George Orwell: Homenaje a Catalunya

Desde 1922 hasta 1927 George Orwell (1903-1950) era policía colonial en Birmania, pero solo diez años después dijo, refiriéndose a los hechos de mayo de 1937 en Barcelona: “[…] cuando veo a un obrero de carne y hueso en conflicto con su enemigo natural, el policía, no tengo necesidad de preguntarme de qué lado estoy”.

Fue un viaje de 10 años desde defensor armado del imperio británico hasta defensor armado de la revolución socialista. Cuando llegó a Barcelona el 26 de diciembre de 1936, comentaba:

“Si me hubieran preguntado por qué me uní a la milicia, habría respondido ‘para luchar contra el fascismo’ y si me hubieran preguntado por qué luchaba, habría respondido: ‘simplemente, por la dignidad humana’”. Durante sus 6 meses en el Estado español, hasta el 23 de junio de 1937, cuando tuvo que huir malherido, Orwell pasó de ser un demócrata anti-fascista a un revolucionario.

Cambio

Ese ex-alumno de Eton College, la cuna de la clase dominante británica (David Cameron estudió allí), viajó a Barcelona para defender la democracia contra el fascismo, pero al final entendió que el fascismo es una forma que toma el capitalismo y, por tanto, convenía luchar contra el capitalismo. Es decir, aceptó la línea del POUM, el pequeño partido revolucionario con el cual luchó en el frente de Aragón. Luego Orwell evolucionaría a posiciones socialdemócratas —fue siempre un buscador inquieto— y hacia el final de su vida cometió el error indefendible de pasar una lista de ‘posibles comunistas’ al servicio secreto británico. Sin embargo, durante la redacción de Homenaje a Cataluña en 1937-38, era POUMista.

Esta toma de posición política es la razón que explica la marginación de Homenaje a Cataluña, que vendió solo 1200 copias durante la vida de Orwell. No interesaba ni a la izquierda pro-estalinista ni al capitalismo, a diferencia de Rebelión en la granja o 1984, libros anti-estalinistas que los ideólogos del capitalismo podían distorsionar. No fue hasta el final de los ’60, cuando surgió una nueva generación tanto anti-estalinista como anticapitalista, que se recuperó Homenaje a Cataluña.

Es un libro que los partidos del comunismo oficial encuentran especialmente difícil de digerir porque es el testimonio de un cambio, por parte de alguien que al principio estaba de acuerdo con las posiciones comunistas. Nos cuenta que, en las interminables discusiones en las trincheras, él defendía la idea de derrotar primero a Franco y después ya habría tiempo para hacer la revolución. Parecía de sentido común.

Luego, su experiencia en el frente y en los días de mayo de 1937, cuando centenares murieron en las calles de Barcelona en la derrota del poder anarquista, le hizo entender que el PCE y el PSUC no querían postergar la revolución para ganar primero la guerra: ahogaban la revolución ya en proceso para “asegurarse de que nunca tuviera lugar”. Homenaje a Cataluña cuenta el cambio en Orwell provocado por su propia experiencia, lo que implica que era más difícil desacreditar a Orwell que a cualquier teórico, con su posición ya formada de antemano. En diciembre de 1936 Orwell se alistó a las milicias del POUM casi por azar; en mayo del 37 volvió al frente con ellas por convicción.

Conviene hacer un inciso importante: no se trata de una discusión histórica, sino de un debate sobre la estrategia de la izquierda muy vivo hoy día, a pesar del colapso del ‘comunismo’ estalinista. La mayoría de las y los comentaristas contemporáneos de la guerra civil defienden el frente popular, es decir la alianza entre una burguesía ‘liberal’ y la clase obrera para luchar contra el fascismo, un eje central de la política de Stalin. ¡No defienden nunca a Stalin, pero están de acuerdo con la política de Stalin! Por ejemplo, el historiador Paul Preston me dijo: “No deberías creer todo lo que dice Orwell. La única política realista era la de Negrín”. Negrín era el Presidente de la República que se alió con el Partido Comunista. Permitió el asesinato de POUMistas y la ilegalización del POUM porque, para seguir la línea del Frente Popular, era necesario aplastar la revolución desde abajo que había estallado en julio de 1936.

Revolución

El pasaje más famoso de Homenaje a Cataluña evoca esta revolución liderada por anarquistas en Barcelona, “[…] donde la clase trabajadora llevaba las riendas […] cuadrillas de obreros se dedicaban sistemáticamente a demoler iglesias. En toda tienda y en todo café se veían letreros que proclamaban su nueva condición de servicios socializados; hasta los limpiabotas habían sido colectivizados y sus cajas estaban pintadas de rojo y negro […]”.

Desde la primera página, cuando Orwell conoce al miliciano italiano en el Cuartel Lenin, el libro es una historia “de la gente de abajo”. No era el estilo de Orwell escribir desde la distancia y se interesó poco por las maniobras de los políticos. Igual que cuando era vagabundo en Inglaterra y lavaplatos en París (Sin blanca en París y Londres – 1933) o cuando indagaba en las condiciones de vida de la clase obrera en El camino a Wigan Pier (1936), quería vivir con la gente y no observar desde fuera. Así que, en la guerra civil, comparte la experiencia de los soldados rasos. Nos mete en medio de la tropa, que se preocupaba por “leña, comida, tabaco, velas y el enemigo” en este orden. Cuenta sobre las ratas insolentes, tan grandes como gatos. Una guerra justa no hace que la guerra sea más agradable.

Su estilo es directo, con una voz cálida, lejos de los tonos pomposos de muchos libros de memorias de la guerra civil, escritos en el estilo falsamente heroico del ‘realismo socialista’. Orwell escribe como si estuviera charlando: “Me acuerdo… No sé si podré explicar… Admito que, a primera vista… etc.” Establece un tono de confidencias, de honestidad.

Los cuatro capítulos ambientados en Aragón son magistrales. Consigue plasmar la intensidad de lo vivido: se convirtió en escritor de primera fila (antes no lo era). Y clave en el éxito de sus descripciones es la alegría de Orwell. En esta historia sórdida de piojos, ratas y excrementos, con un frío que pela, Orwell está feliz. Está feliz porque participa en una guerra justa contra el fascismo y porque se siente, este hombre solitario, por única vez en su vida, en una sociedad igualitaria, “donde era más normal que la gente fuera anti-capitalista que pro-capitalista”.

Su alegría en la lucha colectiva, a pesar de su odio a la suciedad y el caos, llena el libro. Se ve en la observación de detalles excéntricos: “[…] campesinos que llevaban flores silvestres en la oreja. Al anochecer, solían salir con redes verdes a cazar codornices. Extienden la red a una cierta altura sobre la hierba y luego se echan e imitan el grito de la codorniz hembra. Cualquier macho que lo oye acude sin tardanza; cuando están debajo de la red, arrojan una piedra para asustarlos, ante lo cual pegan un salto y quedan atrapados en ella. Aparentemente solo cazaban machos, lo cual me pareció injusto”.

La última línea es puro Orwell, un apasionado de la justicia. La contrapartida de la alegría es su enfado con la injusticia, con la traición de la revolución. Esta rabia sale varias veces, pero un ejemplo queda en la mente. Después de los hechos de mayo, otra vez en el frente de Aragón, ve a un chico de unos 16 años malherido en una camilla con la mirada ausente, y piensa en los propagandistas estalinistas, lejos de las balas y del frío, escribiendo en la prensa londinense que este chico era… un fascista.

Era “la gran mentira”: no una interpretación diferente de eventos complejos, sino una falsificación consciente de la realidad. Esta gran mentira, invirtiendo la realidad, nutriría sus famosas novelas posteriores anti-estalinistas, Rebelión en la granja y 1984 (ninguna tan fresca y conmovedora como Homenaje a Cataluña).

El Orwell de 1937 es una parte importante de nuestra tradición. No solo nos ofrece un testimonio sin parangón de la revolución española y su traición, sino que nos sugiere unas lecciones: la necesidad de la honestidad delante de la mentira, la importancia de escribir (y hablar) con claridad y el compromiso de contar la verdad, aunque sea una verdad difícil.

Despolitizando a Orwell

Hay varias ediciones de Homenaje a Cataluña en castellano. La más reciente es la nueva traducción de Debate (2012), una edición cara con fotos. Más económica es la de Virus (2000), que utiliza la traducción argentina de los años ’60 (y fuente de las citas de este artículo). En catalán hay una edición de 2010, en traducción de Ramon Folch (Edicions 62). Desafortunadamente, las tres, como todas las ediciones en inglés ahora, quitan de en medio dos capítulos de explicación política para ponerlos como apéndices al final. La idea es que se lea más como un libro de aventuras, sin el ‘aburrido’ análisis. Sin embargo, debilita el libro, al quitar el movimiento dialéctico desde acción a análisis y a acción de nuevo, y falsifica su impacto político.

Por Mike Eaude

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Esta entrada fue publicada en #6 May/Ago 2013 y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

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