¿Unidades dispersas? Breve repaso de algunos nuevos proyectos políticos

En los últimos meses están surgiendo nuevos espacios políticos con la intención de dar alternativas a la situación de crisis, desde espacios municipales, confluencias políticas y proyectos como el Procés Constituent en Catalunya. Oscar Simón hace un repaso de las principales iniciativas, su significado y sus retos.

El objetivo del presente artículo es repasar algunas experiencias de confluencia política que se están desarrollando a lo largo del Estado español al margen del modelo tradicional de partido. Experiencias que de alguna manera se encuentran muy influenciadas por el 15M, sin duda el proceso político más importante de los últimos tiempos. A la vez, se aportan algunas ideas sobre la eterna pregunta: ¿qué hacer?

Debido al carácter variado y al desarrollo desigual de las iniciativas, las agrupo en función del marco territorial en el que se desarrollan.

Confluencias a vista de pájaro

En Madrid, Aúpa de Alcorcón nace claramente como espacio municipalista anticapitalista con la intención de presentar una candidatura. Es una experiencia marcada por el éxito de la CUP en Catalunya e incluso tiene como logo un caballo de Troya, aclarando las intenciones de ir a la contienda electoral con el objetivo de impugnar el régimen. Está fomentando también espacios de lucha unitarios más allá del municipalismo.

La Asamblea Ciudadana de Sevilla se presentó el 15 de mayo de este año en la plaza de las Setas, la misma donde se reunían las asambleas del 15M, y se declaró heredera de su espíritu. La iniciativa, que había generado una dinámica positiva en los meses previos a la presentación de la misma, topó con ciertos escollos en lo tocante al debate electoral. Por otro lado, en febrero del presente año se lanzó en Córdoba la Asamblea de Andalucía, que contó con la asistencia de más de 200 activistas. Su objetivo es buscar “la vertebración política del activismo social”.

Construyendo Alternativas desde Abajo tiene vocación de carácter estatal, aunque el núcleo más activo se encuentra en la Comunidad de Madrid. Se presentó el pasado junio en Madrid con una presencia muy variada, desde activistas del 15M, Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), de las distintas mareas ciudadanas y militantes de IU, EQUO, Izquierda Anticapitalista, Corriente Roja, En lucha, Izquierda Castellana, MIA, Frente Cívico y otras organizaciones y movimientos sociales. Se organizaron talleres variados respecto a reivindicaciones y formas de organización. Además se han planificado unos encuentros estatales para octubre, después de encuentros territoriales y sectoriales.

En Catalunya existen tres espacios diferentes, pero que gozan de intersecciones múltiples, tanto por la composición de la militancia como por algunos planteamientos y objetivos políticos de fondo. La experiencia más desarrollada es la de la CUP-AE. A pesar de ser, en sus inicios, una fuerza marcadamente municipalista, decidió en asamblea presentarse a las elecciones autonómicas como un paso más con el objetivo de avanzar hacia la unidad popular. Actualmente tres diputados, cuatro alcaldías y alrededor de 120 concejales sólo en Catalunya muestran una realidad consolidada. La CUP-AE es claramente independentista y anticapitalista, y milita en ella un gran porcentaje de activistas de los movimientos sociales.

Construïnt Alternatives es un espacio de articulación también municipalista entre las Candidatures Alternatives del Vallès, Gent de Gramanet, la Trobada Alternativa de Nou Barris y l’Alternativa d’Esquerres de Cornellà. Es un espacio más bien de reflexión política de fondo, con unos ritmos más pausados y con clara vocación anticapitalista. Los debates que se dan en su seno se entrecruzan con los que se dan en la CUP-AE y el Procés Constiuent (PC).

El PC es una plataforma de 10 puntos lanzada en la televisión pública catalana por la monja Teresa Forcades y el activista social Arcadi Oliveres en abril y que está congregando a multitudes allá donde es presentada; ya está organizando sectoriales como la de educación o sanidad. En las asambleas y debates participan tanto activistas como personas que se re/politizaron durante el 15M y que buscan una nueva forma de participación. Por el momento es difícil saber si evolucionará hacia un tercer espacio entre la CUP-AE e ICV-EUiA o hacia un movimiento político de ruptura capaz de aglutinar a amplios sectores.

Cambiar el mundo y las instituciones

Estas nuevas experiencias comparten la reivindicación de nuevas formas de hacer política, desde abajo y a la izquierda, renegando de la política profesional. Su aparición tiene en común distintos elementos de fondo. Los cinco largos años de crisis y ofensiva neoliberal pesan sobre las esperanzas de las clases populares. De ahí que muchas personas se pregunten por qué el nivel de combatividad no está al nivel de las agresiones recibidas. Así pues, nos encontramos con un horizonte de escasez de victorias mediante la lucha. Escasez y no ausencia, porque cada desahucio parado por la PAH, o la victoria de la huelga de HP, entre otras, muestran que se consiguen victorias, aunque no sean numerosas ni de un impacto tan general como haría falta. Además la experiencia griega de Syriza y de los gobiernos nacional-populares de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Uruguay están presentes en el imaginario político de muchísimas personas. En el presente escenario el paso aparentemente más plausible es el de crear proyectos que se postulen como alternativa electoral, es decir, en cierta manera el reformismo más o menos radical –la voluntad de entrar en las instituciones para cambiar la sociedad–, goza hoy de un gran atractivo para muchas personas con ganas de cambiar el mundo.

Esta tendencia se refleja, a otro nivel, en las perspectivas de crecimiento electoral de IU, de Bildu, Alternativa Galega de Esquerdas, la Coalició Compromís en el País Valencià o ICV-EUiA en Catalunya. Ciertamente, el progreso de fuerzas a la izquierda de la socialdemocracia tradicional (PSOE-PSC) es positivo, dado que muestra que cada vez más personas no comulgan con el social-liberalismo de los últimos 30 años.

No obstante, no se puede dejar de señalar que los servicios públicos no se ganaron con la aprobación de leyes en los parlamentos, sino que fueron el reflejo de las luchas por los derechos laborales, la educación o la sanidad, las que transformaron la sociedad. Este punto es central, ya que de lo contrario se podría acabar orientando a esta nueva gente politizada o repolitizada hacia un cierto electoralismo y a unas expectativas de cambio a través de las instituciones que terminarían frustradas. Es necesario señalar que las instituciones capitalistas y, específicamente, las del marco constitucional actual, están diseñadas para que manden los de siempre, que son inherentemente antidemocráticas y que, por lo tanto, no se puede conseguir superar el sistema actual a través de ellas.

En el periodo actual, dos de las tareas fundamentales serían vertebrar un frente unitario contra las políticas de austeridad, capaz de articular las luchas que se dan de manera más o menos dispersa y con una estrategia de movilización continuada y creciente, e impulsar un movimiento político más general capaz de romper con el statu quo actual. Ambas gozan de múltiples relaciones. Una muy importante a señalar es la importancia de las luchas en los centros de trabajo. Allí es donde se produce la riqueza, donde se fijan los ingresos y horarios de millones de personas, y por ende se determinan en gran medida las relaciones sociales. Si no somos capaces de alterar las dinámicas en estos lugares difícilmente podremos hacer que el miedo cambie de bando.

La clave es que los nuevos proyectos políticos se puedan vincular a estas dos tareas. Todos y cada uno de los espacios que están surgiendo responden a una necesidad real de alternativa política, es necesario no sólo caracterizarlos sino sobre todo contribuir a desarrollarlos. Cuatro aspectos pueden ayudar a fortalecerlos y evitar una evolución que se aleje de su espíritu inicial. El primero es practicar una nueva forma de hacer política, que incluya la rotatividad y derogabilidad de todos los cargos, la elección en listas abiertas de las candidaturas y salarios medios. El segundo es plantear claramente que no es posible cambiar el sistema desde las instituciones actuales y que necesitamos nuevas formas sociales de organización, llámense soviets o instituciones de lo común. Así llegamos al tercero, la necesidad de impulsar las luchas sociales: es en ellas donde se produce la mayor toma de conciencia o empoderamiento y de donde surge la energía y el programa para ir más allá. Por último, sin fetichizar la cuestión del programa, hoy es necesario articular uno que sea de un marcado carácter anticapitalista, que relacione necesidades concretas con argumentos sobre otro sistema posible. Este programa debe estar vinculado a las reivindicaciones de los movimientos y de las luchas; de esta manera ya formará parte del sentido común de amplios sectores de la población y estará dotado de mayor legitimidad social. Reparto del trabajo, vivienda, servicios púbicos, son demandas claves que entroncan con las necesidades más perentorias de la población. Pero no se puede dejar de decir que el no pago de la deuda contraída, junto a la salida del euro y la nacionalización de la banca, es una de las piedras angulares si queremos detener los recortes y el saqueo.

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Esta entrada fue publicada en #7 Sep/Dic 2013 y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

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