerza mayoritaria, el PCE, para construir otro modelo de sociedad, toda vez que siguen pensando en que cualquier alternativa de poder pasa por alianzas con el PSOE, partido que hace tiempo olvidó las políticas socialdemócratas para instalarse en el neoliberalismo.

    En el otro extremo, el modelo consistiría en que la ciudadanía indignada se organizara, con formas de democracia directa y con participación individual, de manera que las fuerzas políticas no tendrían presencia colectiva sino tan sólo con sus militantes. Este modelo es el que, en principio, parece estar gestándose con el Frente Cívico Somos Mayoría. En principio, los aparatos partidarios parecen tener más recelo que otra cosa frente a la extensión del FCSM, pues es evidente la pérdida de protagonismo y poder que esto les supone; ello es una situación para la que no están preparados, ni históricamente ha sido así salvo hundimiento total de la fuerza política, tal como les pasó al PTE, MC o al PT carrillista, que acabaron integrándose en otros grupos o movimientos.

    Sin embargo, no cabe duda que este aglutinamiento desde “abajo” y preservando en todo momento las formas de democracia directa, no tendría especiales obstáculos para ir incorporando a esa mayoría social indignada, esa mayoría que podría hacer valer la soberanía del pueblo. Todo movimiento teme perder su identidad, pero la propuesta de Anguita, tal como está formulada, no conlleva absorción o limitación de actividad de los demás grupos organizados del movimiento ciudadano. Evidentemente, es un proceso lento. Y las prisas ante el deterioro económico, social y político, quizá, demanden fórmulas mixtas, tal vez como las ensayadas en algunos países latinoamericanos (Venezuela, Bolivia, Ecuador…). En mi opinión, estos dos últimos modelos de frente común son las únicas vías que podrían convertirse en alternativa de poder, en ejercicio real de la democracia y soberanía del pueblo frente a los mercados y las oligarquías económico-financieras, supeditando la economía a las necesidades humanas, replanteando decididamente el proceso de construcción europea y dando fin a la unión monetaria.

  4. Juan dijo:

    No hay mejor momento para recomponer una verdadera izquierda revolucionaria capaz de velar por lo común arrebatado, por nuestra democracia obrera, por la emancipación del ser humano como sujeto activo-libre de dogmatismos y elegir nuestra alternativa común.
    Me ha gustado el articulo publicado en Reblión.

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