Editorial: Olas de protesta global

Las revueltas en Turquía y Brasil significaron entre el final de la primavera y el verano un nuevo paso delante de la oleada de movilizaciones que estalló en 2011. Miles de personas ocuparon el Parque Gezi a finales de mayo para evitar la construcción de un centro comercial en una de las pocas zonas verdes del centro de Estambul. La revuelta se extendió inmediatamente a 77 ciudades, involucrando según algunas estimaciones a un millón de personas1. La lucha en Turquía, al igual que el 15M en el Estado español, ha politizado a una nueva generación de activistas y un nuevo movimiento –contradictorio y diverso por los sectores sociales que agrupa– sigue probando su fuerza contra el Gobierno neoliberal de Erdogan.

Curiosamente, se han visto en Turquía las mismas escenas de asambleas masivas en las plazas que en el Estado español hace dos años sin que este país haya sufrido los embistes de la crisis económica tan duramente, principalmente gracias a la reestructuración y severa regulación del sistema bancario que se realizó tras la crisis financiera de mediados de los 90. Al igual que Brasil, la economía turca crecido durante la crisis económica mundial. Y en ambos países los gobernantes se han visto sorprendidos por el rápido crecimiento de un movimiento de protesta que aglutinaba a diferentes sectores sociales y ampliaba sus demandas hacia otros elementos del sistema político e institucional.

A pesar de la relativa buena salud de las economías turca y brasileña, estos movimientos no pueden entenderse sin la movilización surgida en el mundo árabe, Grecia o el Estado español, donde la crisis económica ha desestabilizado el sistema político. La crisis internacional ha puesto de relieve los límites de las políticas neoliberales. Las protestas en los países más duramente golpeados han inspirado a las poblaciones con mejor situación económica para enfrentarse a sus propios problemas de dominio de las políticas neoliberales. Todo esto confirma que el movimiento 15M no fue un hecho puntual sino que debe entenderse dentro del mayor ciclo de protesta global desde 1968, con influencias cruzadas por todo el planeta. Nuevos movimientos emergen en Turquía y Brasil mientras luchas ya iniciadas pero pertenecientes al mismo proceso internacional, como las de Egipto o el sur de Europa, entran en una nueva fase.

El equilibrio inestable de los procesos revolucionarios

El artículo de David Karvala sobre la situación en Egipto en este número de La Hiedra arroja luz sobre la dificilísima situación de la revolución. Nos ayuda a entender por qué el golpe militar contra Morsi, apoyado en una movilización social aún más grande que la de 2011, puede representar un enorme paso hacia atrás en las conquistas democráticas y sociales conseguidas. Escapar de la dicotomía Islamistas-militares es imprescindible para entender la necesidad de una alternativa de movilización y programática que permita profundizar en nuevas conquistas. Porque los procesos revolucionarios no son rectilíneos, como muestra el ejemplo egipcio y como también queda patente en la entrevista al activista de la izquierda revolucionaria siria, Ghayath Naisse, que recogemos en esta edición.

Las revoluciones contienen avances y retrocesos mediados tanto por la relación de fuerzas entre las elites y los nuevos sujetos sociales forjados en la lucha como por la batalla entre proyectos políticos alternativos. En este sentido, los artículos sobre Egipto, Venezuela y Chile que recogemos en este número nos permiten entender, a través de procesos muy diferentes y distanciados en el tiempo, por qué las revoluciones representan un momento histórico de equilibrio inestable que debe resolverse en un sentido u otro. Como narra Aitor Bayón en su artículo sobre Chile a 40 años del golpe militar de Pinochet, una revolución que no continúa adelante muere, ya sea con un trágico baño de sangre o con la degeneración paulatina de las conquistas obtenidas para restaurar los intereses de la vieja oligarquía. Pau Alarcón explica en su artículo sobre los 14 años de la Revolución Bolivariana por qué, de nuevo, el proceso de cambio debe profundizarse y democratizarse en Venezuela o de lo contrario los retrocesos estarán asegurados, más aún tras la muerte de Chávez –figura que representaba la cohesión entre el aparato del Estado y los movimientos populares. El burocratismo de estado y la paralización de la movilización de base son procesos simultáneos que en Venezuela podrían establecer el sustrato para una regeneración y retorno de la vieja oligarquía al poder político. La lucha entro lo nuevo y lo viejo, como se comenta en estos tres artículos mencionados, debe resolverse.

Grecia y el Estado español

Pero lo nuevo y lo viejo está también presente en contextos de escala menor, allá donde la crisis económica ha desatado movimientos que aún no representan o están lejos de plantearse como un proceso revolucionario. Es la situación de Grecia, donde el resquebrajamiento del Estado y de la situación social a través de las políticas de ajuste está presionando intensamente a todas las fuerzas en conflicto para adecuarse a un contexto de enorme volatilidad. Syriza intensifica su moderación a medida que se aproxima su posible victoria electoral. Su liderazgo ya ha modificado sus aspiraciones de un gobierno netamente de izquierdas para abrir la posibilidad de un “gobierno anti-austeridad”2 que podría incluir fuerzas políticas opuestas a los memorándums de ajuste pero también totalmente contrarias a la construcción de un contrapoder en la calle. Al mismo tiempo, tras el congreso fundacional de Syriza como nuevo partido celebrado en julio, la dirección ha desatado una guerra sin cuartel para neutralizar la influencia de los sectores más rupturistas albergados en la organización3. Para Tsipras y el antiguo liderazgo de Synapsismos (la tendencia más grande en Syriza) este paso es necesario de cara a obtener la confianza de al menos algunos sectores de la clase dirigente griega. Y parece seguro que Grecia necesitará un nuevo rescate –asunto aplazado hasta la finalización de las elecciones en Alemania– intensificando aún más la crisis social que vive el país desde hace 5 años.

Mientras, el Estado español continúa hundiéndose en la crisis económica por cuarto año consecutivo, acercándose poco a poco a Grecia en la fragilidad de su situación económica, social y política. A pesar de los rescates bancarios sufragiados por las poblaciones del Estado y de Europa, la morosidad de la banca crece hasta cifras nunca alcanzadas (un nuevo record del 11’6% del total de crédito concedido4) lo cual dificulatará la salida a la crisis a pesar de toda la propaganda gubernamental que dice lo contrario. El FMI empeoraba en agosto las previsiones de crecimiento de la economía española para 2013 y pronosticaba que la tasa de paro se mantendrá en torno al 25% hasta 20185. La solución que ofrece este organismo junto a la UE es una bajada generalizada de sueldos. Estos ya han caído un 9% durante 20126 y la economía española es la única de la OCDE donde los salarios reales llevan cayendo 20 años7. Para la Troika, el Gobierno y el gran empresariado, la única salida es una política de reducción de los salarios aún más acusada para volver a hacer del Estado español un lugar atractivo para invertir. El FMI recomendaba a principios de agosto un pacto para reducir los salarios un 10% en dos años y la Comisión Europea lo sancionaba inmediatamente a través de su vicepresidente Olli Rhen. De ahí la ofensiva con una nueva vuelta de tuerca en la Reforma Laboral en septiembre y los gritos de la patronal para precarizar aún más el mercado laboral.

El Gobierno del PP debe afrontar por tanto esta tarea, con más recortes para reducir el déficit y más desviación de recursos públicos para sanear el sistema bancario. Pero el Gobierno no se encuentra en la mejor situación. Los escándalos de corrupción han debilitando su capacidad para mantener la iniciativa y la crisis política general acecha a la vuelta de la esquina. Como indicábamos en el anterior número de La Hiedra, el Estado español vive una incipiente ‘crisis de hegemonía’ donde lo viejo –el orden constitucional del 78, las élites económicas en él apuntaladas y su aparato político-institucional asociado– podría verse amenazado desde diversos frentes.

Los artículos de este número dedicados al Estado español tratan de estos frentes. Pere Duran analiza las posibilidades y límites del proceso constituyente que para muchos sectores de la izquierda y los movimientos sociales representa una vía sobre la que construir el desafío de un cambio social drástico. Tanto el proceso constituyente como la profundización de la resistencia social iniciada a raíz del 15M afrontan un enorme obstáculo en la debilidad y fragmentación organizativa de la izquierda rupturista del Estado. Oscar Simón nos presenta en su artículo sobre las diferentes iniciativas políticas de la izquierda alternativa los intentos por alcanzar la unidad y levantar propuestas organizativas que construyan la resistencia en la calle al tiempo que no teman la participación política. Y es que la lucha contra las políticas de austeridad está abriendo nuevos modelos de organización y confrontación. Sam Robson, sindicalista de la educación en Madrid, repasa la evolución de las luchas en el sector público y las nuevas estructuras organizativas que han generado –como las mareas. Estas luchas se abren paso en una crisis con múltiples aristas, algunas de profundo calado histórico e institucional, como la cuestión nacional, que tras el 11 de septiembre de 2012 ha pasado a una nueva fase. Guillem Boix enmarca la situación en el debate histórico sobre la relación de la lucha de emancipación nacional con la perspectiva anticapitalista. Joel Sans disecciona la estrategia de CiU y ERC para desvelar los límites y engaños que presenta la alternativa de unas elecciones plebiscitarias como sustitutas de una genuina consulta de autodeterminación. Ana Villaverde por su parte nos plantea el peligro del populismo encarnado en UPyD a la luz de la actual crisis del sistema bipartidista español.

Queremos presentar así en esta edición de otoño de La Hiedra debates cada vez de mayor actualidad y hacerlo con vocación orientativa. Desde la izquierda debemos hacer frente a los retos que tenemos por delante, aprender de lo que está pasando en el plano internacional y reconstruirnos para abrir un futuro que no sea la condena de las clases populares que quieren el FMI, la UE y la patronal. La lucha contra la austeridad tiene potencial para revertir este proceso y generar en ese camino una alternativa general a este sistema fallido.

Notas:

1 Ron Margulies, 2013: “Turkey: between Islamic neoliberalism and Kemalist nationalism”. International Socialism Journal, 139.
2 Plataforma de izquierdas de Syriza, 2013: “Por un gobierno de ruptura”, anticapitalistas.org, http://bit.ly/16CJfxV
3 Panos Petrou, 2013: “The battle for Syriza goes on”, socialistworker.org, http://bit.ly/19OnnV0
4 Elmundo.es, 2013: http://mun.do/1ayppYM
5 International Monetary Found, 2013: IMF Country Report. No. 13/244. http://bit.ly/14oSXnO
6 Michael Roberts, 2013: “The return of the Spanish Inquisition”, Michael Roberts Blog, http://bit.ly/13Ldncv
7 Juan Torres, 2013: “Hacer frente a tanto engaño”. http://bit.ly/1f6TGvd

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Esta entrada fue publicada en #7 Sep/Dic 2013 y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

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