Editorial: Crisis de hegemonía: lo viejo y lo nuevo

Los principales pilares del sistema político e institucional español están sufriendo una crisis de legitimidad desde que hace solo tres años, en mayo de 2010, Zapatero anunciara el primer programa de recortes. Las noticias de innumerables casos de corrupción en los principales partidos y la monarquía han sido solamente la última ola de descrédito. Casos de corrupción que aparecen ahora, cuando la cadena de favores y de relaciones clientelares se erosiona debido a la crisis y que despiertan tanta indignación justamente porque son los defensores de la austeridad a ultranza –incluido el presidente Rajoy– quienes se han lucrado con grandes cantidades de dinero negro a cambio de dar favores a les empresas privadas.

La aparición del movimiento 15M hace dos años encarnó el rechazo a la democracia parlamentaria, a los principales partidos e, incluso, al sistema económico. Desde entonces han tenido lugar múltiples protestas contra los bancos, los recortes o los desahucios. Estas protestas, muchas de ellas convocadas con un alto grado de espontaneidad y a parte de las organizaciones políticas y sindicales tradicionales, reflejan un cambio a gran escala en la visión de sectores muy amplios de la población. Algunos datos así lo muestran. La suma de intención de voto de los dos principales partidos, PP y PSOE, cae en picado y no llega ni al 50% en las estimaciones 1. La confianza en la democracia parlamentaria ha dado un vuelco. Si, a finales de 2010, el 58,8% de la población veía la sociedad española como democrática, en el otoño de 2012 la tendencia se había invertido, y el 52,7% la consideraba poco democrática2. Finalmente, el mito de la Unión Europea, la gran ilusión de los años 80 después del franquismo, se ha desplomado por completo. En 2007, el 65% de la población confiaba en la UE; ahora desconfía de ella el 72%. Es un giro brusco y el mayor que ha experimentado ningún país de la UE, una desconfianza solamente por detrás de la de Grecia, donde llega al 81%3.

Vemos, pues, una crisis de credibilidad que afecta a los principales referentes del poder político del Estado español: los partidos mayoritarios, la monarquía, la democracia parlamentaria y la Unión Europea. La política se está reduciendo a la economía y la economía parece reducirse a controlar el objetivo de déficit y la prima de riesgo. En palabras de Josep Ramoneda, vemos “la disolución de la política en la economía”. Un efecto de ello es que el sistema aparece más desnudo que nunca: “Se vive de unas estrategias económicas que conducen al absurdo, como hemos visto esta semana: ‘La economía europea se hunde, pero sigan por esta vía’. Este es el mensaje que el FMI ha lanzado sobre todos nosotros (…). Obedecer y morir. Todo sistema, cuando alcanza su punto catastrófico, se pone en evidencia. La calle empieza ahora a redescubrir la política como vía para reconstruir los vínculos sociales rotos”4.

Gramsci definía estos momentos como crisis de hegemonía: cuando las clases dominantes dejan de dominar políticamente a las distintas clases sociales y no consiguen imponer a la sociedad su concepción del mundo ni resolver los problemas existentes. Una crisis de hegemonía no solamente está producida por la pérdida de apoyo de las ideas, sino también porque el sistema ya no es capaz de repartir contraprestaciones a distintos sectores sociales para involucrarlos en la defensa del estatus quo. Una cuestión, la de cómo se forman y cambian las ideas, que analiza Mireia Chavarria en su artículo sobre los medios de comunicación y la lucha por la hegemonía.

Sí se puede

Las viejas ideas no convencen, aunque todavía no hay nuevos referentes políticos ni ideológicos reconocidos ampliamente. Sin embargo, los ciclos de protesta son los momentos más fértiles para ir construyendo una nueva visión del mundo en favor de los de abajo. Es por esto que el movimiento de la PAH, con la paralización de los desahucios y los escraches, ha tenido una significación enorme en este contexto, como explica Regina Martínez en su artículo. La cuestión de la vivienda, entendida dentro de la lógica del capital y del urbanismo neoliberal, es algo que trata el artículo “Más allá de la dación en pago”, de Franco Casanga.

El histerismo con el que ha reaccionado el gobierno central a la lucha de la PAH muestra que el PP puede legislar (con su mayoría absoluta), criminalizar y reprimir, pero no convencer, al menos a la mayoría social. Y esta es una debilidad cada vez más importante. ¿Hasta qué punto un gobierno puede mantenerse con la mayoría en contra? Obviamente, el sistema parlamentario lo permite. Lo hizo en 2003 cuando el PP atacó Irak con el 85% de la población en contra, como ha permitido al PP rechazar todo el contenido de la ILP por la dación en pago retroactiva cuando el 90% de la población estaba a favor.

Esta creciente contradicción entre mayoría social y gobierno se está concretando en el imaginario colectivo en ideas como “cambio de régimen” y “proceso constituyente”, es decir, ir hacia una reformulación plena del modelo actual. Pero, ¿hasta qué punto debe llegar esta reformulación? ¿Es un proceso constituyente en lo político, con una transformación de las instituciones y una nueva constitución, o nos estamos refiriendo a cambios sociales y económicos radicales?

Esto abre un gran terreno de debate sobre qué tipo de transformación se necesita. En este número hay algunos artículos que nos ayudan a la reflexión sobre la naturaleza de las alternativas. El artículo sobre Syriza del activista griego Thanasis Kampagiannis alerta de una visión de cambio centrado en las instituciones y basado en la consigna “gobierno de izquierdas” y reclama una estrategia donde la izquierda anticapitalista y de los movimientos mantengan su independencia política.

Por otro lado, las revoluciones en el norte de África y Medio Oriente que estallaron hace dos años abrieron un proceso de lucha social de gran magnitud. Los dos artículos sobre Egipto y Túnez explican los cambios substanciales que se han producido en la actitud de la gente, pero en dichos lugares lo nuevo y lo viejo convive, con nuevos gobiernos aplicando las políticas del pasado al mismo tiempo que hay una maduración del movimiento revolucionario y una mayor organización de la izquierda.Como explica en su artículo Diego Mendoza, en Egipto tenemos ejemplos sobre lo que puede ser una democracia real. En un hospital del Cairo –como ha sucedido en otras empresas– la plantilla consiguió echar al anterior director (proveniente del régimen de Mubarak) y elegir de forma colectiva una nueva dirección. Esta democracia directa, en los centros de trabajo, que abarca lo económico, es algo que temen enormemente las clases dirigentes, y apunta a la incompatibilidad entre una democracia real y el capitalismo.

Chipre y el marasmo de la Unión Europea

La crisis de hegemonía podría suavizarse si la economía empezase a dar signos de recuperación. Pero esto no parece que vaya a suceder a corto plazo. Los discursos tranquilizadores de los gobernantes respecto a la situación económica chocan regularmente contra la realidad.

Un ejemplo de ello se producía en marzo, cuando un pequeño país del sur de Europa, con solamente el 0,2% del PIB de la eurozona, amenazaba el conjunto del euro. Chipre se convertía en el cuarto país rescatado por la Unión Europea después de que el estallido de su burbuja llevaba el segundo banco del país al borde de la quiebra. Y es que el desarrollo de Chipre en los últimos años se ha basado en la baja fiscalidad y la especulación financiera (sus hinchados depósitos bancarios llegan a 68.000 milliones, cuatro veces su PIB). Sus grandes vínculos con Grecia, que se encuentra en plena depresión, han hecho el resto5.

Sin embargo, en una jugada prepotente y poco hábil, la UE exigió, en el acuerdo del rescate, un impuesto extraodinario sobre todos los depósitos bancarios, incluidos los pequeños ahorros. Las protestas masivas que tuvieron lugar forzaron al parlamento chipriota a rehusar estos impuestos. Era la primera vez que un parlamento se oponía –moderadamente– a una política marcada por el centro de la UE. El acuerdo finalmente quedó en gravar los depósitos de más de 100.000 euros. Aún así, este hecho atenta contra las garantías estatales sobre los depósitos introducidas por los gobiernos europeos después de 2008. Se trata de una intervención directa sobre la propiedad privada de los depósitos que ha causado mucha alarma entre los inversores y que abre la posibilidad en el futuro de un bank run (que la gente retire de forma masiva su dinero).

Con el rescate de Chipre se ha evitado por el momento que el país salga de la eurozona, cosa que habría sido una pesadilla para el BCE por su posible efecto contagio. Pero el suceso ejemplifica como la cadena de deudas cruzadas entre los distintos países provoca que un pequeño “fallo” desencadene la tormenta. Guntram Wolff, del think tank Bruegel, describe como la crisis de Chipre también ha hecho visibles las grietas de la UE: “Los últimos acontecimientos son preocupantes: necesitábamos una acción política que alineara a Norte y Sur, pero ocurre lo contrario y la situación se torna extremadamente frágil”6.

En la base de esta situación hallamos una gran cantidad de capital financiero, ficticio e indigesto, muy difícil de absorber. La marcha de la economía real no alivia la situación. Las estimaciones del FMI para este 2013 empeoran con el paso de los meses y prevén una caída del 1,6% del PIB del Estado español, lo que implica una subida del paro y mayores dificultades para las cuentas públicas. La eurozona se contraería un 0,3%, y la recesión de 2012 continuaría7.

Aparentemente, el problema de la prima de riesgo del Estado español se ha suavizado. Pero ello no es por la buena marcha de la economía, sino por el uso de ingeniería financiera. Por un lado, el anuncio por parte del BCE de abrir un programa de compra de deuda en los mercados secundarios calmó a los especuladores. Por otro lado, el Estado español destinó el año pasado 20.000 millones de euros del fondo de pensiones a comprar deuda española. El fondo de las pensiones ya ha invertido el 97% de su dinero en deuda8.

No hay ningún signo de relajamiento de la austeridad desde la UE, y el gobierno del PP continua absolutamente comprometido con estas políticas. La única duda es qué nivel de déficit para este año negociará con la UE y cómo se concretaran los próximos recortes.

Una crisis de larga duración supone una situación política muy inestable que va pasando por distintas fases. Y los cambios que esto produce en la consciencia de la gente tienen el potencial de hacer emerger nuevas expresiones de respuesta política y social.

Notas

  1. “El bipartidismo no toca fondo”. El país. 7/4/2013. http://bit.ly/12tH3JC
  2. Ortega, Andrés, 2013: “Desmoralización democrática”. Luces Largas. 6/1/2013 http://bit.ly/VH3UK2
  3. “La confianza en la UE se desploma”. El País. 9/3/2013. http://bit.ly/10vVxYu
  4. Ramoneda, Josep: “Obedecer y morir”, El País, 18/4/2013. http://bit.ly/ZEPQCe
  5. Callinicos, Alex: “Economic blues”, International Socialism Journal, N. 138, abril 2013.http://isj.org.uk/index.php4?id=881&issue=138
  6. “Chipre agrava las fisuras políticas del euro”. El País. 20/03/2013. http://bit.ly/XPnhS1
  7. “L’FMI agreuja totes les previsions per a Espanya”. ARA, 17/04/2013.
  8. “El fondo de las pensiones ya tiene el 97% del dinero invertido en deuda española”. El País. 4//4/2013http://bit.ly/Xfd3NJ
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Esta entrada fue publicada en #6 May/Ago 2013 y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

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