Mareas, marchas y huelgas: Experiencias fértiles en el sector público

Las luchas en el sector público han sido la punta de lanza de la resistencia contra la austeridad durante los dos últimos años. Los trabajadores y trabajadoras de este sector han demostrado un enorme dinamismo a la hora de plantear nuevas estructuras de lucha. Sam Robsom, profesor y sindicalista en Madrid, repasa brevemente algunas de estas experiencias identificando sus debilidades y fortalezas.

Voy hacia el centro de Madrid en metro y bajo del vagón. Todo normal hasta darme cuenta de que el diseño interior de la estación ha sufrido unos retoques. El nombre, anteriormente tan sencillo como emblemático de la movilización popular, ha sido modificado a “Vodafone Sol”. Casi hecho aposta para decirnos: “veis, hasta vuestro terreno sagrado, lo que era el corazón y cerebro de vuestro movimiento, lo podemos privatizar si nos da la gana”. Aunque en un sentido es algo meramente simbólico, el mensaje encuentra su eco en el pensamiento de un sector importante de la población, frente al actual asalto frontal contra los servicios públicos. Quizás la expresión más común de esto es el suspiro: “es que la gente no se mueve”.

Algo se mueve

Obviamente no estamos en vísperas de una revuelta masiva. Sin embargo, no es verdad que no hayamos ganado nada. Para poner sólo un ejemplo de la sanidad, en noviembre la oleada de protestas en Madrid salvó La Princesa como hospital de referencia. Pero la resistencia va más allá de ejemplos sueltos. En octubre de 2012 la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, calificó como “desmesurada” la cifra de 2.200 manifestaciones que se habían realizado en la ciudad en los primeros diez meses del año1 –salen a una media de siete al día.

Otras estadísticas nos muestran algo parecido. Según el ministerio de Empleo y Seguridad Social, entre 2011 y 2012 el número de huelgas aumentó un 12’5%, la cantidad de participantes en huelgas incrementó un 45’5% y las jornadas no trabajadas subieron un impresionante 166%2. Además estas cifras no incluyen las dos huelgas generales del 29 de marzo y 14 noviembre de 2012. Aunque las cifras incluyen el sector privado, la mayor conflictividad en cuanto a la extensión se registró en el sector público, al que le correspondió el 13’7% de huelgas, con un porcentaje de trabajadores participantes del 41’2%3. No nos debería sorprender, ya que las y los trabajadores públicos se agrupan en colectivos enormes. En Madrid, por ejemplo, hay 75.000 personas trabajando en la sanidad pública. No hay empresa privada comparable. A nivel estatal ya tenemos que hablar de medio millón de personas empleadas en la enseñanza no universitaria y 460.000 en la sanidad4. Todo esto muestra el potencial para llevar a cabo luchas amplias y fuertes en el sector público.

Para explicar esta recuperación en los niveles de luchas hay que tener en cuenta el papel del movimiento 15M que estalló en 20115. A pesar de su inicial rechazo a las organizaciones sindicales, en la docena de huelgas en la enseñanza madrileña en el otoño de ese año la influencia fue palpable, desde la recién estrenada confianza del colectivo hasta el uso de los gestos del 15M en las asambleas y el nacimiento de la Redverde, red asamblearia de base de docentes.

Estrategias en un contexto de recuperación limitada

Y sin embargo no hemos podido parar la marcha hacia el abismo del Gobierno. Por un lado, que el incremento en las luchas se produzca tras un periodo de gran pasividad exagera su magnitud. Por otro lado, la crisis económica ha hecho que los gobiernos sean más reticentes a ceder terreno y el déficit democrático que suponen las directrices de la Unión Europea les respalda en sus ataques. Además, cabe destacar que en las tres décadas que llevamos de neoliberalismo, las derrotas parecen un Everest al lado del montículo de victorias, lo cual deja muy afectada la confianza de nuestra clase. Así, el deseo de hacer algo frente a los ataques se manifiesta en una recuperación de luchas a veces explosiva, pero a la vez frágil.

En este contexto de recuperación limitada las estrategias aplicadas en las luchas adquieren una gran importancia. Pero en vez de dar alas a los brotes verdes de resistencia, el papel de las direcciones de los sindicatos mayoritarios ha sido el contrario. La primera gran lucha del sector público, antes de que existiera la riqueza de mareas actual, tuvo lugar en otoño de 2011 en la enseñanza pública madrileña, con asambleas de miles de personas y una campaña de 3 días de huelga a la semana de manera indefinida. Después de la primera semana de huelga, con un seguimiento de entre el 70% y 80%, la estrategia se abandonó sustituyéndose por huelgas sueltas de uno o dos días. Se podía haber ganado si no hubiera sido por el freno de las burocracias sindicales. Pero el sentimiento general era de desgaste y de que las huelgas no sirven. Hasta cierto punto parece que esta lucha dejó huella en las posteriores, templando la confianza de las y los trabajadores, dejando las resistencias más susceptibles a la manipulación burocrática, lo cual vuelve a afectar negativamente nuestra autoconfianza.

Cabe volver a afirmar que, como clase trabajadora, no trabajar es el arma más potente que tenemos, ya que es nuestro trabajo el que produce toda la riqueza del sistema y si no trabajamos no hay beneficios6. Sin embargo, aunque nos enfrentamos a un asalto brutal, la huelga se ha usado poco y de manera aislada y sectorial, convocada esporádicamente, sin campaña anterior y sin continuación. Como hemos visto, el sector público consiste en colectivos enormes que están sufriendo los mismos ataques, pero ha habido muy poca voluntad de movilizarlos conjuntamente para maximizar su fuerza y levantar la confianza. Para poner un ejemplo, el 7 de mayo de este año hubo una huelga de sanidad en la Comunidad de Madrid y dos días después otra de la enseñanza pública a nivel estatal, cuando se podían haber combinado. En el clima actual, este tipo de lucha no es suficiente para echar atrás a los gobiernos y si no se combinan y retroalimentan, acaban reforzando la idea de que las luchas no valen y se pierde el ímpetu del colectivo.

Construir desde la base

En estas circunstancias, últimamente se han empezado a contraponer otras acciones a la huelga. Algunas son válidas pero a veces son simplemente falsos atajos. En realidad necesitamos todas las armas: huelgas contundentes, activas y creativas, combinadas con otras actividades como manifestaciones, encierros, cortes de carreteras, escraches y demás.

En cuanto a los mecanismos necesarios para desarrollar tal estrategia, la marea ciudadana, a pesar de partir acertadamente del deseo de unir las luchas, queda algo limitada. Por un lado, no pudiendo convocar huelgas se centra en macro-manifestaciones periódicas. Éstas son muy importantes; la del 23 de febrero por ejemplo sacó a miles de personas de cada rama del sector público a la calle en 16 ciudades y mostró el potencial para movilizar desde abajo. Pero en sí no son suficientes para ganar. También en las asambleas organizativas de las mareas tienden a faltar vínculos orgánicos con la masa de personas que trabajan en cada sector, lo que permitiría aunar estas protestas con otras más contundentes, incluyendo la huelga. Y esto tiene que venir desde abajo, en base a la organización, coordinación y politización en los centros de trabajo. En las huelgas de la enseñanza madrileña en 2011 se vio claramente como la Redverde, formándose demasiado tarde en el proceso de las huelgas, no llegó a influir suficientemente en el transcurso de la lucha. Mientras que en la sanidad madrileña, donde la lucha ha sido más sostenida, se cuenta con una coordinadora anti-privatización desde 2004 (CAS) además de sindicatos asamblearios como el MATS que gozan de cierta influencia. Conseguir una participación desde la base no sólo nos permite actuar con independencia de las burocracias para poder aprovechar y combinar una gama más amplia de acciones. También facilita que estas acciones se lleven a cabo de manera asamblearia y democrática en cuanto a debates sobre el ritmo de la lucha, convocatoria y desconvocatoria o la confluencia de distintos sectores, por ejemplo.

La pena es que cuando el colectivo se organiza y se lucha bien, se suele ganar; incluso se puede presionar a los sindicatos mayoritarios y obligarles a cumplir. Podemos citar por ejemplo la huelga de la limpieza del Metro de Madrid en 2007, la de las y los conductores del Metro de Madrid de 2010, la de la limpieza de colegios públicos de Alcorcón en 2012, la de la limpieza de la Universidad Complutense en Madrid este año o las de la recogida de basura de Sevilla y Jerez7 en los últimos meses. ¿El elemento común? Seis luchas con máxima determinación; cinco de ellas huelgas indefinidas y la otra huelga “salvaje” sin servicios mínimos.

Notas:

1 “Cifuentes apoya la modificación del derecho de reunión para racionalizar las manifestaciones”, RTVE.es, 2/10/2012 http://bit.ly/16Nfedm.
2 Ministerio de Empleo y Seguridad, “Estadísticas de huelgas y cierres patronales” 2011 (http://bit.ly/13n1edr) y 2012 (http://bit.ly/13n1pW0).
3 En realidad la participación del sector público es más importante ya que estas cifras no incluyen la huelga general de la enseñanza del 22 de mayo.
4 Victoria Torres y Cecilia Jan, 2010: “Radiografía de los funcionarios en España”. El País, 28/05/2010 http://bit.ly/1bz9gjw.
5 Para un análisis más extendido: Miguel Sanz Alcántara, 2013: “La clase trabajadora responde a la crisis”. La Hiedra, nº 6, http://bit.ly/17rVVGx.
6 Para más información ver Ana Villaverde, 2011: “El poder en nuestras manos”, En lucha, mayo 2011. http://bit.ly/16RKpWY.
7 “Los trabajadores de la limpieza del Metro de Madrid desconvocan la huelga”. Público.es, http://bit.ly/17PCZ3t; “Desconvocan la huelga de los servicios de limpieza de la Universidad Complutense” 20minutos.es, http://bit.ly/14On9bD. Y luchas del Metro de Madrid, huelga de la limpieza en Alcorcón, Lipasam y URBASER en enlucha.org: http://bit.ly/14fPgx6, http://bit.ly/14fPqVf, http://bit.ly/15IPE6G y http://bit.ly/19vkxUH.

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Esta entrada fue publicada en #7 Sep/Dic 2013 y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

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